Crisis en Bolsas: falta bastante para encender luz roja
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Una recesión en los EE.UU. no constituye, por dar un ejemplo, un prospecto novedoso. Cuando la Fed decidió interrumpir la suba de tasas de interés -con la inflación por encima de su rango aceptable y en alza y el petróleo en cotizaciones récord y un vigor, hasta entonces, indominabletemía una recesión no a fines de 2007 (como ve posible pero poco probable Alan Greenspan), sino tan pronto como a principios de año. Es verdad que el entusiasmo por una rápida recuperación -que sobrevino a partir de diciembreha vuelto a disiparse y que los datos recientes sobre la inversión no residencial son motivo de desaliento, pero aun así la recesión norteamericana parece hoy menos amenazante que cuando se ignoraba cómo iba a digerir la economía el impacto directo de la crisis inmobiliaria.
Si, pese a todo, la recesión fuera a producirse, cabe esperar que la Bolsa lo advierta antes que los economistas. De hecho, no ha habido recesión en los EE.UU. desde la posguerra que no haya sido anticipada por un mercado bajista de las acciones, entendiendo tal como un recorte de sus cotizaciones -contabilizado desde los máximos- de por lo menos 20%. Esa simple aritmética es la que arroja luz sobre el nivel de su actual preocupación: el Dow Jones ha resignado 500 puntos (que no es poco para tres ruedas complicadas cuando estas tormentas suelen estirarse por un par de meses) pero todavía faltan más de 2.000 para encender la luz roja.
Bajo esta óptica, más que una detección de nuevos problemas, la Bolsa parecería estar haciendo una relectura -con una lupa más potente- de tópicos conocidos. No hay duda que hay excesos recientes que limpiar. Y no hace falta ir a Shanghai para encontrarlos. Los préstamos hipotecarios subordinados concedidos los últimos seis meses -bajo estándares increíblemente laxos-están revelando, en tiempo récord, un altísimo grado de irregularidad en los EE.UU. Pero el grifo que los originaba ya se ha cerrado; resta sí digerir el saldo en circulación, lo que llevará un tiempo hasta calibrar su impacto. Las propias convulsiones de la Bolsa, además, acentúan el riesgo de crédito. Así el default ruso de 1998 y su correlato de súbita iliquidez fueron lo que dejó al Fondo Long Term Capital fuera de combate y a los mercados de capitales al borde de una inesperada fisura medular (gracias a la no linealidad propia del mundo de los derivados).
Se sabe por último -si la caída de las acciones recrudeciera más allá de lo que fueron sus antecedentes en 2005 y 2006- que la Bolsa ha señalado más recesiones que las que efectivamente ocurrieron («ha predicho 6 recesiones de las 9 últimas» dice la remanida frase de Paul Samuelson). Una argumento para torcer el oráculo es la política monetaria. La Fed está pertrechada con 525 puntos base de munición por si la situación se saliese de madre. Y si bien no hay motivo ninguno para utilizarlos en el momento, siempre es bueno saber que están disponibles.




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