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9 de enero 2007 - 00:00

Inflación 2006: ¿ficticia o real? ¿Y para este año?

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Se conoció el índice de precios de diciembre y la inflación para 2006 terminó en un dígito, 9,8%, y el gobierno y los economistas lo festejamos. En tanto, la gente tuvo la sensación de que los precios habían subido mucho... y tienen razón. Hay que aclarar que es un porcentaje alto y que, en América del Sur, solamente es superado por dos países y que un nivel de inflación razonable es de no más de 5%, como tuvimos en 2003 y hasta mediados de 2004. Además, hubo otros comentarios reflejados en los medios que convienen analizar:

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a) «Los precios « congelados» crecieron 3,5%, los «acordados» 6,5% y los « libres» subieron 15%; por lo tanto, la inflación hubiera sido cercana a esta última si no intervenía el gobierno»: Esto no es así. Un ejemplo claro es el mito de que la inflación de los últimos años no fue más alta gracias al « congelamiento» de las tarifas de servicios públicos. Sin embargo, el hecho de que yo no tuviera que gastar más en estas prestaciones me permitió aumentar mis erogaciones en otros rubros aun más todavía. Así, estos sectores tuvieron la posibilidad de incrementar mucho más sus precios de lo que hubieran subido si yo tenía que gastar más en servicios públicos. A la inversa, cuando las tarifas tengan que subir, reduciré mi gasto en otros sectores que tendrán que ajustar sus precios. Lo concreto es que, más allá de una suba puntual, la inflación en el corto plazo terminará siendo la misma; aunque se genera una enorme distorsión de los valores relativos. Esto último no es bueno, ya que los precios son el mecanismo por el cual los consumidores le damos señales a los inversores de dónde necesitamos que inviertan para satisfacer nuestras necesidades. Conclusión, en la actualidad, la inversión se dirige adonde le señalan las distorsiones que genera un funcionario «iluminado» y difícilmente esté yendo donde nos sería útil a los demás.

b) «Los servicios no regulados están aumentando fuerte los precios; lo cual no se refleja en el IPC»: Cuando se produce una devaluación, los primeros que suben son aquellos bienes que se pueden exportar y los que compiten con importaciones, porque cotizan en dólares. Por ende, es lógico que aumenten más los precios al por mayor o al productor que los de los minoristas, que se ven obligados a bajar sus márgenes para no perder demasiadas ventas. Con la recuperación económica resurge la demanda interna y esto le permite a los sectores prestadores de servicios (salud, educación, comercialización, entretenimientos) empezar a recuperar sus ingresos. O sea que lo que está pasando, con otra composición de precios relativos, ocurriría igual sin «acuerdos» ni «congelamientos».

c) «El índice no es representativo de la verdadera inflación, ya que el gobierno manipula los precios que allí se relevan»: Hay que reconocer que existe una priorización en los controles de precios de aquellos bienes y servicios con alta injerencia en la canasta que mide la inflación. Sin embargo, son miles de precios y miles de productos los que releva el INDEC para hacer el índice. Parece exagerado creer que es factible «manejar» tantos precios desde el gobierno. De todas formas, puede haber algún sesgo menor por este hecho.

d) «La sensación de la gente es que el IPC no refleja la realidad de la inflación»: La canasta que se releva es un promedio de la de una encuesta realizada entre la clase media. Sería mucha casualidad que la de cada uno de nosotros coincidiera con ésta; por lo que, tampoco, lo hará la suba de precios. Por otro lado, la gente percibe una «sensación térmica» que, generalmente, mide en lo que cuesta llenar el «changuito» en el supermercado. Justamente todo lo que subió fuertemente luego de la devaluación, por ser bienes que se exportan o que se pueden importar. Sin embargo, no nos acordamos de aquellos que no suben porque están «congelados» por el gobierno o porque en medio de la crisis no tienen demanda suficiente. Estos últimos son, en su mayoría, servicios; los cuales están subiendo ahora que se recupera el gasto interno y, por ello, nos llaman la atención. O sea, rara vez, nuestra « sensación térmica» promedia la suba de precios de nuestros gastos; con lo cual difícilmente coincidirá con el aumento real. Por último, lo que sale un «changuito» es en lo que gastan los más pobres, que son los más afectados al inicio de la devaluación. En cambio, cuando suben los servicios, los que sienten el mayor impacto negativo son los sectores de clase media, cuya mayor proporción de erogaciones va a ese sector. Así llegamos a la conclusión de que la baja de inflación de 12,3% de 2005 a 9,8% de 2006 es el reflejo aproximado de la realidad, más allá de alguna distorsión marginal, y que los « acuerdos» y «congelamientos» tuvieron poco que ver en ello. Entonces, ¿por qué bajó la inflación?

En cualquier mercado, si el productor de un bien produce más de lo que la gente quiere, su precio baja. En la Argentina, hasta mediados de 2004, el Banco Central pudo emitir muchísimos pesos para comprar dólares y sostener alto el tipo de cambio debido a que la gente estaba recuperando sus licuadas tenencias de moneda por la devaluación. A partir de dicha fecha, la demanda de pesos llegó a los niveles deseados y empezó a aumentar más lentamente. En tanto, la fuerte emisión para adquirir divisas continuó, superando lo que la gente quería; lo cual empezó a hacer bajar el valor del peso. El problema es que éste es la unidad de medida de los precios de todos los bienes y servicios. Por lo tanto, si yo achico un «metro» todo lo que mida contra él aumentará. Eso es inflación y el motivo por el que se observa como una suba generalizada de precios.

  • Programa

    Luego de la aceleración inflacionaria de 2005 y a partir de febrero de 2006, prudentemente, el Banco Central empezó a moderar la emisión de pesos. Si bien siguió sosteniendo el tipo de cambio y comprando reservas, lo hizo en mayor medida con endeudamiento (Lebac y Nobac). Por lo tanto, los pesos que el Banco Central le colocaba de «prepo» a la gente pasaron de crecer más de 30% anual, a principios de 2006, a alrededor de 25% al final. Por ende, esto alcanzó para bajar la inflación algo más de un par de puntos porcentuales.

    ¿Qué podemos esperar para 2007? El Banco Central dio a conocer el programa monetario que indica cuál será su estrategia para este año y del que surge que su objetivo seguirá siendo un nivel de inflación de un dígito y que actuará de la misma forma que en 2006. Además, no esperamos un índice menor a 9%; porque significaría dejar caer el tipo de cambio o tener que comprar divisas con demasiado endeudamiento, lo que afectaría el resultado positivo de su balance. Este es el verdadero camino para tener una inflación baja.
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