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31 de octubre 2006 - 00:00

"Cifras del PBI muestran que economía de EEUU se desacelera suavemente"

(El periodista dialoga con el analista que se escuda bajo el seudónimo de Gordon Gekko, el recordado protagonista de la película «Wall Street». Según su visión, las últimas cifras del PBI muestran que la economía estadounidense se está desacelerando de manera suave, tal como lo buscaba el titular de la Fed, Ben Bernanke. Prácticamente descarta la posibilidad de una recesión, una advertencia que efectuaron en las últimas semanas otros expertos.)

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PERIODISTA: La economía se frena más de lo esperado. Un crecimiento de 1,6% en el tercer trimestre se ubica medio punto por debajo de lo que estimaba el consenso. ¿Es un aterrizaje suave, como tanto se repite, o más bien un principio de recesión?

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Gordon Gekko: Un suave descenso. Pero usted no va a zanjar la discusión con este único informe.

P.: ¿Por qué?

G.G.: En esencia, porque todavía recorremos un tramo común a ambos escenarios. Es como analizar un vaso con agua hasta la mitad.

P.: Si uno repara en la progresión de los resultados -el crecimiento pasó de 5,6% en el primer trimestre a 2,6% en el segundo y ahora a un magro 1,6%-, es tentador empezar a abrir el paraguas...

G.G.: Entiendo. Pero ese 5,6% no era la norma sino una aberración. La economía se había expandido apenas 1,8% en el cuarto trimestre, afectada -en forma transitoria- por el efecto Katrina. La velocidad de crucero a lo largo de 2005 fue 3,2%. Esa debiera ser la verdadera referencia.

P.: Aun así, hemos caído a la mitad...

G.G.: Tenemos una tesis en boga: la crisis inmobiliaria y los efectos rezagados de la política monetaria y del shock de la energía van a obligar al consumidor a replegarse y ello sumergirá a la economía en una recesión. Deberíamos tratar de corroborarla...

P.: La evidencia ha comenzado a fluir...

G.G.: ¿Pero qué pasa si en vez de focalizarse en la marcha del PBI -que refleja lo que nadie discute, o sea la crisis inmobiliaria- se analiza el comportamiento de la demanda interna?

P.: ¿Qué es lo que se observa?

G.G.: Una desaceleración muy nítida con respecto al año último. De crecer 3,3% hemos pasado a 2% en el segundo trimestre y 2,1% en el tercero. Y si uno depura los registros -y excluye la volatilidad de los inventarios- lo que detecta es que la demanda final trepó de 1,6% en el segundo trimestre a 2,2% en el tercero...

P.: La idea de una debilidad creciente ya no se sostiene...

G.G.: No se olvide del trasfondo. La inversión en viviendas -que el año pasado crecía a un ritmo de 8,6%- acumula cuatro trimestres consecutivos en rojo. Declinó más de 11% en el segundo trimestre y más de 17% en el tercero. Esos números no se van a repetir. Es un puñal que no va a calar tan hondo en el futuro, lo que también contribuye a cuestionar la convicción de una debilidad en progresivo ascenso...

P.: Usted diría que la noción del aterrizaje suave todavía prevalece...

G.G.: No veo motivos para cambiar de opinión. El consumidor resiste. De hecho usted no notaría ningún problema si sólo mirase las decisiones de consumo. La compra de bienes durables, por ejemplo, aumentó 8,4%.

P.: ¿Pero es sostenible?

G.G.: Nadie aspira a tanto. El consumo total creció 3,1% y no me sorprendería que se modere en los próximos trimestres. Lo que debe reconocerse es que -en plena crisis del mercado de la vivienda, cuando las empresas constructoras deben rebajar los precios de las casas nuevas en más de 9% (lo que no ocurría desde 1970) para sostener ventas que son 20% inferiores a un año atrás- el consumidor no luce sobresaltado. Su confianza mejoró -si creemos en lo que dicen las encuestas de sentimiento- gracias a la rebaja en el precio de la nafta. De hecho, las ventas de automóviles se han estabilizado.

P.: El consumidor está altamente endeudado y una economía más débil puede complicar sus cuentas...

G.G.: Es vulnerable. De acuerdo. Por ello, la Fed ha mantenido un discurso duro en los papeles pero ha dejado de lado la agresividad de nuevas subas de tasas de interés. Y hay que contemplar que la generación de ingresos personales no se ha visto muy afectada. Este es el lado más firme de la ecuación reciente: el ingreso disponible aumentó 3,7% en el tercer trimestre (dos puntos más que en el segundo) permitiendo que el consumidor gaste y, a la par, que reduzca su tasa de desahorro. Era 1,5% un año atrás. Ahora es 0,5%. O sea que se ha tornado más prudente.

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