Convertibilidad y devaluación

Opiniones

Las últimas medidas que anunció el Gobierno no son más que un sinceramiento de la situación económica que el país está atravesando. El país necesita un plan económico que sea federal, integral y sustentable temporalmente.

Las últimas medidas que anunció el Gobierno no son más que un sinceramiento de la situación económica que el país está atravesando. Perder el tiempo buscando culpables o excusas sólo servirá para profundizar la crisis y que el costo de salir de ella sea mayor.

El país necesita un plan económico que sea federal, integral y sustentable temporalmente. El costo de estos planes siempre es directamente proporcional al nivel de crisis, por lo que se requerirá “cirugía mayor”, pero el costo de postergar medidas será muy alto. El reperfilamiento de la deuda pública en dólares sirvió para alivianar los próximos desembolsos en dólares y salir de la incómoda posición de default, pero aún falta cubrir otros frentes, principalmente el monetario.

Hoy hace falta un programa de competitividad y estabilización monetaria. Y para ello, nada mejor que revisar nuestra propia historia. De poco sirve pensar en ganar una “batalla cultural” en contra de otras divisas, cuando el pueblo no confía en la moneda propia. La pérdida constante del valor de nuestra moneda da cuenta de ello.

Aunque algunos consideren que es políticamente incorrecto decirlo, es necesario implementar un programa de convertibilidad de nuestra moneda contra un pool de divisas representativo de nuestro comercio exterior. Este programa de estabilización debe ser complementado con una devaluación que otorgue competitividad a la producción argentina.

La salida de la crisis debe ser a través del manejo de la variable del tipo de cambio. El aumento de exportaciones, producto de la devaluación, es lo que generó los históricos “superávits gemelos” que crearon un círculo virtuoso en la economía argentina en el período 2002-2007.

Por otra parte, una devaluación sería también un sinceramiento de la situación monetaria argentina. Las alicaídas reservas están en torno de los u$s42.500 millones, en tanto que la sumatoria de la base monetaria y los pasivos remunerados del BCRA se encuentran en los $4.842.885 millones, estableciendo un tipo de cambio convertible teórico de $114 por dólar, siendo éste superior al oficial, de $77.

No obstante, si a las reservas se les restan diversos ítems como los encajes bancarios, swaps y otros depósitos, las reservas netas se encuentran en apenas u$s3.690 millones, llevando el tipo de cambio convertible teórico a $1.312 por dólar.

Claramente, una devaluación no sólo generaría un “boost” a las exportaciones, mejorando la balanza comercial y la recaudación, sino que también sería un sinceramiento monetario.

El BCRA debería buscar la manera de absorber los pasivos remunerados, tales como las Leliq, de una forma eficiente. Para ello, debería evaluarse la posibilidad de emitir un título con una baja tasa fija para que sean canjeables por estos y que se permita que puedan ser computados como encajes por los bancos, de forma de atenuar el impacto sobre el sistema financiero.

La inflación siempre es un riesgo latente en nuestra economía. La caída de la actividad económica atenuó la suba de los precios pese al aumento de la base monetaria. Para este año 2020 las estimaciones, aun con pandemia, están en torno al 38% anual. En 2019 se registró una inflación de 54%. Pero en cuanto la actividad comience a incrementarse, naturalmente se producirá el efecto inflacionario.

Es por ello que un plan de estabilización monetaria a través de la convertibilidad de la moneda nacional puede otorgar la previsibilidad que los agentes económicos necesitan. La evidencia histórica muestra que partiendo de una inflación en 1989 de 3.100%, los años de convertibilidad la colocaron en un promedio anual menor del 3%.

El pool de monedas convertibles debería reflejar el comercio exterior de nuestro país. Los acuerdos de swaps, como el vigente con China, pueden servir para fortalecer las reservas del BCRA. De igual manera, y siendo la Argentina uno de sus principales “asistidos”, el FMI tiene importantes incentivos para colaborar con un programa de estabilización económica.

Claro que hay que aprender de los propios errores y realizar un sinceramiento del gasto público. Un plan de estabilización no es compatible con un déficit constante ni con una alta presión tributaria. Quizás sea momento de replantearse algunas cuestiones, como el sentido del gasto en asuntos que atañen pura y exclusivamente al sector privado, o que encuentran duplicaciones en el Presupuesto nacional y los presupuestos provinciales. Quizás, los últimos acontecimientos sirvan como disparador para una discusión profunda y federal sobre la asignación de recursos y potestades tributarias.

No hay dudas de que este tipo de programas conllevan altos costos. Pero si no se toma la decisión, en poco tiempo más miraremos con añoranza las dificultades del presente.

(*) Licenciado en Finanzas y Abogado. Consultor económico y corporativo.

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