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Después de meses de áspera negociación y de haber entrado en atrasos por 24 horas con el FMI, el 10 de setiembre de 2003 el gobierno de Kirchner anunciaba con bombos y platillos que había cerrado un acuerdo (stand-by por 3 años) con su odiado acreedor en el que le había torcido el brazo y le había logrado imponer las condiciones que más le convenían a la Argentina.
Si embargo, sólo seis meses después el acuerdo se caía por los incumplimientos de la Argentina en no cumplir con lo firmado: realizar una renegociación de la deuda que tuviera en cuenta no sólo las condiciones de su sostenibilidad sino también los intereses de los acreedores; en sancionar una ley de responsabilidad fiscal que no fijaba ningún límite al aumento del gasto público; en usar al default de los contratos con las privatizadas como medio para que se vaya el capital extranjero y sustituirlo por capital nacional y en subir en vez de bajar impuestos distorsivos, como las retenciones.
El problema es que los vencimientos de capital de toda la deuda pública para los próximos tres años rondan los u$s 13.000 millones anuales (7% del PBI). Pensar en cancelarlos contra cash es demasiado porque habría que hacer un ajustazo fiscal o una colocación de deuda interna de esa magnitud, lo que pulverizaría la demanda interna de consumo e inversión, llevándonos a la recesión. Por lo tanto, es imperioso seguir consiguiendo financiamiento e ir postergando en el tiempo el impacto de esos pagos.
Una fuente de fondos barata de 4,2% de interés anual (frente a una TIR comparable de casi 8% en dólares de las licitaciones de BODEN 2012) sería el FMI si se consiguiera un crédito stand-by, cosa que la Argentina ya tuvo durante seis meses entre octubre 2003 y marzo del año pasado. O sea, no estamos hablando de algo que nunca ocurrió desde que Kirchner y su modelo productivo nos vinieron a « redimir» de los males de la maldita convertibilidad hace ya dos años y medio.
Por más que Kirchner despotrique todos los días contra el FMI y proclame que se quiere desendeudar para independizarse, cada vez que pudo negoció postergaciones de los vencimientos de capital en vez de pagarlos y bajar deuda (los intereses siempre se pagan puntualmente). Lo logró por 100% de lo que vencía durante el semestre que la Argentina cumplió con el acuerdo stand-by firmado en setiembre de 2003 y volvió a repetir, ya sin acuerdo, en setiembre de 2004 (u$s 1.100 millones) y en mayo de este año (u$s 2.500 millones).
Postergar pagos de capital al FMI le conviene al país por dos razones. Una, para un defaulteador serial como la Argentina es más barato financiarse con crédito institucional (ejemplo, stand-by del FMI) que en el mercado de capitales. Segunda, no tiene sentido asfixiar a impuestos a la economía blanca (la eficiente, la que compite con el mundo y la que dispara el crecimiento) para enviar dólares al exterior a una burocracia ineficiente como el Fondo, cuando haciendo cosas más o menos razonables (todo un Rubicón para este gobierno) nunca se hubiera caído el acuerdo que teníamos, y hace rato ya hubiéramos tenido uno nuevo.
Pero a Kirchner se le va terminando el aire que da patear para delante los pagos al FMI sin acuerdo porque las postergaciones «en serio» ocurren sólo si hay un programa con la venia del Fondo. Cuando firmamos en la primavera de 2003 100% de los pagos que había que hacerle entre ese año y 2006 por u$s 12.500 millones (casi la totalidad de la deuda), fueron demorados hasta el trienio siguiente, o sea, no había que cancelarle nada de deuda durante 3 años. Desde que por culpa de los incumplimientos argentinos el acuerdo se cayó, hemos logrado postergaciones, pero sólo por un año en vez de tres, con el agravante de que una vez que se postergaun vencimiento, luego se transforma en obligatorio sí o sí al año siguiente.
En 2006 vencen u$s 4.700 millones (2,5% del PBI) de capital, sólo con el FMI (casi 40% del total). Nunca antes la Argentina pagó 100% de vencimientos de esa magnitud. Siempre se las ingenió para postergar todo o algo dependiendo de si había o no acuerdo con el Fondo por más cacareo oficial a favor del desendeudamiento.
De los u$s 4.700 millones, sólo u$s 1.500 millones son obligatorios (aunque postergables con un acuerdo). Los u$s 3.200 millones restantes son postergables con acuerdo o sin él pero mediando en este último caso la buena voluntad del FMI ante un pedido explícito del gobierno argentino. O sea, si hubiera acuerdo, automáticamente se postergaría el pago de los u$s 4.700 millones por un plazo muy similar al de la duración del programa con el FMI. De no lograrse un entendimiento, habría que pagar los u$s 1.500 millones obligatorios y se podrían postergar los u$s 3.200 millones postergables en la medida en que la relación con el Fondo sea más o menos civilizada (para lo cual sería bueno que el Presidente dejara de vituperarlo) o si no que Chávez y Fidel estén cada vez más «pintorescos» y generen la suficiente preocupación por la región en Washington que haga que Bush no quiera un problema más, también en la Argentina.
Pero en esta segunda alternativa, 2007, año de la próxima elección presidencial, queda con u$s 4.200 millones de pagos al FMI 100% obligatorios e impostergables, salvo acordando con el Fondo. De nuevo, por más palabras que el gobierno gaste a favor del desendeudamiento, nunca antes la Argentina pagó 100% de vencimientos de esa magnitud.
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