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21 de noviembre 2019 - 10:38

Dólar: la tranquilidad puede convertirse en pesadilla

El mercado está lleno de rumores, pero se especula que el gobierno se tomara un tiempo para negociar. Hay varias posturas, pero todo conduce al mismo camino.

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La represión financiera le ha dado margen al gobierno para comprar tranquilidad a corto plazo.

Foto: Pixabay

El gobierno vive días de tranquilidad por efecto del cepo y tasas negativas contra la inflación. Si no amalgamas estas medidas con la llegada de inversión genuina, la tranquilidad actual se convertirá en pesadilla a mediano plazo. El país necesita más inversión no emisión.

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La represión financiera le ha dado margen al gobierno para comprar tranquilidad a corto plazo, y probablemente más dolores de cabeza a mediano y largo plazo.

El Banco Central República Argentina cortó el drenaje de pesos hacia la compra de dólares, casi un deporte nacional, que no encuentra sustituto en ningún activo financiero, solo reemplazable por otro activo de la economía real.

Las tasas de interés se hundieron a niveles negativos frente a la inflación. La inflación minorista se ubica en el 50,5% anual, las tasas de caución bursátil oscilan entre el 36% y 40% anual. El plazo fijo Banco Nación brinda la tasa más alta del mercado y solo ofrece el 49% anual, bancos de primera línea por grandes montos no llegan a ofrecer el 45% anual.

En este escenario el ahorro no se conduce hacia el dólar oficial por prohibiciones expresas, y tampoco hacia el plazo fijo en pesos por tasa negativa contra la inflación. No se compran bonos por ser pasibles de una reestructuración, y tampoco letras por temor a ser reperfiladas. Acciones abstenerse en este escenario, al menos hasta conocer la reestructuración de la deuda.

El dólar a futuro tampoco resulta un instrumento atractivo para la especulación, es el valor del dólar mayorista (valor ficticio) más una tasa de interés que a un año está en el 60,9% anual, esta inversión paga impuesto a las ganancias.

Los depósitos a plazo fijo en pesos se ubican en torno de $1.400.000 millones, y crecen el 2,3% anual en un año, esto implica que cayeron notablemente en términos reales, ya sea medidos sobre la inflación o la tasa que pagaron. La consecuencia de este estancamiento en los plazos fijos en pesos se refleja en los préstamos al sector privado que en igual período crecieron el 12% anual y se ubican en 1.770.000 millones.

Esta es una economía que se va quedando sin crédito, es escaso en términos nominales y caro desde el punto de vista de la tasa de interés. Esto genera una extremada iliquidez en el mercado, que no solo impide la inversión, ayuda a que muchas empresas cierren sus puertas.

Los depósitos a plazo fijo en dólares se ubican en u$s5.533 millones u descienden el 36%, en caja de ahorro suman u$s14.684 millones y caen el 34,2%. La contracara son préstamos en dólares al sector privado que se ubican en u$s11.406 millones y reflejan una baja del 26,7% anual.

Esta destrucción de crédito no hace más que alejarnos de la posibilidad de crecer en el actual escenario económico.

Desde el 11 de agosto de 2019 en adelante que la Argentina está en el garaje, no ha salido a rodar por el pavimento, las decisiones empresariales han quedado congeladas, y todas las medidas que se han tomado van por el camino de congelar o reducir gastos, despedir personal o acumular algo de dinero para soportar los probables quebrantos futuros.

El 10 de diciembre asume un nuevo gobierno, y las miradas están en puestas en como reaccionara para revertir el escenario económico actual.

Se necesita que en lo inmediato retorne la inversión y el mercado sea regado de financiamiento a una tasa razonable. Todos sabemos que esto es difícil que ocurra, pero las señales para una salida ordenada las debe dar el gobierno en dos temas claves, la renegociación de la deuda con privados y el acuerdo con el FMI.

El mercado está lleno de rumores, pero se especula que el gobierno se tomara un tiempo para negociar. Hay varias posturas, pero todo conduce al mismo camino.

La idea base que más se escucha es que el gobierno no quiere realizar quitas de capital, a cambio propone que no se realicen desembolsos de intereses y amortización por un largo periodo de tiempo. Las versiones van de 2 a 4 años. Los inversores no verían mal esta negociación si los intereses se capitalizan para pagar con la amortización. No es magia, no habría una quita nominal, pero el valor presente del bono caería notablemente. La nominalidad de los argentinos a la hora de invertir hace esta propuesta aceptable.

El mayor problema a corto plazo es el vencimiento de la deuda en $, que no podría ser monetizada, ya que implicaría una gran emisión de pesos y esto atentaría contra la volatilidad de los precios. Aquí también cabría una reestructuración, y en muchos casos habrá que reperfilar lo reperfilado.

Estas medidas generarían un efecto pobreza en la economía, sin embargo, dado que la destrucción de precios fue muy significativa, tal vez lo peor ya lo vivimos y podríamos observar una recuperación de precios ante la claridad de las propuestas, y el fantasma de que esta renegociación no es similar a la del año 2005.

Lo que Argentina necesita es una renegociación amigable para dar paso a la financiación de proyectos privados en áreas ligadas a las materias primas (por ejemplo, petróleo). Por otro lado, hay que regar de liquidez el mercado de los bonos corporativos de las empresas, ya que esto atentaría contra una posible recuperación económica.

Conclusiones

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