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15 de agosto 2008 - 00:00

El mundo regresa a la "gran inflación"

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La economía mundial podría estar dirigiéndose haciauna repetición de la «gran inflación» de los años setenta, y esta vez posiblemente de manera más acentuada ya que está coincidiendo con una crisis crediticia y una deflación patrimonial en varios de los países desarrollados. Esto no obstante los elevados precios del petróleo, de las materias primas, la caída del sector construcción, la disminución de la riqueza y el endurecimiento del crédito han frenado ya la demanda del mundo desarrollado.

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Mientras tanto, la prosperidad de los países desarrollados durante los últimos años ha sido ahora reemplazada por el impacto del desabastecimiento como consecuencia del incremento de los precios del petróleo, de las materias primas, de un clima inestable, de las barreras al comercio y del endurecimiento de las normas ambientales, todo lo cual ha ayudado a fomentar la inflación.

Las fuerzas que amparan un crecimiento sólido y una baja en los precios, tales como un mejor manejo de los inventarios, el control de la inflación, la globalización y nuevos instrumentos financieros, están perdiendo su capacidad de bajar y estabilizar la inflación. Los precios de las importaciones están aumentando como consecuencia de los mayores costos de producción y transporte, los inventarios más reducidos mantienen altos y volátiles los precios de las materias primas, mientras los responsables de la política monetaria tienen las manos atadas, ya que al liberar de trabas al crecimiento (lo que requiere una política de menores tasas de interés) se ve obstaculizado por el peligro de un crecimiento de la inflación (que obliga a una política de mayores tasas de interés).

Al igual que a principios de los años setenta, la política monetaria libre de los EE.UU., juntamente con las políticas de anclaje al dólar o de estrictos controles cambiarios de muchas economías emergentes, ha conducido a un excesivo crecimiento y liquidez en dichos países, ocasionando el crecimiento explosivo de las materias primas y de la inflación. Los mercados emergentes que, de manera explícita o implícita, han anclado al dólar sus monedas han afectado en gran medida su capacidad de combatir la inflación con revaluaciones monetarias.

  • Controles

  • Los EE.UU. no han recurrido aún, como lo hizo Nixon, al control de precios y salarios, pero los controles de los precios y las subvenciones en los países en desarrollo permiten que por lo menos la mitad de la población mundial pague menos del precio internacional por los combustibles y los alimentos, falseando el mercado y debilitando la reducción de la demanda, reducción que finalmente ayudaría a bajar los precios. Ahora algunos productores han comenzado a trasladar a los consumidores los incrementos de precios: un sindicato de productores de acero ha anunciado recientemente que el precio del acero aumenta por haberse duplicado el costo de sus insumos, el carbón y el mineral de hierro. Estos incrementos también se trasladarán, aumentando los precios de los bienes al consumidor, como los de los autos.

    A diferencia de los años setenta, no ha comenzado aún de manera extendida la espiral precios-salarios, salvo excepciones en algún mercado emergente y en algunas zonas de Europa. Muchos economistas opinan que sin el ingrediente clave de la inflación salarial, la elevada inflación representa un fenómeno temporal. Sin embargo, la falta de una inflación de salarios es una espada de doble filo, ya que el estancamiento de los salarios, en medio de un incremento de los precios de bienes y servicios, reduce el poder de compra del consumidor. Esta situación, al contrario, puede impulsar las expectativas de inflación si los consumidores creen que sus ingresos podrán comprar siempre menos en el futuro. Las consecuencias han comenzado a observarse en algunos lugares de Europa y del mundo desarrollado.

    En líneas generales, la inflación sigue siendo menor que la de los setenta y los indicadores de tendencia de la inflación permanecen moderados. Sin embargo, dejando de lado las comparaciones con los setenta, muchos factores apuntan hacia un persistente incremento de la misma no obstante una disminución de la demanda global. La mayor parte de la población mundial ya padece de una inflación de dos dígitos de los precios al consumidor. La suba de los precios al consumidor permanece en un dígito en los países desarrollados, pero es elevada después de un largo período de deflación en los años ochenta y noventa.

    Lamentablemente, es muy poco lo que pueden hacer aislados incrementos de tasas de interés en el mundo desarrolladopara hacer frente al aumentode los precios de las materias primas como consecuencia de la fuerte demanda de los mercados emergentes. Estos deberían incrementar de manera mucho más significativa sus tasas de interés antes que un fuerte cambio ascendente de la expectativa inflacionaria apriete el gatillo de la espiral precios-salarios. Pero es más probable que dichas economías (donde el impacto de los precios de las materias primas está alimentando desórdenes sociales) no quieran endurecer su política monetaria en la medida necesaria y dejar revaluar sus monedas lo suficiente para controlar la inflación. La disminución del crecimiento interno que implicarían dichas políticas monetarias solucionaría la caída del crecimiento a causa del declive económico del G-7. El resultado podría ser una decisión política equivocada que conduciría hacia un incremento de la inflación global.

    La inflación es la hija legítima del manejo monetario. Las constantes emisiones de liquidez de parte de los bancos centrales para sustentar a los bancos y a la economía tienen un efecto negativo sobre el valor de la moneda y encarecen los bienes reales. Dadas las malas noticias respecto del mercado inmobiliario y por ende respecto del sistema financiero norteamericano no hay razón para que este proceso se revierta en el corto plazo.

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