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1 de junio 2026 - 15:57

El "Síndrome del bote de remos" y el costo oculto de la inteligencia artificial en las empresas argentinas

Estudios sectoriales destacan que las compañías locales invierten en tecnología sofisticada pero omiten la capacitación de sus equipos para gestionarla. Esto genera mayores costos de operación y afecta el bienestar mental de los empleados.

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Las empresas que incorporan IA pero no capacitación sus equipos sufren los sobrecostos del burn out de sus empleados.

La incorporación de nuevas tecnologías en el ecosistema empresario de Argentina se enfrenta a una paradoja: mientras la adopción individual de herramientas de inteligencia artificial (IA) alcanza niveles récord, la efectividad de estos proyectos sigue sin exhibir resultados contundentes.

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Las compañías locales están invirtiendo millones de dólares en adquirir la tecnología más sofisticada, veloz y avanzada del mercado, pero enfrentan un fracaso sistémico al omitir el factor más crítico: la capacitación de sus equipos.

Esta desconexión, bautizada como el "Síndrome del bote de remos", es la que, según los expertos, neutraliza el retorno de la inversión tecnológica. Y además, está generando un impacto colateral en la salud de los empleados.

Concretamente, señalan que la carrera por la eficiencia provoca el agotamiento de los empleados de alto desempeño y deteriora su bienestar mental.

Según un relevamiento local basado en investigaciones recientes del Instituto Tecnológico de Massachusett (MIT), el 95% de los proyectos piloto de inteligencia artificial en las empresas termina en fracaso.

En Argentina, esta estadística cobra una relevancia particular debido a que el 81% de los profesionales declaró que ya utiliza herramientas de IA semanalmente para resolver tareas cotidianas por su cuenta.

Esta adopción fragmentada y subterránea ocurre porque las organizaciones no proporcionan alternativas formales ni metodologías claras de trabajo. El resultado es una implementación caótica donde las empresas compran tecnología de punta esperando resultados instantáneos, pero carecen de una estructura de gobernanza para distribuir las tareas entre humanos y máquinas.

No son las máquinas, son las personas

Esta crisis de ejecución quedó sintetizada en la definición "Síndrome del bote de remos", un término acuñado por Ignacio Gómez Portillo, referente en transformación digital y CEO de la plataforma Egg.

Según el experto, “las corporaciones suelen comprar el bote más veloz del mercado pero se olvidan de enseñar a sus tripulantes a remar en sincronía”. No es un problema de máquinas, sino de personas, resalta.

Los datos del estudio Insight 21 de la Universidad Siglo 21 respaldan este diagnóstico: a pesar de que el 40% de las empresas argentinas planea ampliar su plantilla en los próximos tres años, el 64% de las compañías ni siquiera comenzó un proceso formal para explicar a sus equipos cómo integrará la IA en sus operaciones diarias.

La falta de inversión en el factor humano también emerge del que observa que sólo el 5% de las organizaciones ofrece formación obligatoria sobre estas nuevas tecnologías.

"Las empresas compran tecnología de punta esperando resultados mágicos, pero las organizaciones argentinas no tienen ninguna metodología definida para distribuir las tareas entre humanos y máquinas", explica Gómez Portillo.

La precariedad de la ejecución actual contrasta drásticamente con las intenciones manifestadas por los empleadores. Aunque el 77% de las empresas asegura tener planes para capacitar a sus equipos entre 2026 y 2030, la realidad en el terreno muestra que solo el 13% de los empleados ha recibido capacitación formal hasta la fecha.

Existe una brecha de 70 puntos porcentuales entre el interés activo de los profesionales por aprender, que alcanza al 83%, y la formación efectiva que reciben de sus empleadores, según el estudio.

Esta sub-inversión en el capital humano está generando una crisis de talento técnico que el 94% de los CIOs identifica como el principal freno para la adopción real de la IA.

“Sin tripulantes capacitados para manejar las nuevas herramientas, la inversión millonaria en licencias y sistemas se vuelve estéril”, explican.

Los costos emocionales de incorporar IA sin un plan

Sin embargo, el impacto no deseado de la aplicación de la inteligencia artificial sin un plan preciso no se limita a la pérdida de dinero en proyectos fallidos. Existe una consecuencia emocional y operativa que queda reflejada en el informe ROI del Bienestar 2026 de la plataforma Wellhub.

El trabajo revela que la presión por ganar eficiencia y adaptarse rápidamente a la IA está derivando en mayores niveles de estrés crónico y agotamiento laboral.

El 85% de las empresas argentinas afirma que su prioridad clave para este año ya no es incorporar talento, sino retener al talento de alto desempeño, porque son esos perfiles los que hoy soportan la mayor carga de la transformación tecnológica.

La dependencia de las compañías respecto a los equipos capaces de adaptarse a este nuevo contexto es total, pero esa misma dependencia está desgastando a las personas clave que sostienen el negocio, describe.

El deterioro del bienestar mental de los empleados ya tiene un impacto directo en la última línea de los balances. El 69% de los líderes de RR.HH. en Argentina asegura que el desgaste emocional de sus equipos contribuye al aumento de costos operativos dentro de las compañías, de acuerdo con el informe de Wellhub.

La presión por sostener el rendimiento con equipos más reducidos y en un contexto de transformación acelerada está generando un efecto búmeran: la búsqueda de productividad a través de la tecnología termina destruyendo la productividad por el agotamiento del personal.

En este sentido, el 93% de los directivos encuestados reconoció que el bienestar de los empleados hoy es una pieza clave para el éxito financiero de las organizaciones. Este factor dejó de ser un beneficio corporativo opcional para transformarse en una herramienta estratégica de retención.

IA en las empresas: retener talento antes que buscar nuevo

La preocupación por perder empleados con habilidades críticas vinculadas a la IA es compartida por el 58% de los responsables de personal. El temor se centra en la fuga de talentos que dominan la automatización de procesos, el manejo de herramientas inteligentes y la interpretación de resultados generados por algoritmos.

Diego Puentes, Country Manager de Wellhub Argentina, advierte que el desafío actual ya no es solo incorporar tecnología o sumar talento, sino evitar el desgaste de las personas que ya están en la organización y construir entornos de trabajo que sean sostenibles a largo plazo.

El "Síndrome del bote de remos" se manifiesta también como una desorganización estructural que atraviesa toda la cadena de mando, desde la dirección que compra el software hasta la base operativa que lo utiliza sin guía alguna.

La falta de una metodología definida para la integración de la IA genera riesgos de seguridad y gobernanza. El estudio remarca que el 70% de los ejecutivos locales manifiesta inquietud por el uso no autorizado de estas herramientas.

Como no existe un marco formal de implementación, algunos empleados utilizan soluciones gratuitas o personales para cumplir con las crecientes exigencias de rendimiento, pero esta práctica expone datos sensibles de las compañías. “Es un escenario de adopción caótica donde la organización pierde el control sobre sus procesos”, sostiene.

Para superar este estancamiento, Gómez Portillo sugiere un cambio de paradigma: pasar de la simple implementación de herramientas a la creación de una cultura de Inteligencia de Cooperación Humana.

“El verdadero diferencial competitivo en 2026 no lo tiene quien compra la mejor inteligencia artificial, sino quien desarrolla la mejor capacidad de integrar humanos y máquinas en procesos que generan valor real. Para las empresas argentinas que quieran dejar de remar sin dirección, ese es el camino”, concluye el experto.

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