Guillermo Moreno también vive en el Banco Central
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A su vez, dentro del resultado primario nacional de $ 23.500 millones para los primeros 7 meses del año, el gobierno computó como ingreso $ 4.500 millones (de un total de $ 7.700 millones) de utilidades obtenidas por el BCRA en 2007, que fueron transferidas al Tesoro.
Esta manera del gobierno de «crear» superávits fiscales tiene los siguientes problemas.
Primero, hay una mala consolidación del BCRA junto con el gobierno central desde el momento en que se incorpora como ingreso del Tesoro sólo el resultado superavitario del ente emisor sin tomar en cuenta sus gastos de administración y de emisión monetaria, lo que lleva a una subestimación del gasto público, aunque no del resultado.
Segundo y gravísimo. La lógica indica que un banco central sea recontrasuperavitario porque cobra intereses sobre las reservas internacionales y no paga tasa alguna por acumularlas, al hacerlo emitiendo base monetaria. Este no ha sido el caso argentino (siempre tratando de inventar el círculo cuadrado), a raíz de que todo el peso de la poca política anticíclica que ha habido desde que comenzó la recuperación económica en 2003 cayó sobre el BCRA (hay $ 60.000 millones de Lebac y Nobac) porque el fisco se gastó ($ 260.000 millones) casi todo el aumento de recaudación por $ 270.000 millones. No en vano hay sospechas de que puede ocurrir un nuevo default.
Y como la tasa de interés que cobra por las reservas es de sólo 3,8% cuando la que paga por sus títulos es de 10,5%, el resultado «standard» del BCRA siempre fue deficitario. Sólo se equilibra si se le agregan los intereses que pagan los bancos por los créditos que reciben del Central. En el mejor de los casos, es 0. Si el resultado « global» fue y es superavitario, se debe a ganancias de capital y otras yerbas ($ 6.200 millones en 2007), que logró por invertir en activos financieros denominados en monedas que se apreciaron frente al dólar (cayó 38% contra el euro desde 2002). Todo conocedor del mercado de cambios sabe que es imposible ganar siempre con monedas porque es una inversión extremadamente riesgosa. En efecto, desde la tercera semana de julio, el dólar ya se apreció 10% generándole al BCRA pérdidas cambiarias por los mismos motivos por los cuales antes ganaba. Es una locura que si el Banco Central pierde plata por su actividad normal o, en el mejor de los casos, está en equilibrio, le transfiera utilidades al Tesoro por diferencias de cambio que pueden desaparecer o, peor, ser negativas de la noche a la mañana para que aquél pague salarios, jubilaciones, subsidios o «dibuje» un resultado superavitario que no existe para bajar el riesgo-país y la tasa de interés doméstica.
Además, si algún día se volviera a devaluar fuerte (cosa que muchos fanáticos circunstanciales del modelo productivo ya están pidiendo) para generar más impuesto inflacionario y cubrir las necesidades de financiamiento, se podría llegar al absurdo de computar ese aumento de las reservas en pesos por la suba del dólar como una «flor» de ganancia de capital en el balance del BCRA y luego distribuirla como utilidades al Tesoro. Esto ya ocurrió en 1967, con Adalbert Krieger Vasena como ministro de Economía y Enrique Folcini como presidente del Banco Central.
O sea, el impuesto inflacionario puesto como si fuera una «especie» de IVA. Poco serio, pero muy parecido a la ridiculez noventista de poner como si fueran impuestos a los dólares obtenidos por las privatizaciones cuando, en realidad, eran una ganancia de capital que se generaba al vender caro (por obra y gracia del operador extranjero) algo que valía 0 por estar en manos de un gerenciador (el Estado argentino) que había fundido a las empresas públicas.
Moreno parece ser una suerte de «Diosgato»: está en todos lados (también en el Banco Central). Y, además, tiene varias vidas; la conferencia de prensa de la Presidente del pasado sábado 2 de agosto le devolvió una.




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