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2 de marzo 2006 - 00:00

Defienden que alza de PBI es récord histórico

Un artículo publicado por este diario y firmado por el economista Abel Viglione tuvo una importante repercusión, especialmente entre colaboradores de Felisa Miceli. Todo gira en torno del crecimiento económico de los últimos tres años, y si se trata o no de un récord histórico y su base. El CEFID-AR (Centro de Economíay Finanzas para el Desarrollo de la Argentina) es impulsado por los bancos Nación (de hecho, fue creado bajo la presidencia de Miceli), Provincia de Buenos Aires, Ciudad y Credicoop, y desde donde se nutre intelectualmente el actual equipo económico. La respuesta a Viglione es de su director, afín al "micelismo".

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Es así que desde ámbitos del pensamiento ortodoxo, que no renuncian a una buena dosis de realismo y sentido de oportunidad, se expresan opiniones que asumen lo inobjetable de las mejoras que los números presentan. Pero omiten adjudicar el mérito del éxito al cambio de paradigma de la política económica y manifiestan reservas y advertencias respecto de los elementos más audaces, heterodoxos y progresivos del rumbo escogido.

Abel Viglione, economista de FIEL, publicó en la edición de este periódico del martes 21 de febrero una nota en la que a la vez que enfatiza sobre el crecimiento alcanzado desde 2003 hasta el presente, discute cuantitativamente dicha evolución en un análisis comparado con otras situaciones de períodos históricos diferentes que van desde el siglo XIX hasta la convertibilidad. En la mencionada nota se asume el riesgo metodológico de construir series cortas, trienales, para comparar entre sí momentos dispersos dentro de un largo período que va desde el siglo XIX al XXI. El ejercicio se efectúa contrastando los comportamientos de los componentes de la demanda agregada, haciendo abstracción de elementos cualitativos trascendentes: las profundas diferencias de la composición y complejidad del PBI en los distintos momentos analizados, la mayor o menor calidad del sistema de cuentas nacionales (por cierto muy precario en las primeras etapas analizadas), la sustentabilidad macroeconómica en que operaba la economía, las condiciones de financiamiento del crecimiento y el sentido social del mismo.



Es necesario no pasar por alto el cometido que se propuso Viglione: comparar la primera parte de la convertibilidad con el desempeño económico del trienio 2003-2005. El análisis comparado agrega escaso valor en términos de conclusiones económicas, más aun contribuye a la confusión. Se dice muy poco y se omite lo fundamental cuando se informan tasas de crecimiento sin contextualizarlas en los distintos modelos económicos. Los primeros tres años de la convertibilidad fueron los de las privatizaciones, la liquidación del patrimonio público y la instalación de los pilares de una política económica insustentable en el largo plazo. En síntesis, fue el tiempo de los huevos de la serpiente que se desplegaría con el devenir de la década. En esos primeros años, a pesar de las importantes tasas de crecimiento del PBI, la desocupación se comportó con tendencia creciente alcanzando ya el 9,9% en 1993. A su vez se instalaron los pilares de una macro con tipo de cambio fijo y con moneda apreciada, y de una economía con Estado ausente y mercados concentrados y omnipresentes.

El crecimiento actual, en cambio, se enmarca en la existencia de una macroeconomía consistente, con sector externo sólido, finanzas públicas saneadas, una tasa de desempleo en descenso y niveles de tasas de interés compatibles con el crecimiento de la inversión.

La discusión relevante se encuentra precisamente en asociar el análisis de las tasas de crecimiento de la economía con los conceptos de raíz cualitativa en los que se desenvuelve la misma. La lógica del pensamiento neoliberal, que adorara la estabilización a cualquier precio de la convertibilidad y fogoneara las reformas económicas de los noventa que condujeron al desastre de 2001, hoy intenta relativizar la consistencia de la política económica y desplazar los debates necesarios.

En el artículo, el economista de FIEL no se ahorra una cita que denota la melancolía por el PBI medido en dólares al tipo de cambio sobrevaluado de la convertibilidad. Tampoco la mención del crecimiento de los otros países latinoamericanos durante los últimos años para relativizar el argentino, cuando las tasas de este último fueron superiores a las de los demás países del área.

Hay que dar el debate que corresponde. Hoy se trata de analizar, pensar, discutir acerca de cómo se sigue creciendo, de cómo se define y afianza una estrategia de desarrollo, de las características de la reconstrucción del Estado y su rol en la economía, y de la política redistributiva que apunte a que los beneficios del crecimiento alcancen con intensidad a todos los sectores de la sociedad.

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