No faltan ideas sino ejecución. Los planes de acción se acumulan sobre la mesa. Y, despojados de tabúes, vierten instrucciones audaces para la emergencia. Pero, aun en pleno diluvio, la semana pasada, no hubo acción. Va a cumplirse un mes desde que el Tesoro de los EE.UU. anunció su voluntad de terciar con un paquete de rescate y el secretario Paulson con una chequera reluciente de 700 mil millones de dólares aprobada por el Congreso todavía no soltó la primera moneda. Entretanto, la crisis no da respiro. No son las Bolsas, por cierto, lo que urge. Quebrado el canal del crédito, la suerte de bancos, empresas y estados provinciales y municipales está a la deriva de los vencimientos de sus obligaciones.
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Actividad y empleo -apenas rozados un mes atrás por los avatares de las finanzas- se resienten con brusquedad. Y la amenaza de parálisis asoma en todos los rincones. Así, no extrañó, la última semana, que se suspendieran embarques comerciales por el rechazo de cartas de crédito de bancos internacionales de primera línea.
Las vagas promesas del G-7 del fin de semana contrastan con una crisis que resquebraja los cimientos. Que obliga a montar de prisa una estructura de apuntalamiento. Como en Bretton Woods en 1944, hay un contrapunto entre las dos grandes usinas de ideas. Esta vez, sin embargo, todo indica que no será EE.UU. sino Gran Bretaña la que tomará la delantera intelectual. La iniciativa inglesa, y no el paquete de Paulson, proveerá el modelo a imitar en el mundo. El conciso plan de Gordon Brown se apoya en tres columnas: liquidez inmediata, garantías de fondeo a mediano plazo y recapitalización de bancos. Lo que más importa es que, gestado de forma impecable, cinco días después de ser anunciado, ya está en condiciones de ejecutarse. Comenzando por su núcleo duro: la inyección de capital en siete de los ocho principales bancos británicos (y en una sociedad inmobiliaria). Esto equivale a disparar un misil al corazón del problema -la desconfianza sobre la solvencia del sistema financiero- como carta de presentación. De tal manera, Londres no sólo desbroza el camino de las ideas sino que se anticipa en aplicarlas.
Nunca mejor dicho que el tiempo es dinero. Por ello, sin demoras, hoy el gobierno inglés planea poner en práctica su estrategia. A primera hora, cuatro entidades -Royal Bank of Scotland (RBS), Lloyds TSB, Barclays y Halifax Bank of Scotland (HBOS)- develarán sus planes de recomposición de capital (tier 1). Se estima que la cifra conjunta sumará 35 mil millones de libras (aproximadamente 60 mil millones de dólares). Ya sea vía oferta pública o a través de colocaciones privadas, los interesados podrán suscribir dicha ampliación. Ello permite que los accionistas actuales, si así lo quieren, eviten una licuación forzosa de sus tenencias. Es probable que la Bolsa de Londres suspenda sus transacciones temporariamente para facilitar el proceso. Sin embargo, no será fácil recolectar tamaña masa de recursos. En la medida que los aportes privados resulten menores que el aumento patrimonial deseado, como es dable esperar, la contribución del Estado cerrará la brecha.
Salta a la vista pues, que, a diferencia de lo sugerido en su borrador original, el gobierno está dispuesto a suscribir acciones ordinarias (situándose en la primera línea de trinchera frente a los quebrantos) y no sólo capital preferente. El propósito es claro. El Banco de Inglaterra endureció sus exigencias para promover un reconocimiento cabal de la escasez de capital. Una vez subsanada, los bancos deberían recuperar su mejor perfil como sujetos de crédito.
La nacionalización parcial de la banca inglesa será consecuencia directa de la iniciativa laborista por razones totalmente opuestas a las tradiciones del partido. En los dos bancos grandes más debilitados, el Estado debería convertirse inclusive en el dueño de la mayoría del capital. Es el desenlace que se prevé para RBS -el orgulloso patrocinador de la Copa de las Seis Naciones de rugby- y HBOS -el mayor originante de hipotecas de las islas-. Se afirma que RBS necesitaría 15 mil millones de libras (su valor de mercado actual no supera los 12 mil millones) mientras que HBOS demandaría 10 mil millones.
Salvo imponderables, el Estado tomará el control de ambas instituciones. Distintos son los casos de Lloyds TSB (con 7 mil millones de libras) y Barclays (con 3 mil millones de libras) que presentan faltantes acotados en proporción a su capitalización vigente y podrían satisfacerlos con aportes privados. En esta línea, Barclays gestiona un desembarco de inversores de Medio Oriente (de fondos soberanos como la Qatar Investment Authority) y de Asia (se menciona el banco Sumitomo). Pero no deja de ser sintomático que las dos entidades hayan asumido el rol de compradoras en plena crisis -Lloyds planea la adquisición de HBOS con la venia del gobierno y Barclays tomó a su cargo las unidades operativas de Lehman Brothers- y ahora reconozcan una base patrimonial vulnerable.
Refuerzo
Los otros dos pilares del plan británico reforzarán este paso; 200 mil millones de libras (340 mil millones de dólares) se canalizarán como incremento de la liquidez disponible (vía el régimen SLS). Además, en una innovación decisiva, el Estado destinará 250 mil millones de libras (425 mil millones de dólares) para garantizar deuda bancaria de corto y mediano plazo (hasta 3 años). Estos avales -en libras, dólares o euros- sólo podrán ser utilizados por las entidades que aumenten su capital conforme la primera columna del plan. Despejada la incertidumbre sobre su fondeo a mediano plazo, los bancos no se verán obligados a recortar su volumen de crédito.
En un revival de fortuna política impensado, Gordon Brown en persona vendió con éxito su propuesta en París -en una cumbre de los 15 países de la zona del euro- este fin de semana. Llenó con su aparición oportuna el vacío argumental de la reunión del G-7. Así, Angela Merkel compró la idea y Alemania se apresta a seguirle los pasos con un paquete de 50/100 mil millones de euros para fortalecer a sus bancos. Francia e Italia, entre otros, difundirán hoy esquemas en línea. Brown también obtuvo seguridades de garantías cruzadas para las operaciones interbancarias que involucran a entidades internacionales. La experiencia traumática que dejó la zozobra de los bancos de Islandia -y que golpeó con fuerza a Gran Bretaña- fue un botón de muestra de los cortocircuitos que acechan la credibilidad de todo el sistema si se rasga la confianza en un eslabón de la cadena.
Pero quizá sea el propio Henry Paulson quien deba abrevar primero en las páginas del libreto de Gordon Brown. No hay dudas que su plan TARP admite la posibilidad de tomar una participación accionaria en los bancos. Aunque no se percibiera como una prioridad. Pero, la frágil circunstancia de Morgan Stanley (MS) exige una pronta acción. Sin una decidida intervención del Tesoro, luce improbable que el grupo japonés Mitsubishi UFJ concrete su prometida inversión de 9 mil millones de dólares. Originalmente pensada para adquirir 21% de la firma, la semana pasada el monto de la oferta llegó a exceder 100% del valor de MS en Bolsa. Si la caída de Lehman Brothers desató las olas iniciales del presente tsunami, no habrá voluntad de repetir la experiencia. Y está en manos de Paulson evitarlo. Hoy mismo.
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