(«En el corto plazo, la clave pasa por las expectativas de inflación, y lo último que se ha visto es que mejoraron. El mercado parece haberse convencido de que no hay peligros de inflación en el largo plazo.» Este es el pensamiento del experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street». A continuación, el diálogo que mantuvo con este diario.)
Periodista: Bernanke parece ser como el colesterol. Hay uno malo y otro bueno. Hoy (por ayer) en el Congreso asomó su rostro más amable...
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Gordon Gekko: Ha sido una intervención de neta raigambre greenspaniana. Después de la mano de cal de principios de junio, hoy (por ayer) y con los mercados domesticados optó por una de arena.
P.: El informe de inflación de junio no fue muy elogiable. Sobre todo teniendo presente que la energía, esta vez, no jugó en contra...
G.G.: Que, por cierto, no va a ser el caso de julio...
P.: ¿Cómo se entiende?
G.G.: El Bernanke filoso del 5 de junio sostuvo que si la inflación subyacente mantenía las lecturas de sus últimos promedios de tres y seis meses, ingresaba en un terreno que la Fed no podía admitir...
P.: Lo recuerdo.
G.G.: Pues bien, esos promedios -cuando ahora uno incorpora los datos, entonces no disponibles, de mayo y junio- no se han mantenido sino que han escalado. La inflación minorista -sin energía ni alimentos- que había avanzado a un ritmo de 2,2% tanto en 2004 como en 2005 se aceleró este año. Un punto porcentual completo, cuando se anualizan las cifras del primer semestre. Y ello encubre una prisa aun mayor en el segundo trimestre: 3,6%.
P.: Sin embargo, Bernanke no tensó la cuerda. Prefirió compensar poniendo el acento en el debilitamiento de la economía...
G.G.: Bernanke descomprimió el discurso. Pero no se engañe, la cuerda ya la tensó...
P.: Subió las tasas a fines de junio...
G.G.: ¿No fue eso, acaso, lo que decidió la Fed en su última reunión?
P.: ¿Cree que la tensará de nuevo a principios de agosto?
G.G.: Lo creía antes de escucharlo a Bernanke. Lo sigo creyendo después...
P.: El mercado no está tan convencido. ¿El propio cambio de tono de su mensaje no es un guiño a la posibilidad de tomarse un descanso?
G.G.: Ahí soy yo el que no está convencido. Lo que sí admito es que la Fed elevó el umbral de lo tolerable en materia de inflación.
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Las proyecciones de inflación se corrigieron en alza a un rango entre 2,25% y 3% para todo 2006, con un valor central ubicado entre 2,25% y 2,50%. Como siempre, medido según el índice subyacente del deflactor del gasto personal (que arroja lecturas algo inferiores al índice de precios al consumidor). El nuevo mensaje es que la inflación subirá un poco más de lo previsto en 2006 para bajar luego en 2007. Como estos retoques vienen incorporados en un discurso dicho sin beligerancias, ahí sí veo un guiño.
P.: Que no impedirá que las tasas lleguen a 5,50% el 8 de agosto...
G.G.: Tal vez sirva para la reunión de setiembre.
P.: Todo dependerá de cómo se encuentre la economía en esos momentos...
G.G.: Hay una variable clave -quizás más importante en el corto plazo- y son las expectativas de inflación. Si usted pregunta qué fue lo que cambió en el frente inflacionario entre el 5 de junio y hoy (por ayer) le diría que son las expectativas. Amagaron desatarse en mayo o, mejor dicho, subieron, aunque sin desviarse de su rango de volatilidad. Y gente como Bill Poole -el titular de la Reserva de St. Louis- debe haber pegado el grito en el cielo. Este lunes -en un reportaje periodístico- Poole estaba sedado. Hoy (por ayer) el informe de precios no fue bueno pero los mercados compran la idea de que no hay riesgos en la inflación de largo plazo. Esto es esencial conservarlo.
P.: ¿Y qué rol juega la salud de la economía? Bernanke después de todo enfatizó que tendrá presentes los efectos acumulativos de las subas de tasas...
G.G.: No hay dudas de que importa. Pero ya esto se decía a principios de año. Sucede que si usted quiere mantener la inflación a raya y el precio del petróleo -a pesar de la política monetaria- no frena sus alzas, deberá transigir aceptando una economía más débil.
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