Mira quien presta

Opiniones

El lanzamiento de una nueva línea de créditos para pymes, siempre bienvenida, puso de nuevo en consideración el papel de la banca en el apoyo al crecimiento del sector privado argentino. Sin embargo, como casi siempre en la Argentina, se plantean «opiniones» más vinculadas a prejuicios que a juicios y teorías sin respaldo.

En primer lugar, no está claro por qué es mejor financiar la oferta (producción), que la demanda (consumo). Después de todo, de qué sirve aumentar la producción, si después los consumidores no tienen fondos para comprar. Seguramente, si se hubiera seguido esa tesitura, hoy el reclamo político sería «préstenles a los consumidores, para que puedan comprar los productos». Es más, en el «modelo productivo» de los primeros años de la gestión Duhalde-Kirchner, en donde se generaron rentabilidades extraordinarias vía licuación de gastos y cierre de hecho de la economía por la megadevaluación, es probable que el modelo «óptimo» haya sido, justamente, financiar la expansión de la producción con la reinversión de utilidades y el consumo, de asalariados con bajos ingresos y recuperando empleo, con crédito.

Además, cabe recordar que, al igual que los políticos, los banqueros administran fondos de terceros. Es decir que arriesgan la plata de los demás. Los políticos, en general, olvidan este aspecto de su gestión y se sienten «dueños» de manejar a voluntad los recursos públicos, total no tienen la obligación de devolverlos. Será por ello que se consideran en condiciones de apostrofar a los demás, como si los banqueros no tuvieran la obligación de administrar responsablemente el dinero que reciben. Miren el ejemplo de la crisis financiera de los Estados Unidos. Mientras los bancos prestaban a quienes no eran sujeto de crédito, nadie decía nada. Todos contentos porque los bancos cumplían su «rol social». Ahora, que se pone de manifiesto que prestaron mal, la crítica generalizada es «son unos irresponsables». Por otra parte, y siguiendo con el ejemplo internacional: los fondos a la producción, de largo plazo, sólo lo pueden otorgar los bancos si detrás tienen fondeo de largo plazo. Fondeo que brindan los inversores institucionales y el mercado de capitales en general. Con tasas de inflación de 20% anual, sin instrumentos indexados, y con contrarreforma previsional, no hay estímulo para ahorros de largo plazo, ni posibilidad de fondearlo. Lo antedicho no es una defensa de los banqueros, que tienen sus propias ineficiencias. Pero éstas deberían ser evaluadas, en el contexto local y, en todo caso, corregidas y castigadas por el entorno regulatorio del Banco Central y no por declamaciones vacías.

Y hablando de entorno. Primero se generan leyes impositivas y laborales que sesgan en contra de las pymes, aumentando fuertemente sus contingencias y riesgos y después, el mismo gobierno, reclama que se les dé crédito a las pymes y las subsidia. Sería mucho más eficiente y barato utilizar esos subsidios para un régimen impositivo y laboral especial para pymes, que bajara dramáticamente las contingencias e incentivar, a partir de allí, regulatoriamente, a las entidades financieras para que mejoren su evaluación de riesgo pyme.

Pero más allá de todo esto, se supone que la banca pública precisamente, tiene su razón de ser, en parte, en cubrir estas «fallas de mercado» del sistema financiero privado. Es decir, deberíamos observar que la banca pública sí le presta a la producción y no al consumo. Pero ¿Qué dicen los datos?

En el cuadro que acompaña estas líneas se muestra la variación de diversos rubros del balance de los bancos entre noviembre de 2007 (último dato abierto) y noviembre de 2003. Y una estimación de la evolución de la cartera comercial y la de consumo. Teniendo en cuenta que parte de cartera prendaria, e hipotecaria, garantiza operaciones de «producción» y no de consumo. Allí puede apreciarse que en estos años K., la banca pública creció 100% en créditos para la producción, ¡pero aumentó 200% en créditos para consumo! Es más, en términos relativos, la banca privada creció más en créditos a la producción que la pública. Si se compara sólo el último año esta tendencia es aun más clara. La cartera comercial de la banca privada creció más que la de la pública (46% contra 35%) y si se compara con el pico de la nefasta década del 90 (noviembre de 1998), la banca pública, está prestando a la producción ¡33% menos! que en ese momento. Mientras que la banca privada presta 13% más. Como puede apreciarse, es más fácil opinar sin datos que con los números en la mano y, obviamente, es más fácil ver el prestamito en el banco ajeno, que el préstamo en el propio.

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