El experto en mercados mundiales bajo el apodo de Gordon Gekko, personaje principal de la película "Wall Street", analiza por qué los banqueros están vendiendo rápidamente participaciones importantes de su capital accionario. Asegura que la estrategia de Merrill Lynch generará el reclamo de los accionistas minoritarios.
PERIODISTA: Escoba nueva barre bien. A la cabeza de Merrill Lynch, su flamante timonel, John Thain, aplicó una estrategia muy agresiva para reunir 7.500 millones de dólares.
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Gordon Gekko: Recolectó 5.600 millones de dólares con una colocación privada de nuevas acciones -en bloque, a dos grandes inversores-a un precio de 48 dólares por unidad. Y cedió una opción por otros 600 millones de dólares.
G.G.: Usted lo dijo: Thain fue muy agresivo. Piense que, en enero, la acción supo valer 98 dólares.
P.: ¿Los demás accionistas no tienen derecho a protesta? No recuerdo que Citi, UBS o Morgan Stanley hayan abrochado sus recientes transacciones a un precio por debajo del que regía en Bolsa.
G.G.: Merrill Lynch no les está entregando a los compradores un instrumento convertible en acciones que permita ganar, por un tiempo, un cupón alto de intereses (en el caso de Citigroup era 11% anual) y que, de esa manera, maquille el precio neto de la operación.
P.: En esta oportunidad, el descuento quedó a la vista.
G.G.: Entiendo que se tratóde 10% en el momento de cerrar el trato.
P.: ¿Es justo para los accionistas minoritarios? ¿No debería habérseles ofrecido la posibilidad de participar?
G.G.: Seguramente será tema de discusión. Cuando mejoren las condiciones, se puede pensar en una oferta pública con chances de éxito. Un anuncio así, en la actualidad, corre el riesgo de provocar un tropiezo mayor que el que ya traen las cotizaciones sobre sus espaldas. Por eso se apela a la negociación privada y a la comunicación del hecho consumado. La colocación pública, hoy por hoy, está limitada a las acciones preferidas de los bancos. Esa sí es una ventanilla que permanece utilizable.
P.: Los propietarios existentes están siendo licuados por la nueva emisión de acciones. Es un perjuicio serio.
G.G.: Es lógico que los dueños de los bancos sufran una erosión. La dilución es el costo de reponer el capital que se evaporó.
P.: Parecería que el costo actual -con las cotizaciones en niveles mínimos y la necesidad de endulzar las condiciones de compra-es muy elevado. Merrill Lynch no toca los 48 dólares desde 2004.
G.G.: Hay otras alternativas a mano. Que, en general, se usan en combinación. UBS, por ejemplo, recurrió al pago de dividendos en acciones.
P.: La manera elegante de cortar los dividendos que cuentan, aquellos que se oblan en efectivo.
G.G.: Usted lo ha dicho. Otras entidades apelaron al recorte parcial de dividendos,sin subterfugios. Fannie Mae, Freddie Mac, Washington Mutual.
P.: No todavía los grandes nombres de la banca.
G.G.: Salvo UBS. Es un recurso de instancia posterior.
P.: Goldman Sachs especula con que Citigroup deberá reducir sus dividendos en 40%. ¿Lo ve factible?
G.G.: Hace tiempo que los mercados anticipan un recorte. Entre 40% y 50%. Sin embargo, lo primero que dijo Robert Rubin -cuando se desplazó a la anterior conducción-fue que no se los tocará. En rigor, se prefirió vender 4,9% del banco a la Autoridad de Inversión de Abu Dhabi y así conformar un colchón de 7.500 millones de dólares. Para que establezca una comparación válida: los dividendos anuales suman 10.800 millones.
P.: Es mucho dinero.
G.G.: De ahí la persistencia de la apuesta a que serán cercenados en parte.
P.: Si la historia sirve de guía, y ya vimos que el desembarco de un inversor árabe se repite, los dividendos serán mutilados.
G.G.: Tiene buena memoria. En efecto, los pagos fueron reducidos en diciembre de 1990 tras una novela similar de tira y afloja.
P.: Merrill Lynch vendió acciones a dos inversores diferentes. Uno de ellos, cuándo no, un fondo soberano. Pero también se desprendió de la mayor parte de una subsidiaria en Chicago-Merrill Lynch Capital-que pasa a manos del conglomerado GE.
G.G.: Son 10 mil millones de dólares de créditos y 5 mil millones en compromisos que son transferidos a cambio, presumiblemente, de 1.500 millones de dólares. Una operación rotulada como una venta de activos no estratégicos.
P.: Thain parece haber barrido todos los rincones. ¿Habrá puesto a Merrill Lynch, por fin, delante de los acontecimientos?
G.G.: Lo razonable sería esperar que, en los próximos días, llegue una nueva factura por accidentes, y entonces se sabrá mejor.
P.: ¿Todo este paquete de iniciativas es el comité de recepción de nuevas pérdidas considerables?
G.G.: Usted se preguntó por qué los accionistas no protestaban. No sería descabellado que la contabilidad del cuarto trimestre reconozca quebrantos adicionales por 6 o 7 mil millones de dólares. Goldman Sachs, inclusive, ve un percance de más de 11 mil millones vinculado al negocio subprime.
P.: ¿No cree que los bancos hayan dejado atrás lo peor de la crisis?
G.G.: Si los banqueros creyeran eso no estarían vendiendo tan de prisa participaciones importantes de su capital accionario. Con descuentos de peso. Todo indica que se preparan para un invierno, sino largo, muy exigente. Noticias como la caída de 1,4% en los precios de las viviendas en las 20 principales ciudades de EE.UU. en octubre no alientan, por cierto, la idea de una solución por la vía rápida. La arquitectura hipotecaria estuvo siempre construida sobre la convicción de que los precios de los bienes raíces, a nivel nacional, podían subir mucho, pero nunca bajar. No en forma nominal. Y ya acumulan una merma de más de 6% en el último año, sin visos de cicatrizar pronto.
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