(El experto en mercados internacionales personificado como Gordon Gekko, recordado personaje de la película «Wall Street», considera prematura la recuperación de las cotizaciones, pero no se muestra preocupado por el enfriamiento del mercado inmobiliario estadounidense. Respecto del próximo movimiento de la Fed no vislumbra una baja de las tasas.)
PERIODISTA: La confianza de los consumidores tambalea, y la de los economistas no es muy alta. Se pelean por decir quién fue el primero que pronosticó la recesión del año que viene. Releyendo las minutas de la Fed tampoco se detecta un derroche de optimismo. ¿De dónde han sacado los mercados tanta autoestima?
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Gordon Gekko: Lo que no mata, fortalece. Y la tormenta de mayo y junio -queda claro- no pudo quebrarlos.
G.G.: Creo simplemente que no los exageran. Pero -a diferencia de lo que aconteció a principio de año- no los pasan por alto. Son mercados, que se han depurado con la corrección operada y, por ende, conscientes de los peligros. Quizás, a mi gusto, la suba sea precoz -creo que navegamos una fase inestable, de convicciones frágiles, que se va a estirar hasta las elecciones norteamericanas en noviembre- pero el rumbo me parece adecuado.
P.: ¿No lo asusta el cariz que va tomando el desenlace de la bonanza inmobiliaria?
G.G.: No. Pero quizás la Bolsa sí se asuste más adelante. Por eso le decía que pensaba en un mercado prematuro -muy vulnerable ante los cambios de opinión cuando precisamente uno ve abrirse más el abanico de los puntos de vista- aunque no errado en su orientación.
P.: La Bolsa no descuenta que el enfriamiento de las ventas y de la construcción de viviendas depare una recesión. Pero los economistas que afirman lo contrario ya constituyen una legión...
G.G.: La Bolsa temía más las consecuencias adversas de un exceso de celo monetario por parte de la Fed que las que pudiera generar el fin de la efervescencia en la plaza inmobiliaria.
P.: Eso está claro. Pero, aun así, una debacle en el valor de las propiedades alcanza y sobra para propiciar un mercado bajista («bear») en acciones...
G.G.: Por supuesto. También es posible que lo primero ocurra sin que la Bolsa -o la economía- sucumba. Y aquí estoy de acuerdo con lo que señalan las cotizaciones bursátiles: entre estos dos mundos posibles, este último me parece, por lejos, el más probable. Lo cual no sería, tampoco, una novedad. Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda ya recorrieron ese camino. Y, a decir verdad, en ningún caso, el fin de la «burbuja» produjo una debacle de precios...
P.: La vivienda es el principal-activo en la hoja de balance de las familias. Hasta el momento, su contribución ha sido la de fogonear una corriente constante de ganancias de capital que ha alimentado una gran apreciación de los patrimonios. ¿Cómo responderán los hogares cuando esta fuente desaparezca de buenas a primeras?
G.G.: Para los hogares norteamericanos no ha sido todo soplar y hacer botellas. Después de todo, su patrimonio se contrajo en el año 2000. Y lo mismo volvió a ocurrir en 2001 y en 2002. A pesar -como usted bien dicede la fuerte valorización de sus viviendas.
P.: No lo recordaba.
G.G.: Yo lo tengo presente. Es verdad que la casa propia es el renglón individual más valioso de la riqueza de las familias, pero el portafolio de activos financieros -acciones, bonos, fondos de retiro y otros- lo supera en monto cuando se lo toma en su conjunto. Suma casi el doble: 39.8 billones de dólares contra 20.4 billones en viviendas. No tengo dudas de que las familias van a moderar sus consumos. Ello ocurrió en todos los países que atravesaron una coyuntura similar.
P.: Esa es la idea del aterrizaje suave. Pero nada lo garantiza por anticipado.
G.G.: Correcto. Por eso la Fed se ha tomado un respiro. La información que la Fed busca tiene que ver con la profundidad del ajuste inmobiliario, su impacto sobre el empleo y, sobre todo, con las decisiones de consumo. En aras de verificar mejor el terreno, la Fed prefirió no apurar el embate contra la inflación. Y ello motivó el voto disidente de Jeff Lacker...
P.: ¿Piensa que eventualmente la Fed tendrá que decidir una baja de tasas?
G.G.: Normalmente, seis meses después de la última suba, la Fed se ve obligada a disparar una baja para equilibrar la situación. Y, con frecuencia, no queda allí. La secuencia de tres recortes es muy común. Pero pienso que todavía no es un tópico que aparezca en su radar...
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