La Reserva Federal resolvió elevar la tasa de 3,5% a 3,75%. El comunicado trasunta la valoración de que los efectos del huracán serán transitorios, sobre el ingreso y el empleo, pudiendo elevar los precios de la energía y su volatilidad. También la visión de que la política monetaria es todavía expansiva y que la inflación de fondo es reducida. Luego repite la fórmula habitual, que prevé seguir haciendo menos expansiva la actual política monetaria.
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Cabe recordar que todavía restan tres reuniones bajo la tutela de Alan Greenspan, hasta el 31 de enero de 2006, al cual no se ha nombrado sucesor. De seguir con el actual ritmo de aumentos, la tasa podría alcanzar a 4,50%, a partir de febrero del año próximo.
Muchos analistas piensan que los altos precios del petróleo contraerán la demanda global del conjunto del mundo, lo cual disminuiría la demanda de fondos y las tasas de interés. Hablan de un efecto similar al de un impuesto. Por ello, creen que las tasas de interés de corto plazo norteamericanas no continuarán subiendo.
No comparto esa visión. Si bien los compradores de energía deberán desembolsar más plata, por los precios más altos, ese dinero no se esfuma, sino que va a los bolsillos de los productores. Tendríamos una redistribución de ingresos efectuada en el mercado, esto es, en forma consensuada, lo cual no es contractivo. La demanda global del planeta no tiene por qué contraerse, a menos que se afecte la confianza, el crédito global. Como explico en el libro «La riqueza de los países y su gente», el crédito es el gran limitante y condicionante de toda actividad. Un mayor precio de la energía resultará en que los productores extiendan mayor crédito a los compradores. Porque, de otra manera, no podrían venderlo y deberían resignarse a un precio menor. ¿Pero qué mejor deudor que los países avanzados, grandes importadores de combustible?
Tampoco comparto que se asemeje el mayor precio de un bien, o de un commodity, como el petróleo, a un impuesto. Porque el mayor precio es una consecuencia de decisiones libres y el vendedor necesariamente dará un uso a ese mayor ingreso. Un impuesto, por el contrario, es una redistribución forzada de ingresos que, como todo acto forzoso, destruye riqueza. En el libro mencionado explico que la riqueza de una sociedad es el resultado de acciones voluntarias. Por ello nunca puede equipararse un aumento de precios con mayores impuestos.
• Katrina
A las posibles presiones alcistas de los precios, por el petróleo, se suma la absorción de recursos para reconstruir las zonas afectadas por Katrina. Esos esfuerzos elevarán la demanda de crédito y, necesariamente, las tasas de interés de largo plazo. Al mismo tiempo, ese impulso dará un mayor ímpetu a la actividad económica en los EE.UU.
Por otra parte, las tasas de interés de largo plazo están en niveles desconcertadamente reducidos, según la famosa opinión de Greenspan. De manera que el futuro próximo debería depararnos mayor actividad y mayores tasas de interés. Con impacto en los precios de los diferentes activos.
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