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La incorporación de la reforma política al tema de la inseguridad no parece natural ni comprensible, excepto que encubra un atajo en dirección a otro objetivo político.
La reforma política es necesaria, sin embargo, con o sin dobles intenciones, pero debería respetarse la autonomía de su necesidad. Hay dos riesgos en mezclar la iniciativa de reforma política con un plan de combate a la inseguridad. Por un lado, que las iniciativas de reformas queden parcializadas, cuando éste es un tema que debe encararse de forma integral y, por el otro, que se vacíe de contenido el proceso mismo de la reforma. Esta necesidad surge no sólo de la recomendación de los especialistas en instituciones políticas, que sugieren una serie de modificaciones para mejorar la gobernabilidad, la representación y la participación. Surge, también, de las demandas de la sociedad que todavía no ha cerrado la brecha de confianza en su dirigencia y siente una enorme distancia entre electores y elegidos.
El primer paso debería hacer cumplir lo que ya está en la ley: la democracia interna de los partidos, el financiamiento de las campañas electorales y restablecer la vigencia de las elecciones internas abiertas y simultáneas, legislación existente desde 2003 que no pudo aplicarse. Tenemos las leyes pero no existe el organismo que pueda ejecutarlas.
Necesitamos, por lo tanto, crear por ley un órgano electoral independiente, formado por profesionales no partidarios, financieramente autónomo, que esté en condiciones de auditar a la política e imponerle el cumplimiento de la ley.
El segundo paso debería preparar el juego completo de una reforma, y ponerle tiempos y formas -no importa cuáles- a su instrumentación. Ese programa debería incluir, sin orden de importancia:
• Una nueva afiliación general en los partidos políticos porque no sabemos realmente cuántos adherentes tiene cada uno.
• Flexibilizar el sistema de la lista sábana, reduciendo la magnitud del problema por lo menos en los seis grandes distritos electorales en los cuales vota 80% del electorado. En estos distritos, es común que una lista de candidatos desconocidos sea arrastrada por un candidato mediático.
• Establecer progresivamente el voto electrónico. Pese a las críticas provocadas por dificultades en su implementación, es uno de los instrumentos más transparentes que pueden utilizarse para combatir las prácticas clientelistas en las grandes ciudades.
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