¿Iceberg, pantano o autopista? No se ve la salida del laberinto en esta crisis

Opiniones

La cuestión cambiaria domina la escena. Es la caja de resonancia de problemas de fondo. Sin consensos no hay valor posible para un tipo de cambio estable.

Estamos en un contexto de crisis similar a las que ocurrieron desde los ́70. La tuvieron los peronistas en 1975, los militares en 1982 y 1983, los radicales desde 1988, Carlos Menem en 1989 y 1990, la Alianza desde 2000, Cristina Fernández en su segundo mandato y Mauricio Macri desde el 2018.

Acecha una vez más el problema de las crisis recurrentes cuyas causas de fondo no vamos a discutir en estas breves líneas. Parecería que el desequilibrio es la constante de nuestra evolución desde que perdimos el rumbo, tal como lo plantea Pablo Gerchunoff, desde principios de los ́70.

El Ministro quiere tranquilizar la economía, no es lo que se percibe en el sistema económico. No haremos leña del árbol caído pero cuesta ver que con este equipo económico se pueda revertir la situación que estamos viviendo. La renovación principal es de la conducción política en un nuevo estilo y orientación. Pareciera que no hay un plan claro, ni ideas innovadoras, ni equipo que esté a la altura de los acontecimientos.

Sin pandemia este hubiese sido un año más, quizás con una recesión leve pero el Covid-19 lo alteró todo y sacó a relucir el déficit de gestión económica como también la inoperancia sanitaria.

Las expectativas económicas son adversas y el clima de inversión muy hostil. La inversión respecto al producto se encuentra en valores mínimos históricos. En efecto, la inversión es clave para impulsar el empleo, variable crucial de la economía.

En relación a la inversión Vaca Muerta no puede arrancar bien con estos niveles de brecha cambiaria y el precio del petróleo bajo aún. Actualmente se quiere impulsar el Plan Gas para activar la producción.

La cuestión cambiaria domina la escena. Es la caja de resonancia de problemas de fondo. Sin consensos no hay valor posible para un tipo de cambio estable. De hecho, aún no hay un acuerdo por un dólar real más alto, si bien es la aspiración del Presidente.

Respecto al escenario probable post pandemia, no se dispone de un 2003 expansivo como el que protagonizó Néstor Kirchner en el superciclo de materias primas (autopista). Lo que se espera es más bien pantano y dificultades típicas de los 80. El escenario económico de disrupción violenta del sistema (iceberg) es una posibilidad pero todavía hay margen para la reforma.

En el gobierno hay esperanza respecto al segundo trimestre del año próximo, se espera un flujo importante de dólares para fortalecer reservas. El efecto del clima en el campo es relevante para explicar los volúmenes de la nueva cosecha en un contexto de precios internacionales interesantes por la devaluación del dólar. La cosecha se torna muy clave por el aporte de los dólares para mitigar la presión cambiaria.

La inflación no se ha disparado, está contenida por controles diversos. Las paritarias al 28% ayudan a la estabilidad de precios. El salario real se derrumba. Habrá reducción del ingreso real de los jubilados. Este tema es una convicción de Guzmán con la que comenzó a operar en el verano cuando asumió el peronismo. Nunca lo van a reconocer.

Por ahora no hay corrida bancaria, la corrida es cambiaria. No se tocan los depósitos en dólares, dice el jefe de gobierno en una frase, como mínimo, curiosa. Si bien han caído a la mitad los depósitos que están en divisas, de 30.000 millones a 15.000, sabemos que el sistema está sólido con encajes en el Banco Central y contrapartida de los dólares depositados en negocios de exportación en dólares. Los bancos están con buenos niveles de liquidez. El sistema, a diferencia de 2001, está sólido.

El Merval no ha mejorado, es toda una señal. Los activos argentinos cayeron 40% lo cual no ocurrió en el resto del mundo. A su vez, desde 2018 no se pueden colocar bonos en el exterior. Por otro lado, cayeron los bonos lo que es contraintuitivo después de un canje de la deuda relativamente exitoso.

Las utilidades del Banco Central se usaron y se usan para financiar las necesidades fiscales de la pandemia. El mercado espera poca inflación para 2021, entre 40 y 60 %, podría ser mucho mayor dada la actual y esperada emisión de pesos.

El Fondo está con nosotros una vez más y se espera un arreglo constructivo desplazando los vencimientos que quedaron muy cerca y enormes en el acuerdo de Macri. El FMI no puede fracasar con Argentina porque prestó demasiado de forma imprudente y se comprometió mucho con Macri quizás por consejo de Trump.

El déficit primario ideal de 2021 sería de 3%. El número del presupuesto en 4,2% luce poco ambicioso. El déficit fiscal es el ancla del sistema, un número que el Fondo seguramente va a orientar a que sea exigente. Esto es una mala noticia para los arquitectos de la campaña electoral que demandarán más keynesianismo fiscal. De acuerdo con Guzmán, el gasto público no es reducible. Ciertamente es un tema estructural para corregir y es clave para asegurar la sustentabilidad fiscal que plantea siempre el Ministro lo cual es una contradicción en su pensamiento.

Respecto al contexto internacional, la discusión de Estados Unidos contra China ha reducido el déficit de balance comercial, no sabemos si es mérito de Trump pero ocurrió en su mandato. La Fed quiere que la inflación americana esté en 2% anual promedio, van a intervenir para lograrlo. Esto deriva en un contexto de gran liquidez que seguramente no podremos aprovechar.

En definitiva, para las empresas un contexto muy difícil. Entre colisión con el iceberg, pantano o autopista parece que estamos en modo pantano, pero en estas semanas nos jugamos buena parte del partido.

(*) Director del Área Economía IAE Business School, Universidad Austral.

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