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28 de septiembre 2006 - 00:00

Crecimiento, ¿como China o URSS?

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Todos reconocen el fuerte crecimiento del PBI argentino, a partir de 2003. Pero cabe discrepar sobre su magnitud y sus perspectivas futuras. Según las mediciones del INDEC, en precios constantes, en 2005, el PBI supera al de 1998 en 6%. Pero las cifras en poder adquisitivo internacional, esto es, en dólares deflacionados, muestran que el PBI por habitante es todavía muy inferior al del crítico 2001 y 45% menor que en 1998. Esta discrepancia de las mediciones justifica interpretaciones divergentes respecto del futuro.

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Es oportuno recordar que la Unión Soviética y sus satélites de Europa Oriental lideraron las mediciones del crecimiento mundial luego de la Segunda Guerra Mundial, durante varias décadas. Los dirigentes soviéticos y los comunistas de todo el mundo tejían predicciones de cuándo el bloque soviético superaría a las naciones occidentales. Hasta que, finalmente, el bloque colapsó cuando descubrieron que el control estatal era tan rígido que no tenía posibilidades de atender las verdaderas necesidades de la población ni resistía la competencia y ofertas de naciones cercanas.

El verdadero valor de las cosas lo da la gente. El misterio de las altas tasas soviéticas se devela: es más fácil atender a las necesidades estadísticas que las de la gente. Para satisfacer verdaderamente a la población se requiere un complejo sistema institucional que procese las decisiones individuales en libertad. En cambio, las empresas soviéticas producían cantidades físicas para maximizar las mediciones de los burócratas. Pero el valor de la producción y de las cosas lo da la gente, en la medida en que pueda expresarse libremente. La producción sólo sirve, y es valorada, en tanto satisfaga a los usuarios y consumidores. Sin embargo, el sistema institucional de la Unión Soviética no permitía reconocer esas demandas.

La falta de libertad no se detiene en la expresión de las ideas, sino que afecta a todas las decisiones individuales, incluidas las destinadas a cubrir las necesidades materiales y achicar la escasez. El control de precios y la intervención de los funcionarios en las empresas y la economía obstruyen el funcionamiento de la economía. La competencia entre los funcionarios estatales y los ciudadanos para decidir qué es lo que más conviene existe en todas las sociedades. Se necesita al Estado pues no existe libertad sin restricciones. El rol del Estado es, justamente, proveer el bien público, asegurar la libertad, esto es, la ausencia de restricciones innecesarias o redundantes.

  • Equilibrio

  • Para que exista libertad de actuar productivamente, la delincuencia y las transgresiones deben estar contenidas, ya sean de particulares o de funcionarios. Pero sólo aquellos actos y actividades que entorpezcan la creación de valores deben impedirse. Y ese equilibrio entre lo permisible y lo inconveniente es parte de la lucha para las libertades y el progreso. En las crisis, ese equilibrio se disputa fuertemente.

    En la Argentina, la crisis de 2001-2002 vio prevalecer el poder de los funcionarios por sobre los empresarios, empleados y consumidores. Los ajustes finales del gobierno, la remoción del presidente del BCRA, los cambios de normas financieras, el «corralito», el default, devaluación asimétrica, «corralón», aumento de la presión impositiva, retenciones a las exportaciones, congelamiento de tarifas, controles de precios, trabas a las exportaciones, etc., son algunas de las muestras del incumplimiento de promesas y avance del poder de los funcionarios por sobre las decisiones individuales.

    Un recorte de la capacidad de decisión de los ciudadanos particulares y un reforzamiento del poder de los funcionarios que, entre otras cosas, modificó los precios relativos en vastos sectores de nuestra sociedad. Por ello, las mediciones económicas arrojan tanta divergencia. En precios constantes, hemos recuperado lo perdido durante la crisis. Pero en dólares de poder constante, el argentino promedio todavía sigue muy perjudicado. Nuestro ingreso es tan bajo que la Argentina es uno de los países más baratos del planeta.

    Mirando para adelante, la cuestión es cómo recuperar el poder de decisión de nuestra gente para avanzar confiadamente. Tapar los problemas y entorpecer las decisiones no es el camino, ejemplifica la cuestión energética. El mundo avanzado nos enseña cómo se resuelven los problemas de forma eficaz. Obstaculizar los mecanismos de solución conocidos, con reglamentos burocráticos y declaraciones, no es la respuesta. Los gobernantes se desgastan inútilmente cuando pretenden imponer decisiones inconducentes. Una enseñanza del régimen soviético es que el cuidado de las estadísticas puede tumbar a un sistema no competitivo, en un mundo globalizado. El gobierno puede corregir el rumbo.

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