Muchos planes de acción (pero con poca acción)
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Comenzando por su núcleo duro: la inyección de capital en siete de los ocho principales bancos británicos (y en una sociedad inmobiliaria). Esto equivale a disparar un misil al corazón del problema -la desconfianza sobre la solvencia del sistema financiero- como carta de presentación. De tal manera, Londres no sólo desbroza el camino de las ideas sino que se anticipa en aplicarlas.
Salvo imponderables, el Estado tomará el control de ambas instituciones. Distintos son los casos de Lloyds TSB (con 7 mil millones de libras) y Barclays (con 3 mil millones de libras) que presentan faltantes acotados en proporción a su capitalización vigente y podrían satisfacerlos con aportes privados. En esta línea, Barclays gestiona un desembarco de inversores de Medio Oriente (de fondos soberanos como la Qatar Investment Authority) y de Asia (se menciona el banco Sumitomo). Pero no deja de ser sintomático que las dos entidades hayan asumido el rol de compradoras en plena crisis -Lloyds planea la adquisición de HBOS con la venia del gobierno y Barclays tomó a su cargo las unidades operativas de Lehman Brothers- y ahora reconozcan una base patrimonial vulnerable.
Los otros dos pilares del plan británico reforzarán este paso; 200 mil millones de libras (340 mil millones de dólares) se canalizarán como incremento de la liquidez disponible (vía el régimen SLS). Además, en una innovación decisiva, el Estado destinará 250 mil millones de libras (425 mil millones de dólares) para garantizar deuda bancaria de corto y mediano plazo (hasta 3 años). Estos avales -en libras, dólares o euros- sólo podrán ser utilizados por las entidades que aumenten su capital conforme la primera columna del plan. Despejada la incertidumbre sobre su fondeo a mediano plazo, los bancos no se verán obligados a recortar su volumen de crédito.
En un revival de fortuna política impensado, Gordon Brown en persona vendió con éxito su propuesta en París -en una cumbre de los 15 países de la zona del euro- este fin de semana. Llenó con su aparición oportuna el vacío argumental de la reunión del G-7. Así, Angela Merkel compró la idea y Alemania se apresta a seguirle los pasos con un paquete de 50/100 mil millones de euros para fortalecer a sus bancos. Francia e Italia, entre otros, difundirán hoy esquemas en línea. Brown también obtuvo seguridades de garantías cruzadas para las operaciones interbancarias que involucran a entidades internacionales. La experiencia traumática que dejó la zozobra de los bancos de Islandia -y que golpeó con fuerza a Gran Bretaña- fue un botón de muestra de los cortocircuitos que acechan la credibilidad de todo el sistema si se rasga la confianza en un eslabón de la cadena.
Pero quizá sea el propio Henry Paulson quien deba abrevar primero en las páginas del libreto de Gordon Brown. No hay dudas que su plan TARP admite la posibilidad de tomar una participación accionaria en los bancos. Aunque no se percibiera como una prioridad. Pero, la frágil circunstancia de Morgan Stanley (MS) exige una pronta acción. Sin una decidida intervención del Tesoro, luce improbable que el grupo japonés Mitsubishi UFJ concrete su prometida inversión de 9 mil millones de dólares. Originalmente pensada para adquirir 21% de la firma, la semana pasada el monto de la oferta llegó a exceder 100% del valor de MS en Bolsa. Si la caída de Lehman Brothers desató las olas iniciales del presente tsunami, no habrá voluntad de repetir la experiencia. Y está en manos de Paulson evitarlo. Hoy mismo.



