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Hace 30 años, en países desarrollados como EE.UU., Japón, Alemania, Francia e Italia, la industria representaba alrededor de 1/3 del PBI y hoy ha caído a niveles de entre 15% y 20%, la producción agropecuaria representaba entre 5% y 8%, y en la actualidad ha caído a un rango de entre 1% y 3%. En países que se están desarrollando desde hace por lo menos tres décadas a una velocidad envidiable, la industria ha caído desde 35% a 25% del PBI en China, desde 25% a 15% en Corea, desde 15% a 10% en Irlanda, de 25% a 15% en Chile. O sea, ser rico o estar yendo por el camino correcto del crecimiento sostenido es igual a expansión en todos los sectores, pero con pérdida de participación relativa en la torta del PBI del agro y de la industria debido a cambios de precios relativos asociados a las propias vísceras del proceso de desarrollo (efecto Balassa-Samuelson).
Al igual que el resto del mundo, en la Argentina también la industria y el agro han perdido peso en las últimas 3 décadas... pero ¡sin crecimiento económico alguno! Aun después de la espectacular recuperación que hemos tenido desde 2003, el PBI real per cápita hoy es el mismo que hace 30 años. Sin embargo, la industria representaba 35% del PBI a principios de los '70 y luego de la nefasta tablita de Martínez de Hoz era 28% (7 puntos menos). Se mantuvo ahí hasta que se lanzó la convertibilidad en abril de 1991, y antes de la devaluación de principios de 2002 había caído 10 puntos para situarse en 18% del PBI. Entre 2003 y 2005 recuperó 7% del PBI para llegar a 25%. Es como si el modelo productivo de Duhalde y Kirchner le hubieran devuelto a la industria lo que «Joe» Martínez de Hoz le quitó (7%) quedando la convertibilidad como el gran «verdugo» de la industria de la últimas tres décadas (-10%).
También se bajaron aranceles a la importación que, en teoría, implica desprotección a la industria que compite con importaciones a cambio de proteger a los que usan los productos industriales como insumos para después exportar y mejorar el bienestar del consumidor. Pero, en realidad, con el «agua» que había en la infinita tarifa de los aranceles a la importación hace 30 años, la reducción arancelaria causó una baja en la renta «trucha» que tenían los industriales que sustituían importaciones. De todas maneras, esto también ha causado una baja de la industria en la «bolsa» del PBI, aunque por este motivo, en buena hora.
Finalmente, el tercer y más importante suceso que ha tenido que enfrentar no sólo la industria que compite con importaciones sino también la industria que exporta, el turismo y el campo, o sea, todo el complejo de producción de bienes transables internacionalmente, han sido los cambios de blanco a negro o de la noche a la mañana o de 180 grados en la política cambiaria fruto de políticas fiscales irresponsables de endeudamientos externos alocados. Hemos pasado de tipos de cambio superdepreciados como después del Rodrigazo, al atraso cambiario récord hasta ese momento de 120% de Martínez de Hoz con propiedades que llegaron a valer 6.000 dólares el m² a mediados de 1980. Luego de vuelta a las devaluaciones reales salvajes de 80% de la hiperinflación para retornar nuevamente al dólar regalado de la convertibilidad (ridículamente, a fines de 1998, Buenos Aires tenía los costos de Londres) con 120% de apreciación real que se astilla por completo en enero de 2002 (65% de depreciación real del tipo de cambio) cuando nace el «modelo productivo».
Es esta fenomenal volatilidad en el tipo real de cambio de los sectores volcados al comercio internacional que ha deteriorado su participación en el PBI. La industria cayó de 35% a 25% y el campo, de 15% a la mitad. Sin embargo, por un lado hoy tenemos retenciones a las exportaciones (diferenciadas por sector) que son un verdadero «penalty» para venderle nuestros productos al resto del mundo, o sea que hoy castigamos al campo y a la industria que exporta, y por otro, hemos limitado las importaciones de baterías, heladeras, termotanques, lavarropas, textiles y hemos postergado el libre comercio de autos con Brasil para 2008, y además el gobierno se prepara para subsidiar el costo de los automotores. Un tratamiento totalmente asimétrico sin justificativo alguno. Y los mismos beneficiados por el favor oficial kirchnerista vienen por más. La UIA, en su reciente cónclave de Mar del Plata pidió otra vez un BANADE (Lavagna dijo que sí) y promociones industriales sector por sector.
Entonces ¿ha habido desindustrialización? Respuesta: sí. Pero seguidamente hay que aclarar que aún en una economía que en los últimos 30 años no creció también hubo pérdida de participación del campo que no disfruta, como sí ocurre con la industria, de favores oficiales exagerados e inadmisibles. Desarrollar un capitalismo de origen nacional que, por un lado, castiga al que exporta con impuestos directos a su actividad y, por el otro, premia al que compite con importaciones con cierres de la economía, crédito blando y desgravaciones impositivas, es no entender nada de lo que han hecho los países que ya son ricos o que, si no lo son todavía, nos han pasado el trapo en los últimos 30 años.
Además de la disciplina fiscal y el dólar caro que ya tenemos, se necesitan presiones impositivas formales mínimas, no distorsivas, bajos y uniformes aranceles a la importación y estabilidad en las reglas de juego.
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