¿Quién paga el costo de la emergencia?
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El "efecto embudo": por qué más deuda multilateral complica la baja del riesgo país
En medio de la bonanza regional, gracias al boom de los commodities, según datos de la ONU al año pasado, mientras Brasil, Chile y Uruguay muestran un fuerte aumento de la Inversión Extranjera Directa con tasas anuales de 25, 14 y 62% respectivamente, la Argentina presenta un estancamiento en este flujo, por no decir una caída. Una parte de esta disminución se observa en la tasa de inversión global, en donde las empresas grandes y las privatizadas presentan un déficit de inversión de, al menos, 2% del PBI unos 5.600 millones de dólares. Otro indicador importante que refleja el «estilo» argentino ha sido el «despegue» del riesgo local, comparado con el de la región, desde el estallido de la crisis financiera global a mitad de año.
En efecto, mientras el riesgo argentino implícito en el retorno de los bonos en dólares creció casi 600 puntos básicos en el período, Brasil apenas sufrió un castigo adicional de 150 puntos, mientras Colombia y Perú prácticamente mantuvieron el mismo riesgo, pese a plazos de duración de sus instrumentos, muy superiores al bono argentino de referencia. Es decir que la sobretasa implícita en la «emergencia argentina» es de más de 4% anual en dólares. Esto sobre deuda soberana a cinco años. Lo que implica una sobretasa aún mayor para la deuda privada. Otro indicador importante sobre el «costo» argentino ha sido el castigo que sufrieron los precios de venta de empresas argentinas, comparadas con similares operaciones en otros países de la región. Hay poca información, pero se puede estimar en no menos de 25% el diferencial de precio, en contra del valor de las compañías locales.
Asimismo, todos los datos de remuneraciones a ejecutivos, mandos medios y trabajo calificado en la región muestran también el rezago de los ingresos argentinos en puestos comparables. En síntesis, respecto de pagos externos pendientes, la emergencia permanente no sirve, porque los tribunales internacionales ya la desconocen. Internamente, la mayoría absoluta del oficialismo en el Congreso hubiera permitido una normalización institucional sin afectar el poder de negociación del Ejecutivo. Las ventajas, entonces, no se perciben.
En cambio, aunque difíciles de cuantificar, «el estilo emergencia» genera costos importantes, con menor inversión, mayores tasas de interés, menor valor de los activos argentinos y, fundamentalmente, la necesidad de «compensar» estos mayores costos, con un precio bajo, comparado regionalmente, de la inteligencia y el trabajo privado locales.




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