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Por Adriana Coliqueo
Candidata al Consejo de la Magistratura
Cuando un alto porcentaje de la ciudadanía descree de la justicia, aquellas personas que trabajamos y formamos parte de ese universo nos vemos interpeladas. ¿Queremos la justicia que tenemos? ¿Cómo la transformaríamos? ¿De qué modo?
Esas son apenas algunas de las preguntas que nos movilizan, que nos invitar a debatir e imaginar un sistema de justicia que sea amplio, inclusivo, confiable.
En ese esquema, el Consejo de la Magistratura resulta central para afrontar algunos de los desafíos del presente. Pienso primero en la paridad: el 56 por ciento de la matrícula universitaria de abogacía es de las mujeres, aunque los cargos más altos en el Poder Judicial nos estén vedados. Los hombres, no sorprende, configuran el 69 por ciento de las máximas autoridades judiciales. De eso hablamos cuando planteamos la necesidad de una reforma judicial feminista: romper con el techo de cristal e ir por más. El Relator Especial sobre la independencia de los magistrados y abogados de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Diego García–Sayán, advirtió que las mujeres con cargas familiares disponen de menos tiempo para cumplir con ciertos requisitos académicos. En la práctica, ello implica que muchas terminan siendo excluidas de los ámbitos de formación, con el impacto que ello genera en su desarrollo profesional. Si no tenemos en vista estas desigualdades al momento de revisar el procedimiento de selección de magistrados y magistradas, por ejemplo, no dejaremos de reproducir las inequidades que nos atraviesan. Lo mismo podría considerarse respecto de las diversidades: promover la inserción laboral de las personas trans constituye un compromiso ineludible con los derechos humanos en el camino de transformación del Poder Judicial.
Nuestra tarea como representantes de las y los abogados no puede desconocer la realidad del universo en el que incidimos. Hoy en día, el reglamento de procedimiento para la selección de jueces y juezas obstaculiza el acceso a la magistratura de las y los abogados de a pie. Resulta fundamental erradicar la endogamia judicial y revalorizar la inserción de colegas provenientes del ejercicio liberal de nuestra profesión. La pluralidad de voces y el trabajo colectivo fortalece las instituciones. Y por ello debemos trabajar.
Cuando una sociedad mira con desconfianza a su sistema de justicia, debemos atender esa alarma, participar, comprometernos. No se trata de un órgano más: el Consejo de la Magistratura es central para llevar adelante la transformación. Federalizarlo, fortalecer la colegiación y representación de las y los abogados de a pie en su estructura y transversalizar la perspectiva de género en su funcionamiento son algunos aspectos que, en clave de justicia social, contribuirán sin duda alguna con la construcción de la justicia que queremos.
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