En 2027, casi el 40% de quienes pueden votar tendrá entre 16 y 35 años. En el campo argentino, los menores de 40 apenas superan uno de cada diez productores.
¿Quién va a sembrar en 2040?: mientras la política sale a buscar el voto joven, el campo envejece
Mientras en 2027 los jóvenes de entre 16 y 35 años representarán el 39,1% de la población argentina, menos del 11% de los productores agropecuarios tiene menos de 40 años. Brasil, España, Estados Unidos y Francia desarrollaron herramientas para facilitar el acceso al crédito, la tierra y la continuidad de las explotaciones. Qué puede aprender Argentina de esas experiencias.
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El recambio generacional es uno de los desafíos del campo argentino: apenas el 11% de los productores y socios de explotaciones tiene menos de 40 años.
La pregunta es qué les ofrece la política a los jóvenes que quieren quedarse a producir. Mirar lo que hacen otros países ayuda a responderla.
En 2027, las personas de 16 a 35 años serán el 39,1% de la población: unos 14,4 millones de argentinos. Y ningún espacio que aspire a gobernar puede darse el lujo de ignorar ese número.
También vemos que el último Censo Nacional Agropecuario, sobre el que se pueden hacer muchas observaciones, registró que apenas el 11% de los productores y socios de explotaciones a nombre de personas tenía menos de 40 años. Los dos fenómenos comparten algo: la distancia con la política real argentina.
En las legislativas de 2025, más de un tercio de los jóvenes de 18 a 30 años no fue a votar, el nivel más alto de los últimos ocho años y esa es la respuesta lógica de quien no encuentra en la oferta política nada que le hable de su vida concreta.
¿Qué les ofrece hoy el gobierno argentino a los que quieren seguir con el campo familiar o arrancar en tierra alquilada con un equipo usado?
Crédito hay. Este año los bancos ofrecieron líneas en dólares a tasa cero para maquinaria. Son buenas herramientas, pero están destinadas para quien tiene historia bancaria y garantías pero el que empieza no tiene nada de eso. Y hoy no hay un instrumento nacional que reconozca al joven que se instala como una figura propia, con reglas propias.
Otros países tienen respuestas a esto desde hace tiempo.
Brasil tiene desde el 2003 una línea específica de crédito para jóvenes rurales. En el plan de la campaña 2026/27 el tope del Pronaf Jovem subió de 35.000 a 50.000 reales y la tasa bajó del 3% al 2% anual. La sucesión rural pasó a ser uno de los ejes del plan. Este instrumento nació en el primer gobierno de Lula y siguió vigente con Dilma, Temer y Bolsonaro.
España enfrenta un problema parecido al nuestro: su ministro de Agricultura advirtió este año que dos de cada tres titulares de explotaciones estarán en edad de jubilarse en 2030. Hoy destina unos 200 millones de euros anuales a la incorporación de jóvenes y discute frente a la Union Europea para que el 10% de la próxima Política Agraria Común se reserve para el relevo generacional, contra el 6% que propone la Comisión.
La Unión Europea se fijó el objetivo de duplicar la proporción de jóvenes agricultores antes de 2040.
Estados Unidos tiene una categoría legal, el Beginning Farmer, quien lleva diez años o menos al frente de un campo. Para ellos hay préstamos directos y garantizados, programas de capacitación con más de 44 millones de dólares en 2026, y la ley aprobada en julio del año pasado les dio hasta 15 puntos adicionales de subsidio en la prima del seguro agrícola durante sus primeros años.
Francia promulgó en marzo de 2025 una ley de orientación agrícola dedicada al relevo generacional, con una meta explícita: contar en 2035 con al menos 400.000 explotaciones y 500.000 agricultores. Fue una promesa de Emmanuel Macron en la campaña de 2022 y ello tuvo una gran influencia para convertirlo en el primer presidente francés reelecto en veinte años, desde Chirac en 2002.
Lecciones para aprender
Países con gobiernos de signo muy distinto llegaron a conclusiones parecidas:
Para ellos el joven productor existe para la ley. Es sujeto de la política agrícola: tiene una definición, y a partir de ella se construyen el crédito, el seguro y la capacitación. Sin definición no hay política.
El problema no son solo los recursos económicos: es la tierra y la transición. El que empieza necesita acceso a campo, y el que se retira necesita una salida ordenada. Ahí hay trabajo jurídico y fiscal concreto: arrendamientos de largo plazo con incentivos, planificación sucesoria, políticas que permitan el ingreso gradual de la generación siguiente.
La necesidad de la continuidad de estas políticas. El Pronaf Jovem atravesó gobiernos de izquierda y de derecha. Las ayudas europeas a la instalación llevan décadas. Una política de relevo que dura un mandato no es una política de relevo.
Una agenda posible
Argentina tiene piezas sueltas que podrían ordenarse sin grandes presupuestos. Una definición legal del joven productor. Una línea de primera instalación respaldada por los fondos de garantía que ya existen, para suplir justamente lo que el que empieza no tiene. Incentivos para que el productor que se retira arriende o transfiera a quien recién arranca. Y conectividad, escuelas, salud y servicios en los pueblos, porque nadie se queda a producir donde no puede vivir.
Nada de esto es patrimonio de un partido. Es la agenda del interior productivo. El que pretenda el voto de los jóvenes en 2027 va a tener que explicar qué piensa hacer con los que quieren quedarse en el campo. Pero no solo por ellos, sino porque es una deuda que se tiene con un interior que hoy está sembrado de taperas y pueblos que se vacían.
Abogado y productor agropecuario. Ex secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación.
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