Lousteau en la Edad de Piedra
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Respecto de la sojización, la respuesta debería ir a buscarla en parte en el destrozo del mercado de la carne, de la leche y del trigo que ha hecho su «compañero de ruta» Guillermo Moreno, tal como lo calificó el pelilargo ministro, al prohibir exportaciones, cerrar registros de exportación, fijar precios e intervenir mercados (como el de Liniers), al mismo tiempo que la oleaginosa pasaba a valer oro en el mercado internacional.
También merece un párrafo el dato de que busca mayor valor agregado en las exportaciones. ¿De dónde sacó que el agro y el petróleo no invierten ni procesan nada? De la realidad no y de «El Principito» tampoco. Por otro lado, mal puede ir a buscar esa miel expropiando a los exportables tradicionales y subsidiando a la industria con proteccionismos y otras yerbas por doquier. Y ni hablar con el desastre educativo actual, uno de los más grandes impedimentos para exportar con alto valor agregado.
Lo que propone Lousteau es lo que se lleva a cabo desde hace más de medio siglo, siempre hacia atrás en la dirección. No hay evidencia histórica de países exitosos que hayan cambiado la ventaja comparativa de esta manera y mucho menos con Hugo Moyano consiguiendo aumentos de salarios en dólares a 25% anual. Si se quiere exportar algún día con más valor agregado que hoy, la receta es la de los países que han crecido muchas décadas a tasa alta y sostenida en vez de emular al Trío los Panchos de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa: o sea, dólar caro (el nuestro es cada vez más barato), estado mínimo (atender a los pobres, proveer alta educación, salud básica y seguridad) para que los impuestos sean bajos. Y lo más importante: ningún gravamen que trabe el libre comercio.
Tampoco el atraso es sólo debido al frustrante plan de convertibilidad que ni él ni su padrino intelectual (hoy circunstancial contestatario del modelo productivo), Javier González Fraga, criticaron cuando aquélla gozaba de aparente buena salud, pero cocinaba a fuego lento el desastre de 2001/2002. Aquél fue sólo un punto en el desgraciado tiempo del país. La decadencia argentina se debe justamente a la sucesión, durante décadas, de medidas como las adoptadas por Lousteau el martes pasado. Palos a los exportables para desarrollar una industria protegida por altos aranceles a la importación de bienes finales e insumos baratos (bajos aranceles a la importación de bienes de capital y precios máximos para agro y petróleo) y que ahora ya vuelve a pedir una banca de fomento como si el regalo del BANADE no les hubiera alcanzado.
Finalmente, aunque sin demasiada relevancia, durante algunos años Lousteau ejerció la profesión de consultor macroeconómico. Por lo tanto, sabe perfectamente lo esencial que es contar con estadísticas oficiales creíbles como condición necesaria para ejercer la profesión de manera adecuada. Entonces, es penoso que defienda la «cocina» abominable que se hace en el INDEC de todas las cifras sobre la economía del país.
Lousteau, en el mejor de los casos, es el último responsable de los dibujos sobre la deuda pública, las cifras de resultado fiscal, la inflación, el desempleo, los salarios reales, la pobreza, la indigencia, el consumo de servicios públicos, las ventas en supermercados y shopping y de cómo se distribuye el ingreso.




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