24 de septiembre 2026 - 19:50

De Pekín a Washington: Xi, Trump y la disputa por el nuevo orden mundial

Las cumbres de 2026 muestran cómo China y Estados Unidos buscan administrar su competencia. Los acuerdos comerciales, la inteligencia artificial y la articulación con los BRICS revelan una transformación que también interpela a la Argentina.

 Xi Jinping y Donald Trump buscan administrar su competencia estratégica para coexistir pacíficamente.

 Xi Jinping y Donald Trump buscan administrar su competencia estratégica para coexistir pacíficamente.

Las cumbres de Xi Jinping y Donald Trump en Pekín y Washington marcan una nueva etapa en la relación entre las dos principales economías del mundo. Trump regresó a China nueve años después de su anterior visita presidencial, mientras Xi volvió a Estados Unidos tras once años. La reunión de mayo permitió retomar mecanismos comerciales y establecer un entendimiento sobre la estabilidad estratégica. La de septiembre incorporó una definición política de mayor alcance: ambas potencias deben encontrar una forma de coexistir pacíficamente, aun cuando compitan por el liderazgo tecnológico y mantengan diferencias profundas.

Entre ambos encuentros, China profundizó su articulación con Eurasia y el Sur Global. Xi llegó a Washington después de participar en las cumbres de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y los BRICS ampliados. La relación con Estados Unidos continúa siendo central, pero no agota las alternativas internacionales de Pekín.

La estabilidad estratégica y la trampa de Tucídides

La recepción de Xi en Washington tuvo una dimensión simbólica excepcional. Trump lo recibió junto a Melania, con alfombra roja, honores militares y sobrevuelos de aviones de combate. Durante la ceremonia en la Casa Blanca, Xi felicitó a Estados Unidos por el 250º aniversario de su independencia.

En su discurso, precisó el alcance del entendimiento de mayo: construir una relación de estabilidad estratégica constructiva. "China y Estados Unidos ganan con la cooperación y ambos pierden con la confrontación", afirmó. Reconoció que la competencia seguirá existiendo, pero propuso mantenerla dentro de límites: una carrera por mejorar, no una lucha en la que uno necesariamente deba derrotar al otro.

Xi planteó fortalecer el diálogo militar y los mecanismos de prevención de crisis. Su mensaje fue explícito: la denominada trampa de Tucídides, que describe el riesgo de confrontación entre una potencia emergente y otra establecida, puede superarse. La propuesta no elimina las diferencias sobre Taiwán, comercio o tecnología; busca gestionarlas sin desembocar en un conflicto.

El mandatario recordó que ambos pueblos combatieron juntos durante la Segunda Guerra Mundial y sostuvo que hoy comparten una responsabilidad histórica con el desarrollo humano. Muchos problemas internacionales, señaló, serán difíciles de abordar sin la cooperación de ambas potencias.

Ochenta mil empresas y nuevos mecanismos comerciales

La competencia estratégica convive con una profunda interdependencia económica. Según una estimación difundida por fuentes oficiales chinas en mayo, aproximadamente 80.000 empresas estadounidenses invierten en China. Apple, Tesla y General Motors ilustran una integración que comprende producción, mercados y cadenas de suministro. La cifra depende de cómo se contabilice la presencia empresarial, pero permite dimensionar la amplitud de esos vínculos.

La cumbre de Pekín tradujo esa interdependencia en compromisos concretos. Xi y Trump anunciaron dos mecanismos bilaterales: una Junta de Comercio, para gestionar intercambios de bienes no sensibles, y una Junta de Inversión, como espacio de diálogo sobre los flujos de capital. Su implementación requiere acuerdos operativos.

China comprometió compras adicionales de productos agrícolas estadounidenses por al menos USD 17.000 millones anuales entre 2026 y 2028. Sumadas a compromisos anteriores de adquisición de soja, llevarían el total estimado a cerca de USD 30.000 millones por año. También se anunció una compra inicial prevista de 200 aviones Boeing. Son compromisos cuya ejecución debe distinguirse de los anuncios.

En Washington, Xi reclamó reciprocidad: China mantiene abiertas sus puertas a las empresas estadounidenses, pero espera un trato justo para las compañías chinas en Estados Unidos. La disputa por los semiconductores expresa esa tensión. Washington restringe el acceso chino a determinados chips avanzados, mientras Pekín desarrolla capacidades propias y conserva una posición relevante en el procesamiento de minerales críticos. La interdependencia no elimina la rivalidad, pero incrementa los costos de una ruptura.

China llega a Washington después de los BRICS y la OCS

En Bishkek, la OCS profundizó su agenda de seguridad, energía, conectividad y cooperación tecnológica. En Nueva Delhi, durante la cumbre de los BRICS ampliados, Xi presentó cinco iniciativas orientadas a la IA abierta, las asociaciones entre zonas económicas especiales, los servicios en la nube, la manufactura inteligente y la formación de especialistas. Estas propuestas vinculan infraestructura, conocimiento y capacidades productivas.

La OCS y los BRICS no son bloques homogéneos: sus integrantes mantienen intereses propios y relaciones diversas con Washington. Sin embargo, amplían sus opciones comerciales, financieras y diplomáticas.

Esta articulación tiene también una dimensión monetaria. El dólar conserva su predominio en las reservas y las finanzas internacionales, respaldado por la profundidad de los mercados estadounidenses. Paralelamente, China impulsa la internacionalización del yuan y acuerdos entre bancos centrales, mientras los BRICS debaten un mayor uso de monedas nacionales y el fortalecimiento del Nuevo Banco de Desarrollo. No se trata de un reemplazo inmediato del dólar, sino de una búsqueda de mecanismos alternativos de pago y financiamiento.

Inteligencia artificial: de la carrera Sputnik al Momento Shenzhen

La IA constituye uno de los principales escenarios de competencia. Estados Unidos concentra capacidades en modelos de frontera, semiconductores y grandes centros de datos. China, sin abandonar esa carrera, concede especial importancia a integrar la tecnología en manufactura, robótica, energía y transporte.

Estados Unidos parece correr una carrera Sputnik por la IA: quién llega primero a la frontera. China está intentando convertirla en un Momento Shenzhen: quién consigue integrar primero la inteligencia artificial al conjunto del sistema productivo.

Esta estrategia vincula ecosistemas industriales que se retroalimentan y pueden transformar la innovación en escala productiva, reducción de costos y difusión tecnológica.

Pekín impulsa, además, WAICO, una iniciativa de cooperación internacional que propone ampliar el acceso a los beneficios de la IA y desarrollar mecanismos compartidos de gobernanza. Washington combina el liderazgo de sus empresas tecnológicas con controles de exportación y acuerdos estratégicos con sus aliados.

En la Casa Blanca, Xi sostuvo que ambas potencias tienen la responsabilidad de desarrollar y gestionar la IA para el bien común, manteniéndola bajo control humano. Su declaración abre un campo de diálogo sobre riesgos compartidos, aunque no equivale por sí sola a un acuerdo bilateral específico de seguridad tecnológica.

Los jóvenes y dos horizontes políticos

Xi anunció una invitación para que 100.000 jóvenes estadounidenses visiten China durante los próximos cinco años para realizar intercambios y estudios. También comunicó la llegada de dos pandas al zoológico de Atlanta. Ambas iniciativas recuperan la dimensión educativa y cultural de la relación.

Las negociaciones presentan, además, una diferencia de horizontes políticos. Xi ha mantenido interlocución con Barack Obama, Trump durante su primera presidencia, Joe Biden y nuevamente Trump. La continuidad de su liderazgo y los mecanismos de planificación chinos permiten sostener agendas que trascienden los ciclos electorales estadounidenses.

Trump transita su segundo mandato y, bajo las reglas constitucionales vigentes, no puede ser elegido para un tercero. Esta diferencia institucional no determina los resultados de las negociaciones, pero condiciona sus tiempos y la implementación de compromisos. Xi vinculó su propuesta de estabilidad con una perspectiva de largo plazo: sostuvo que el rejuvenecimiento de China y el objetivo estadounidense de volver a ser grande pueden avanzar simultáneamente.

Argentina ante la transformación del orden mundial

Para la Argentina, las dos cumbres plantean una cuestión que excede la relación entre Washington y Pekín. Mientras ambas potencias negocian mecanismos para administrar sus diferencias, nuestro país debe definir cómo articular sus vínculos con los distintos centros de poder económico.

El alineamiento del gobierno de Javier Milei con Washington reabre el debate sobre la autonomía estratégica. China es un socio comercial y financiero relevante; Brasil resulta fundamental para la integración productiva regional, y Estados Unidos conserva importancia en inversión, financiamiento y comercio.

El swap de monedas con China, las relaciones económicas con Brasil y las oportunidades de cooperación en infraestructura y tecnología muestran que la diversificación internacional tiene resultados concretos. La discusión consiste en cómo aprovechar esos instrumentos para fortalecer capacidades nacionales y ampliar los márgenes de decisión.

Los BRICS reúnen a varias economías con las que la Argentina mantiene vínculos comerciales significativos. Las oportunidades de financiamiento y transferencia tecnológica pueden evaluarse según su contribución al desarrollo productivo, sin sustituir una dependencia por otra.

Las cumbres de Pekín y Washington muestran que la competencia entre las principales potencias continuará, pero también que su interdependencia las lleva a dialogar. La transformación del orden mundial depende tanto de la distribución del poder como de las capacidades productivas, tecnológicas y financieras de cada país.

Para la Argentina, el desafío es construir desarrollo nacional, ampliar sus opciones de inserción internacional y preservar la capacidad de decidir en un mundo con múltiples centros de poder.

Sabino Vaca Narvaja es exembajador argentino en China

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