Los depósitos minoristas están garantizados. Las colocaciones de las empresas en cuentas transaccionales, siempre y cuando no rindan interés, también. El manto de la protección estatal arropó después de Lehman a los fondos comunes de money market. Y, esta semana, se extendió a toda la nueva deuda senior de los bancos (y de sus compañías holding). Sus flamantes pagarés (promissory notes y commercial papers) y operaciones interbancarias están bajo resguardo oficial hasta el 30 de junio de 2012. A mano alzada puede estimarse que 70% de los pasivos de los bancos de los EE.UU. gozan hoy de avales públicos. Lo que el Estado no puede garantizar, sin embargo, todavía cruje e incomoda. Y mantiene los nervios en vilo. Fuera de los EE.UU., la realidad no difiere: se reproduce como ante un espejo.
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Ni la salud de la economía ni las cotizaciones de la Bolsa son asibles, de modo directo, por el entramado de garantías oficiales. Aunque la presión irá en aumento si sus lecturas no se estabilizan pronto. En cuyo caso, la sanción de un paquete fiscal de estímulo es una extensión natural de la agenda aplicada. En EE.UU. quizás no espere siquiera la mudanza de administración (aunque sí los resultados de la elección presidencial del 4 de noviembre). En Europa, en cambio, ya hay declaraciones de rechazo, invocando los límites de Maastricht. O sea, un indicio claro de que varios gobiernos consideran el asunto; en forma independiente a si se ajustan o no a los predicados de estabilidad fiscal que todos ellos suscriben.
Maastricht no fue obstáculo para frenar los multimillonarios planes de rescate bancario; si de veras se requiere, no le cerrará las puertas, tampoco, a una inyección de incentivos para fogonear la demanda agregada.
Objetivo
Estabilizar rápido el capital del sistema financiero fue el norte de la iniciativa con la que Gran Bretaña hizo punta. Se sabe, la Europa de los 15 y los EE.UU. copiaron sus pasos. Los aumentos de capital son relevantes. Cincuenta mil millones de libras (unos 87 mil millones de dólares) fueron recolectados en Inglaterra. La Tesorería aportó 37 mil millones de libras (sólo 9 mil millones como acciones preferidas) en tres bancos que se convertirán en dos: RBS y HBOS-Lloyds TSB. Barclays y Abbey reforzaron su patrimonio sin ayuda oficial. Standard Chartered y HSBC superaron el umbral de exigencia de los reguladores y no debieron recabar capital adicional. En EE.UU., el Tesoro inyectó 125 mil millones de dólares en nueve instituciones de primera línea. La contribución privada fue módica. Banco Santander, que capitalizó a su controlada Abbey en Gran Bretaña, se comprometió a adquirir en 1.900 millones de dólares el remanente que no poseía (75%) de Sovereign Bank mientras Mitsubishi UFJ concretó su prometido desembarco en Morgan Stanley (9.000 millones de dólares en acciones preferidas). El criterio de asignación de los nuevos capitales públicos en EE.UU. fue derramarlos sobre nueve entidades para no revelar cuáles de ellas los necesitaban con mayor apremio. Todo el influjo se canalizó en la forma de acciones preferidas, que estipulan un cupón inicial de renta de 5% y no de 12% como en Gran Bretaña. Desde ya, sin conceder derecho a voto ni exigir la suspensión del pago de dividendos ordinarios hasta su redención, como en la versión londinense. Y si bien contemplan la recepción de warrants por 15% de su valor nominal, el precio de ejercicio está alineado con la cotizaciónpromedio de las accionesde los bancos en las últimas ruedas; lo cual no supone una dilución drástica para los actuales accionistas. El secretario Paulson copió el libreto británico, pero lo adaptó en forma más amigable para los bancos.
Mientras se engrosa el capital en letras de molde, la crisis lo erosiona en tajadas importantes aunque con bajo perfil. Moraleja: toda inyección de capital, por más voluminosa que parezca, puede no ser la última que se requiera. Merrill Lynch castigó su balance en 9.500 millones de dólares (pérdida neta: 5 mil millones) en el tercer trimestre, recién publicado. Es un salto notable respecto de los 5.700 millones de tres meses antes; promocionados, en su momento, como «el estándar del round final de pérdidas del sistema financiero». Suma, a cuenta de la crisis, deducciones por quebrantos y ajustes de valuación por 61.500 millones de dólares y, transitoriamente, se ubica al tope de la tabla de los bancos más vapuleados. Para su fortuna, su destino se ligó a Bank of America. Caso contrario, merecería un pronóstico reservado. A este banco, por su parte, no le vendrán mal los 25 mil millones de dólares de flamante capital que le aportó el Tesoro.
Impacto
La contabilidad reciente de los daños de la crisis incorporó otros 4.400 millones de dólares de impacto en Citigroup (pérdida neta: 2.800 millones) y 3.600 millones en JP Morgan Chase (utilidad neta: 527 millones). Wells Fargo (utilidad neta: 1.644 millones) y State Street (477 millones), amén de JP Morgan Chase, se las arreglaron para anotar ganancias en el tercer trimestre. Los tres, con seguridad, militan en la franja de los menos necesitados, pero también recibieron aportes de Paulson. A su juicio, hacer bulto es un servicio público.
Gran Bretaña, la Europa de los 15 y EE.UU. anunciaron grandes planes de ayuda para sus bancos de primera línea. Pero cómo se las arregla una nación pequeña para apuntalar a sus instituciones líderes (máxime cuando su dimensión relativa es muy superior a la del propio país). Islandia es el mejor ejemplo de que la alternativa de librar cheques de gran tamaño no está al alcance de todos. Pero también da cuenta de los tremendos costos de la impericia. Suiza, un país muy pequeño con una banca tradicional poderosísima, con dos grandes bancos internacionales a la cabeza atacó ayer el problema. Con una solución que toma mucho más del libro original de Paulson -la compra de activos tóxicosque de la partitura de Gordon Brown. Credit Suisse aumentará su capital «tier 1» en 10 mil millones de francos suizos mientras UBS lo hará en 6 mil millones. Pero, la verdadera novedad es que las autoridades montarán una plataforma (un vehículo de propósito especial o SPV) que comprará activos «ilíquidos» por hasta 60 mil millones de francos suizos (aproximadamente 67 mil millones de dólares). O sea una réplica del viejo « superconducto» de Paulson. La solución tiene nombre y apellido. Sólo la utilizará UBS. Allí verterá una cartera seleccionada de activos que, por fin, dejará de afear su hoja de balance (y, en forma recurrente, los resultados trimestrales). UBS aportará 6 mil millones de francos suizos para financiar el vehículo; el remanente será fondeado con préstamos del Banco Nacional de Suiza. El próximo paso, sin dudas, será difundir que, finalmente, UBS se libró hasta el último gramo de los activos tóxicos inmobiliarios importados de los EE.UU.
Mientras los aportes extraordinarios de capital se perfilan como el anclaje para recuperar la confianza en la solvencia de los bancos, es necesario ventilar los mercados monetarios para sustraer al crédito de su actualidad enrarecida y evitar un horizonte de asfixia. La Fed y otros bancos centrales trabajan a destajo para que la circulación no se interrumpa.
Inyección
Con los dólares ilimitados que provee ahora la Fed, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco Nacional de Suiza acaban de inyectar 250 mil millones, en sus respectivas áreas de influencia, para atender la totalidad de las demandas requeridas por sus bancos. Además, en la medida que las garantías convierten a las transacciones interbancarias en pasivos públicos contingentes, se advierte un tenue camino hacia una normalización de las operaciones. La caída de tasas efectivas es una realidad contundente en el mercado overnight (24 horas) pero avanza lento en los negocios a plazo. Libor a un día, ayer, se ubicó en 2,14% (frente a una referencia de 1,5% en fed funds), pero se mantiene muy elevada a tres meses -4,55%- tras bajar apenas-20 puntos base. Pero, cuando entren en vigencias todas las nuevas disposiciones, los actuales diferenciales (y, sobre todo, las restricciones de acceso) deberían derrumbarse. ¿Qué sentido tendría conservar grandes márgenes entre la tasa Libor y fed funds (el llamado spread Libor-OIS) o entre lo que rindan una letra del Tesoro y un certificado de depósito bancario (el llamado TED spread) una vez que rijan las garantías estatales a pleno? Después de todo, los fed funds y los certificados bancarios también serán obligaciones del Tesoro (en el caso que el banco que deba afrontarlos, incumpla). Habrá que dejar de monitorear esos indicadores y sondear un paso más allá para tomar el pulso de la crisis.
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