12 de agosto 2026 - 07:00

Javier Milei y las finanzas corporativas: vender una parte para crecer, o salir de una empresa en problemas

¿Qué hace un empresario argentino cuando su empresa es viable operativamente pero financieramente insostenible? La venta a un fondo de capital privado surge como una alternativa para preservar valor y evitar una crisis mayor.

Milei y las finanzas corporativas.
Milei y las finanzas corporativas.

Argentina, agosto de 2026. El Gobierno lo dijo sin eufemismos; los deudores no serán rescatados si el sistema cruje. Esa frase, pronunciada por Milei y Caputo, no es una anécdota de coyuntura, es la clausura definitiva de un modelo. El salvataje no existe, y quien siga esperándolo confundirá la nostalgia con estrategia. Frente a esa evidencia irrefutable surge el problema central de este articulo: ¿qué hace un empresario argentino cuando su empresa es viable operativamente pero financieramente insostenible, en un país que ha decidido, explícitamente, no rescatar al sector privado? La hipótesis que aquí se sostiene, y que se demostrará con el rigor que exige la disciplina financiera, es que la venta -total o parcial- de la compañía a un fondo de capital de riesgo o private equity fund no constituye una derrota patrimonial sino la decisión racional óptima cuando el costo de sostener la propiedad porcentual o total supera el valor de conservarla.

La pregunta que guía este artículo es precisa: ¿puede la incorporación de capital de riesgo transformar una empresa argentina en situación de estrés financiero en un activo capaz de devolver valor real a sus dueños, en lugar de arrastrarlos hacia una liquidación silenciosa? El objetivo es doble: por un lado, sistematizar la evidencia local de los años 1990 (recuerde Exel Group, Advent Intl. Tower Fund) y, la realidad internacional sobre reestructuración vía private equity fund y venture capital para adaptarla al caso argentino de 2026; por otro, ofrecer una hoja de ruta -ni ingenua ni catastrofista- para que el empresario recupere el control de su destino patrimonial antes de que ese control se lo quite el mercado. La justificación de este trabajo no es menor; la literatura financiera internacional ha estudiado extensamente los ciclos de distress investing en Estados Unidos, Europa y Asia, pero ha dejado un vacío notable sobre cómo aplicar esos mismos principios a una economía con las particularidades argentinas -inflación crónica, dolarización de facto y ausencia deliberada de red estatal-. Este artículo, escrito desde la práctica y no solo desde la especulación académica, viene a llenar exactamente ese vacío, y lo hace con una convicción que no pretende disimular; la que da haber acompañado, de cerca, decisiones patrimoniales de esta envergadura.

Schwartz distingue con precisión los distintos vehículos de intervención: el growth capital (capital de crecimiento), que implica ceder una posición minoritaria a cambio de financiamiento para crecer sin perder el control operativo, y el distressed investing, orientado a compañías insolventes o al borde de la quiebra, donde el fondo adquiere control a través de la deuda. Esta distinción no es meramente taxonómica, es la bisagra sobre la que se apoya la propuesta central de este artículo, porque permite al empresario argentino elegir el punto exacto de la escala -desde ceder una porción minoritaria hasta transferir el control total- según su tolerancia al riesgo y su lectura del ciclo.

Howard Marks, sintetiza el mecanismo, cuando el monto de la deuda supera el valor del activo, el capital de los propietarios se licúa mientras los acreedores terminan convirtiéndose en los nuevos dueños. Dicho de otro modo -y esto es lo que ningún empresario argentino quisiera escuchar en 2026, pero debe- no vender a tiempo no preserva la propiedad, la condena. Henry Kravis, aporta la contracara constructiva de esa misma lógica al sostener que la enorme mayoría del retorno de estas operaciones proviene de la mejora operativa de la empresa adquirida. Esto desmonta el prejuicio local de que vender a un fondo es “entregar” la empresa a un especulador, el capital de riesgo profesionaliza la empresa, la potencia. Peñaflor, Prisma Medios de Pago y Havanna, son ejemplos clave de empresas consolidadas en la economía real argentina que fueron adquiridas, reestructuradas o potenciadas por fondos de private equity (capital privado) a lo largo de los años.

Peter Cornelius y Wim Borgdorff, ambos de AlpInvest Partners, refuerzan este punto desde la gobernanza corporativa; sostienen que el private equity fund supera sistemáticamente a los mercados públicos porque alinea los incentivos entre gestores y propietarios, corrigiendo los problemas de agencia que ninguna empresa familiar argentina, logra resolver por sí sola. Jay Jordan lo describe como un mecanismo de reintermediación eficiente del capital hacia su uso más productivo, y Paul Waller, es todavía más directo al afirmar que el propósito último de la industria es crear valor para el accionista o el dueño durante el período de tenencia, para luego devolverlo multiplicado en el momento del “exit” (estrategia de salida). Jean Eric Salata, de Baring Private Equity Asia, agrega una precisión decisiva para el empresario que duda; el growth capital ofrece financiamiento de largo plazo con menor volatilidad que la deuda bancaria tradicional, precisamente lo que hoy escasea en el crédito argentino. Wilbur Ross, por su parte, documenta cómo hasta los propios gobiernos han recurrido a la lógica del distressed investing para salvar activos estratégicos, lo que despoja a esta herramienta de cualquier estigma. Leonard Harlan completa el cuadro con una observación estructural; un fondo profesional sabe calibrar mucho mejor que un directorio familiar exhausto por la crisis.

Ningún autor, contempla un escenario donde la propia autoridad económica ha declarado, como política deliberada, que no intervendrá para sostener a deudores privados; ese es el dato nuevo que la Argentina de 2026 introduce, y que reconfigura por completo el cálculo de oportunidad para el empresario local.

Aquí emerge el gap que este artículo viene a cerrar. Todos estos autores -sólidos-, han escrito literatura empíricamente robusta. Argentina, enfrenta simultáneamente inflación persistente, tasas de interés reales positivas y una decisión política explícita de no intervenir.

La Decisión Estratégica: de la Teoría Global a la Práctica Argentina

Trasladar este marco al escritorio de un empresario argentino en 2026 exige abandonar dos mitos. El primero es creer que “aguantar” es una estrategia; no lo es, es una apuesta pasiva a que el escenario macro mejore antes de que el pasivo devore el patrimonio. El segundo mito es asumir que vender equivale a fracasar; la evidencia internacional demuestra exactamente lo contrario; vender a tiempo, en los términos correctos, es la forma más sofisticada de preservar valor.

La propuesta que aquí se sostiene, desarrollada sobre compañías argentinas atravesadas por crisis de liquidez, se ordena en tres instancias sucesivas. Primero, un diagnóstico honesto del punto exacto en la curva de distress: ¿la empresa es operativamente viable pero financieramente asfixiada, o el problema es estructural? Segundo, la elección del vehículo: si el empresario todavía conserva margen de negociación, el growth capital -venta minoritaria- permite capitalizar la empresa sin resignar el control. Si, en cambio, el apalancamiento ya comprometió la solvencia, el distressed investing ofrece una salida ordenada donde el fondo asume el pasivo y el propietario original negocia una posición menor, en lugar de perderlo todo en una quiebra desordenada. Tercero, la estructuración del exit (salida) desde el primer día de la negociación, porque como enseña Kravis, el verdadero retorno no está en la venta inicial sino en la revalorización operativa que el fondo introduce y que, en los esquemas bien negociados, el fundador original captura parcialmente al momento de la salida.

En términos operativos, este proceso rara vez toma menos de noventa días desde el diagnóstico inicial hasta el cierre, y su calidad depende de tres variables que el empresario controla más de lo que cree, la calidad de la información financiera exhibida, la confidencialidad frente a proveedores y competidores, y la disciplina para no aferrarse a una valuación de época de bonanza cuando el mercado ya cambió. Quien gestiona bien esas variables no negocia desde la desesperación, sino desde una posición de fortaleza incluso en medio de la crisis.

Es previsible una objeción, y vale la pena anticiparla porque no altera la conclusión: ¿no implica esto vender barato, en el peor momento del ciclo? La respuesta, apoyada en la evidencia relevada, es que el riesgo real no es vender en el peor momento, sino no vender nunca y llegar a un concurso de acreedores donde el valor recuperado para el dueño original tiende a cero. Entre una valuación exigente en distress y una liquidación forzosa, la primera opción siempre devuelve más patrimonio al empresario. Esa es, en definitiva, la aritmética que este articulo viene a explicitar.

Este es un llamado a la no resignación. Es el llamado más optimista posible en un escenario que, de no actuarse a tiempo, termina en cero. Vender una parte -o incluso el todo- de la empresa a un capitalista de riesgo, en el momento correcto y con la estructura correcta, es la decisión que transforma la iliquidez del deudor en liquidez para el dueño.

Conclusiones

La evidencia teórica y la práctica convergen en una sola dirección. En un país que ha decidido, con todas las letras, que “tu plata es tu riesgo”, sostener una empresa por orgullo o por nostalgia ya no es prudencia, es la manera más segura de licuar el patrimonio construido durante muchos años. La venta estratégica a un fondo de capital de riesgo o private equity -parcial en los casos de crecimiento, total en los casos de distress avanzado- no diluye al empresario, lo capitaliza para la próxima etapa. Le devuelve, en efectivo y/o el control sobre su propio futuro, exactamente lo que la inacción le habría quitado. La pregunta ya no es si vender es una opción válida. La pregunta, para un accionista o dueño de una empresa argentina en 2026, es; cuánto tiempo puede permitirse no incluir una opción de venta, como estrategia de preservación de riqueza.

Doctor en Ciencia Politica. Master en Politica Económica Internacional. Profesor de Finanzas en tiempos irracionales. YouTube: @DrPabloTigani, en X: @pablotigani

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