30 de septiembre 2008 - 00:00

El mundo entra en la dimensión desconocida

Son tiempos de incumplimiento. No sólo se caen los bancos. Como ya es costumbre.También las votaciones parlamentarias. Lo que, en verdad, alarma. La inestabilidad financiera -el dato que era conocido- no se lleva bien con la ceguera política. Ni el presidente que se va -George Bush Jr.- ni el aspirante a sucederlo -John McCain-lograron encolumnar el apoyo republicano. Pero tampoco Nancy Pelosi -la vehemente líder demócrata, portavoz de la Cámara de Diputados- pudo evitar la defección de 95 de los suyos. Así, no hubo quien rescatara al plan de rescate de la zozobra más absoluta, en su bautismo de fuego en el Congreso. El percance -un sorpresivo default de punteros políticos- permitió corroborar, al menos, un acierto de sus impulsores. Tanto el secretario del Tesoro, Henry Paulson, como el titular de la Fed, Ben Bernanke, proclamaron hasta el cansancio que si la iniciativa era rechazada, los mercados arderían. Y ayer, en efecto, fueron pasto fácil de las llamas.

Apagar el incendio será tarea ímproba. Las negociaciones se retomarán de inmediato, pero, si antes se pensaba que existía consenso y un acuerdo sellado, ahora reinan las dudas y nadie se atreve a garantizar un desenlace en las próximas horas. Mientras tanto, las llamaradas se propagan de prisa. No se limitan, por cierto, a los EE.UU. Una carambola a tres bandas -Fortis en Bélgica y Holanda, Bradford & Bingley en Gran Bretaña y Hypo Bank en Alemania- recordó ayer que la necesidad de salvamento pertenece también a la agenda europea más urgente. Que, trascartón, la Fed haya extendido su programa de swaps cambiarios en 330 mil millones de dólares confirma la difusión internacional de las cepas nativas de virus hipotecario. La participación de los bancos centrales de Inglaterra, Europeo (BCE), Canadá, Australia, Japón, Noruega, Suecia, Suiza y Dinamarca en las líneas recíprocas de canje de divisas con la Fed permite la trazabilidad del contagio. Y el monto del programa -que pasó de 290 mil millones de dólares a 620 mil millones- da cuenta de su creciente magnitud.

Mientras el Congreso resuelve qué hacer, es la Fed la que está a cargo. Y ensaya malabarismos con el arsenal monetario. Se sabe que, después de la caída de Lehman Brothers, es la solvencia del sistema financiero lo que se retuerce en el ojo del huracán. Y no es la política monetaria en sentido estricto, sino la fiscal, la que puede reparar los daños. Pero, así y todo, la Fed se prodiga en mitigar sus efectos.

  • Insuficiente

  • Como la circulación del mercado monetario (de corto plazo) se ocluyó después de Lehman, la Fed debe bombear liquidez y ocuparse de que ésta llegue a cada uno de sus vasos capilares. No basta con anegar el compartimiento de los bancos comerciales, nada garantiza, por ejemplo, que el sobrante fluirá hacia los bancos de inversión. Así se crearon diversas ventanillas específicas de asistencia. Ya se dijo que los compromisos de la Fed, al miércoles pasado, totalizaban 262 mil millones de dólares en redescuentos varios, 150 mil millones en las subastas de fondos TAF y 86 mil millones de dólares en pases. En números redondos, 500 mil millones. Pero las tensiones, del último miércoles al presente, recrudecieron aún más. Washington Mutual perdió 9% de sus depósitos en los diez días hábiles previos a su defunción el jueves. No se explica la veloz debacle del banco Wachovia si jueves y viernes no lo barrió la desconfianza de sus clientes. Bancos como City National y Sovereign recibieron ayer en las Bolsas el fatídico beso de la muerte (caídas a plomo de las que nadie, en esta crisis, pudo luego volver). Cuando se conozcan las cifras de los redescuentos, quedará acreditada la extrema virulencia de la hora. Ayer, por lo pronto, la Fed de Richmond avisó que los grifos estaban abiertos para facilitar la transición de los depositantes de Wachovia al Citigroup. Y también ayer la Fed anunció que su programa de licitaciones de recursos TAF aumentará de 150 mil millones de dólares a 350 mil millones. A buen entendedor, sobran palabras. Ello supone dos reconocimientos. Está claro que nadie le presta a nadie. Y, además, que los problemas muerden de lleno en el seno de la banca comercial, bajo la órbita directa de la Fed y no sólo en las inmediaciones (mal) vigiladas por la SEC, la OTS, la FHFA o la Superintendencia de Seguros de Nueva York.

    Es un fina ironía que, mientras el Congreso titubea con la propuesta Paulson por 700 mil millones de dólares, la Fed haya montado en paralelo un programa de igual envergadura. En efecto, los 500 mil millones de dólares ya comprometidos de asistencia, treparán en 200 mil millones cuando se realicen las subastas TAF ampliadas. Es verdad que Henry Paulson plantea la compra lisa y llana de activos mientras la Fed sólo los recibe en garantía. En rigor, la Fed alquila su hoja de balance y facilita liquidez inmediata (en saldos de cuenta en dólares o títulos del Tesoro) a cambio de instrumentos financieros de cada vez más incierto pelaje y dudosa capacidad de realización. Pero si la crisis echa raíces, y sus estertores se agravan hasta arrasar a buena parte de la banca, esos activos que arribaron como simple colateral podrán terminar definitivamente en sus vitrinas. Como compras no deseadas. Sin requerir, por cierto, ninguna autorización expresa del Congreso. El plan de rescate, entre otros, también ayudará a rescatar las finanzas de la Fed.

  • Resurrección

    Estados Unidos es, todavía, una economía de mercado. Aunque no lo parezca. Y, en el sistema bancario, las leyes de Darwin son las que rigen hasta que el Congreso sancione un cuerpo alternativo. De hecho, como la corporación federal que administra el seguro de los depósitos, la FDIC, ha decidido economizar al máximo el uso del fondo de cobertura, se asiste a una resurrección del proceso de selección natural en su versión más pura. Crecer o perecer es la consigna. Citigroup, ayer, tomando por asalto los activos y pasivos del Banco Wachovia es una demostración flamante. El mismo Wachovia que, diez días atrás, era el caballero blanco de Morgan Stanley no pudo sobrevivir a la aniquilación de Washington Mutual (destripado, a su vez, por JP Morgan Chase, la semana pasada). Qué tan sólido hubiera sido un hipotético banco Wachovia + Morgan Stanley, uno se pregunta. Después de todo, lo que atragantó a Wachovia fue una mala adquisición, Golden Wing Financial, que lo atiborró de hipotecas de paladar negro, hoy reputadas como venenosas. El nuevo Citigroup plus es, por cierto, demasiado grande para tropezar. Otros pescados de menor tamaño caerán primero. Pero el gigante de 1,3 billón de dólares en depósitos es también una formidable olla de riesgos; los que ya traía en las alforjas más los que añade la fusión. Y nada sugiere que la agregación permita reducirlos por diversificación cuando lo que se apilan son hipotecas sobre más hipotecas. Pero la decisión es entendible. Si la crisis caza a los bancos de a uno, y va de menor a mayor, Citi consigue un mejor lugar en la fila. Y, más interesante aún, si el Congreso finalmente aprueba el plan de rescate -sobre todo, si el criterio de valuación de activos que se utiliza es el que sugirió Bernanke- resultará una maniobra brillante adquirir los activos de Wachovia a precio de remate para venderlos luego a los valores más elevados, de tenencia a largo plazo.
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