Con la creciente popularidad de las criptomonedas como inversión alternativa a la de las finanzas tradicionales, se hace necesario analizar el aspecto tecnológico que las caracteriza. Propongo aquí comentar los potenciales usos de esta tecnología y sus consecuencias en la conformación de nuestra sociedad en el futuro.
Para comenzar, hay que establecer la premisa de que las nuevas tecnologías, en conjunto con el desarrollo económico, social y político de las sociedades, tienen el potencial de modificar las condiciones de trabajo y diversos elementos del plano social. En este sentido, como afirman Hardt y Negri en Imperio, nos encontramos actualmente bajo la transición del paradigma de la industria hacia el paradigma de los servicios y la informatización.
Esto no implica que la industria y la agricultura dejen de existir o que no tengan un rol central en la economía de los Estados, sino más bien que estos sectores son transformados y redefinidos por la revolución informacional.
Ahora bien, uno de los aspectos más interesantes de la tecnología que las criptomonedas pusieron en primer plano, radica en crear Organizaciones Autónomas Descentralizadas (OAD). Las OAD son corporaciones cuyo manejo está automatizado por el código y donde la intervención humana es minimizada (Buterin).
Frente a la aparición de este tipo de organizaciones, Garrod expresa que hay detractores, que piensan que una aplicación generalizada de las OAD nos llevarán a un futuro distópico similar a Terminator, donde el sistema Skynet se vuelve masivo (De Filippi); como también hay promotores que enfatizan que las OAD nos liberaran de las instituciones que centralizan el poder y el control de los individuos (Alchemi).
El punto principal es que la combinación de la tecnología blockchain junto a los llamados contratos inteligentes, que son contratos escritos como programas informáticos que se ejecutan sin la intervención de terceros y que tienen la capacidad de cumplirse de forma automática una vez que las partes han acordado los términos (Perez), hacen posible crear aplicaciones sociales utilizables para gestionar beneficios sociales, impuestos, votaciones e ingresos universales básicos (Garrod). En este sentido, existen proyectos como el impulsado por el argentino Santiago Siri con su organización Democracy Earth Foundation, cuyo objetivo es empoderar a los individuos de una sociedad y posibilitar la creación de sistemas democráticos digitales mediante el desarrollo de software de código abierto.
Como se ve en la descripción de Linkedin de dicha organización, allí se expresa que “con el auge del software de código abierto y las redes entre pares (peer to peer networks), la intermediación política ya no es necesaria”. Esta tendencia de buscar la menor intersección del Estado y de sus agentes (como los miembros de las organizaciones sociales y los sindicatos), como ya se ha analizado en otra nota publicada en Ámbito, es característica del discurso de los sectores ciber-libertarios.
Vitalik Buterin, uno de los creadores de Ethereum, la segunda criptomoneda más importante en capitalización del mercado después del Bitcoin, escribe una nota titulada “puesta en marcha de una corporación autónoma descentralizada: parte 1” (Bootstrapping a Decentralized Autonomous Corporation: Part 1), publicada en el 2013, dos años antes de la creación de Ethereum, en la página web https://bitcoinmagazine.com. Allí expresa que “la revolución industrial nos permitió, por primera vez, empezar a sustituir la mano de obra humana por máquinas a gran escala, y [que] ahora tenemos fábricas digitalizadas avanzadas y brazos que producen por sí mismos bienes complejos como automóviles”.
Esto le lleva a afirmar que mientras la revolución industrial solo removió y sustituyó a los trabajadores comunes, aún la administración de las empresas ha permanecido intacta. A partir de dicha afirmación, propone pensar a las OAD como una extensión de la revolución industrial que tiene el potencial de remover al sector gerencial y administrativo (management) de la ecuación.
Según Garrod, la versión predominante de aquellos que apoyan a las OAD consiste en afirmar que pueden modificar el sistema centralizado del Estado-nación y así crear una “sociedad matemática”, donde se solucionarían los problemas de la organización política eliminando el error humano y la manipulación. Con ello se apunta a que la tecnología blockchain y los contratos inteligentes tienen la ventaja de facilitar, entre otras cosas, un mayor control de nuestros datos privados; la inclusión financiera (ejemplificado en las nuevas plataformas de préstamo de monedas virtuales, las cuales no excluyen a las personas por su trasfondo personal o por su poca capacidad económica); una mayor transparencia, al quedar registradas todas las transacciones; la posibilidad de implementar sistemas de votación que reduzcan el fraude, eleven el acceso y permitan realizar el recuento de votos sin necesidad de intermediarios; una mejora en las operaciones de cadenas de suministros, aportando transparencia, eficiencia y reducción de costos. (Mora; Pujol; Mendoza; Morales)
Ahora bien, la idea de la política que sustenta el discurso de muchos de quienes apoyan a las OAD, es que la política es un simple problema de ingeniería, y que lo que hay que ordenar son individuos que se autoperciben a sí mismos como egoístas y codiciosos (Garrod). En este sentido, lo que se encuentra ausente de estas discusiones es la noción de clase y las relaciones con el Estado (Garrod). Por eso es posible afirmar que los discursos que giran alrededor de la revolución de las criptomonedas dan por sentado que esta no implica una ruptura con la lógica de la propiedad privada ni con los modos de organización capitalistas, ya que no pretenden romper con dicho paradigma. Más bien, es un nuevo ejemplo de cómo el capitalismo se está reinventando luego de sus últimas crisis.
Una de las consecuencias del discurso de los ciber-libertarios, que enfatizan que la tecnología descrita tiene el potencial de remover en buena medida al Estado y así generar una mayor libertad, es que las OAD permiten la instauración de un tecno-soberano, cuyas reglas debemos seguir tal como lo dicta el código programado en los contratos inteligentes (Scott).
De esta manera, la administración de las personas en la sociedad estaría automatizada en mayor medida.
En conclusión, una sociedad que se aproxime al modelo de las OAD y que tome un discurso como el de los ciber-libertarios puede ofrecer, entre otras cosas, una nueva forma de acumular y transferir capital, de estimular la eficacia y transparencia en las administraciones, y de reducir el fraude en los sistemas electorales. Sin embargo, al no meterse en las discusiones acerca del rol del Estado en nuestras sociedades, las OAD mantendrían el statu quo.
(*) Estudiante avanzado de la licenciatura en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires y se desempeña como adscripto en la cátedra de Filosofía de la Cultura de dicha Universidad
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