El 31 de mayo de 2024, tres jóvenes amigos fueron a celebrar a una pequeña isla en medio del cauce del río Natisone en Premariacco, Italia. Allí, fueron sorprendidos por una repentina crecida del río, y, a pesar de los intentos de rescate, lamentablemente los tres terminaron arrastrados por la corriente y fallecieron. Las imágenes de ellos abrazados en un intento desesperado de mantenerse juntos antes de ser llevados por el agua dieron la vuelta al mundo y se transformaron en un trágico símbolo del agravamiento de los fenómenos climáticos extremos que caracterizan la crisis climática actual.
La catastrófica inundación sufrida por la ciudad de Bahía Blanca el pasado 7 de marzo, producto de lluvias torrenciales que descargaron aproximadamente 290 milímetros de agua en un lapso de 12 horas, también se inscribe en este contexto. Un estudio preliminar de ClimateMeter, proyecto del Laboratorio francés de Ciencias del Clima y del Medio Ambiente, confirmó que el cambio climático había potenciado las inundaciones de marzo en Argentina.
El año 2024 fue el más cálido jamás registrado, consolidando una década (2015-2024) que ya es reconocida como la más calurosa desde que existen registros, según lo señalado por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
Las consecuencias de la crisis climática son cada vez más evidentes y los últimos meses han sido especialmente duros en términos de impactos ambientales. Los fenómenos meteorológicos extremos han causado muertes, destrucción y grandes pérdidas económicas en todo el mundo.
Río Grande del Sur sufrió hace menos de un año, la peor inundación en Brasil en más de 80 años. En Libia, una gran tormenta descargó lluvias torrenciales en la costa, devastando ciudades como Derna. A fines de 2023, Valencia en España sufrió una devastadora DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), que provocó inundaciones catastróficas.
La inundación de Bahía Blanca fue resultado de una severa tormenta que precipitó en 12 horas tanta lluvia como suele caer en seis meses. También evidenció serias deficiencias en el diseño urbano de la ciudad, producto de decisiones de políticas públicas inadecuadas en el pasado. A pesar del desfinanciamiento del Servicio Meteorológico Nacional, su Sistema de Alertas Tempranas permitió al municipio suspender preventivamente las clases y otras actividades, lo que sin dudas evitó un mayor número de víctimas fatales.
El experto bahiense, ingeniero hidráulico Juan Carlos Scheffer, señala como una de las principales causas de la inundación los problemas derivados del incorrecto entubamiento del arroyo Napostá y la falta de obras hídricas fundamentales. Bahía Blanca se encuentra en la cuenca inferior de este arroyo, lo que aumenta su vulnerabilidad. Al igual que la Ciudad de Buenos Aires con sus once arroyos entubados entre 1920 y 1960, Bahía Blanca concretó el entubamiento del arroyo Napostá, durante la última dictadura militar. En aquel entonces, se optó por entubar en lugar de sanear el arroyo, que recibía residuos y efluentes industriales y cloacales.
Lo que se consideraba un obstáculo para la modernidad y el desarrollo económico, en lugar de solucionarse, se decidió ocultar. Sin embargo, la naturaleza es más fuerte, y aún más cuando sufre las alteraciones provocadas por la actividad humana, como la emisión de gases de efecto invernadero y la deforestación.
Dado el riesgo creciente de estos fenómenos climáticos extremos, es crucial implementar políticas de adaptación climática y aumentar su financiamiento, sin descuidar las metas de mitigación del cambio climático. Estas metas, sin embargo, enfrentan nuevas amenazas por el avance de discursos negacionistas en nuestro país.
Precisamente, este será uno de los temas clave a debatir en la próxima Cumbre Climática COP 30, que se celebrará en noviembre de 2025 en Belém do Pará, Brasil, en el corazón del Amazonas.
Director del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresaria y Capital Social (FCE-UBA), Secretario Ejecutivo de la Red Iberoamericana de Universidades por la RSE (RedUniRSE)
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