ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

26 de marzo 2021 - 18:45

Dolarizar Argentina no es la convertibilidad de los 90'

La convertibilidad de los 90' no tiene nada que ver con una propuesta de dolarización plena de la economía. Los cimientos son distintos porque en el bimonetarismo de la convertibilidad se convivía a diario con la devaluación del peso, el país contaba con un Banco Central independiente que podía emitir y el régimen se sustentaba en la disciplina del BCRA.

ver más
Gentileza: El Oriental

Una de las principales razones de por qué no se discute con mayor profundidad una posible dolarización completa de la economía argentina está dada porque lo primero que se piensa es que “ya lo hicimos en los 90’ y chocamos”.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Por ende, ¿por qué deberíamos volver a probar una propuesta monetaria que resultó ser una bomba de tiempo?

Sin embargo, esta percepción se debe al desconocimiento que existe respecto a la dolarización. Vamos a analizar cómo en realidad ambos programas resultan ser antagónicos y radicalmente distintos desde sus raíces.

Una moneda o dos monedas

En primer lugar, en el proceso de convertibilidad, también llamada caja de conversión, como bien dice la palabra, lo que se busca es tener la posibilidad de convertir la moneda nacional por otra extranjera. En el caso de Argentina, se utilizó al dólar americano bajo un régimen de paridad cambiaria “1 a 1”, en la que el peso argentino se podía convertir por un dólar americano.

Es decir, la moneda nacional siguió vigente y no fue reemplazada por el dólar, sino que se buscó estabilizar dándole un valor y tomando como referencia otra moneda internacional. Por ende, la convertibilidad es la expresión máxima del bimonetarismo, porque a partir de la Ley de Convertibilidad dictada en 1991, tanto el peso como el dólar se podían utilizar de manera legal, ofreciendo las virtudes de cualquier moneda: reserva de valor, medio de intercambio y unidad de cuenta.

Sin embargo, la dolarización completa de Argentina significa que dejamos definitivamente de utilizar el peso y damos lugar al dólar como única moneda legal en el país.

En este caso, desaparece el bimonetarismo, el cual resulta ser el mayor problema estructural económico con el que convive la economía doméstica. Por ello, para simplificártelo: en la convertibilidad convivís con dos monedas, con la dolarización tu única divisa es el dólar. Esto es fundamental de entender, ya que más adelante veremos las consecuencias que tiene que una economía se maneje con una o con dos monedas.

El rol del Banco Central

En segundo lugar, el régimen de convertibilidad se rige a partir de un valor fundamental: la base monetaria, es decir, los pesos circulando en la economía deben estar 100% respaldados por la moneda que se elija de conversión. Esta resulta ser la piedra angular para que el programa tenga la confianza necesaria para que funcione en el tiempo. Acá hay tres cuestiones que son muy importantes de entender:

Estos tres puntos son centrales porque aquí comienzan a desgranarse y a clarificarse las extraordinarias diferencias entre la dolarización y la convertibilidad. En este sentido vemos que, aunque ambos regímenes suelen utilizarse para anclar expectativas inflacionarias, la estabilidad que genera la dolarización es extremadamente mayor a las fragilidades que genera la inestabilidad del bimonetarismo de la convertibilidad.

Para poder explicártelo en “criollo”: ¿Cómo pudimos permitir fijar un tipo de cambio con el dólar que se basaba en la responsabilidad del Banco Central para mantenerla? Es como si le diéramos una Ferrari a nuestro hijo de 18 años. Las posibilidades de “pegársela de frente” eran altísimas.

Por otro lado, en el proceso de dolarización completa, no dependemos de la responsabilidad del Banco Central para tener estabilidad económica. Los dólares circulan en la economía y no se pueden “fabricar” como obra de magia imprimiéndolos. Nuevamente, aquí no existen dos monedas y no hay que mantener ningún tipo de cambio “ficticio” sino que solo circulan los dólares.

El riesgo devaluatorio

En tercer lugar, a diferencia de una dolarización completa, en el régimen de convertibilidad coexisten activos y pasivos bancarios en dos monedas de curso legal, es decir, hay préstamos bancarios en pesos y dólares, con tasas de interés diferenciadas.

Esto es clave de entender ya que durante la convertibilidad de los 90’, un préstamo personal en pesos o un préstamo tomado por una empresa primera línea de Argentina pagaba un costo financiero mayor al costo de endeudarse en dólares.

Este diferencial de riesgo financiero se puede traducir en que la percepción de una posible devaluación y salida de la convertibilidad era latente. Para traducírtelo, nadie creía que ese cambio “1 a 1” fuera a durar durante un tiempo prolongado, por ello, si te endeudabas en pesos tenías un mayor costo asociado a una posible devaluación de la moneda.

Esto resulta ser radicalmente distinto en la dolarización plena, ya que en este escenario no existe la posibilidad de endeudarse en pesos, porque los pesos no existen más. En este caso, la dolarización permite eliminar uno de los mayores riesgos que puede correr cualquier empresa, emprendedor, ahorrista o empresario, a la hora de endeudarse y es no estar cubierto.

Para simplificarte este concepto, siempre que decidís tomar un préstamo, lo hacés pensando que vas a tener los recursos a futuro para poder repagarlo en el tiempo. Si eso no sucede, te sumergís en un problemón financiero porque no tenés la capacidad de hacer frente a tus obligaciones, que pueden devenir en dificultades no solo económicas sino también legales.

En el caso de la convertibilidad, al representar en su máxima expresión al bimonetarismo, se convivía en un riesgo sistémico asociado a no tener la capacidad de devolver mis deudas si el país devaluaba. Tal es así, que Argentina en el 2001 instauró un corralito y nunca devolvió el valor total de los ahorros de millones de argentinos. En un régimen de dolarización, desaparece el riesgo sistémico de la devaluación, porque no existe otra moneda más que el dólar americano.

Para concluir, vemos que la convertibilidad de los 90’ no tiene nada que ver con una propuesta de dolarización plena de la economía. Los cimientos son distintos porque en el bimonetarismo de la convertibilidad se convivía a diario con la devaluación del peso, el país contaba con un Banco Central independiente que podía emitir y el régimen se sustentaba en la disciplina del BCRA. Por el contrario, en la dolarización no existe riesgo devaluatorio y la sustentación del régimen no se basa en la disciplina de nuestro indisciplinado (ex) Banco Central.

* El autor es director de Romano Group, director de la diplomatura de Mercado de Capitales de la Universidad Austral y máster en Finanzas y Políticas Públicas (Universidad de Columbia).

Últimas noticias

Te puede interesar

Otras noticias