La Argentina necesita dejar atrás las antinomias del siglo XX. Aquellas divisiones que durante décadas organizaron el debate público ya no alcanzan para comprender los problemas del presente ni para imaginar el país que viene. Seguimos discutiendo con palabras, símbolos y enfrentamientos heredados, mientras el mundo reorganiza sus cadenas productivas, disputa alimentos, energía, conocimiento y recursos naturales. El futuro no puede construirse repitiendo conflictos que ya no representan las necesidades concretas de nuestra sociedad.
La nueva tarea nacional consiste en integrar el territorio, unir el mar con la tierra y vincular nuestros recursos naturales con la capacidad productiva de las ciudades. La Argentina no es solamente una extensa llanura agrícola y ganadera. Es también una nación marítima, con una plataforma continental de enorme riqueza, recursos pesqueros, posibilidades energéticas, puertos estratégicos, investigación científica y una ubicación privilegiada frente al Atlántico Sur.
Sin embargo, el poder económico del mar permanecerá incompleto si no se conecta con las ciudades donde se concentra la mayor parte de la población. Los recursos marítimos pueden aportar exportaciones, divisas y equilibrio macroeconómico, pero necesitan puertos eficientes, astilleros, industrias alimentarias, logística, tecnología, universidades, centros de investigación y empresas de servicios. Es allí donde la economía marítima se encuentra con la economía urbana.
Esa integración puede convertirse en una verdadera propuesta de desarrollo nacional. El mar aporta recursos y capacidad exportadora; las ciudades agregan conocimiento, trabajo, innovación y valor. La producción pesquera puede impulsar industrias alimentarias, cadenas de frío, transporte y comercialización. La energía marítima puede fortalecer la industria nacional. La construcción y reparación naval pueden generar empleo técnico. La investigación oceánica puede vincular universidades, científicos y empresas tecnológicas.
Pero esta visión requiere una propuesta política y electoral convincente, capaz de demostrar que el desarrollo no es una consigna abstracta. Debe expresarse en puestos de trabajo, nuevos emprendimientos, mejores salarios y oportunidades distribuidas en todo el territorio. No alcanza con hablar de crecimiento si ese crecimiento no llega a los hogares, a los comercios ni a las pequeñas y medianas empresas.
Ordenar la macroeconomía es indispensable. Ningún país puede desarrollarse con inflación, desequilibrio fiscal, falta de crédito o inestabilidad permanente. Pero la estabilidad macroeconómica, por sí sola, no garantiza bienestar. Puede ordenar las cuentas nacionales sin resolver la caída del consumo, el cierre de comercios o la pérdida de empleos en los barrios.
La microeconomía es la economía de la vida cotidiana. Es la del trabajador, el comerciante, el profesional, el emprendedor y la pequeña empresa. Es la economía urbana, aquella que organiza la producción y el consumo en los lugares donde viven la mayoría de los argentinos. Por eso debe ocupar un lugar central en cualquier programa de gobierno.
Un capitalismo con sensibilidad social no se construye rechazando la iniciativa privada, sino orientándola hacia la creación de trabajo, inversión y bienestar. Necesita reglas claras, estabilidad, crédito productivo, simplificación tributaria y políticas que favorezcan a quienes producen y emplean. También requiere un Estado capaz de conectar los grandes recursos nacionales con las necesidades concretas de la población.
El verdadero desafío es superar la falsa elección entre mercado y justicia social, entre producción primaria y desarrollo urbano, entre tierra y mar. La Argentina del futuro debe integrarlos en una sola estrategia.
El mar puede contribuir a resolver nuestros problemas macroeconómicos. Las ciudades pueden transformar esa riqueza en empleo, consumo, innovación y bienestar. Si somos capaces de unir ambos mundos, podremos dejar atrás las divisiones del pasado y comenzar a construir una Nación productiva, federal, marítima, urbana y socialmente integrada.
El Dr. Jorge Giorno fue diputado en la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en dos oportunidades, diputado (mc) en el Parlamento Mundial y presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE); político, escritor y ensayista, actualmente preside el Partido de las Ciudades en Acción y es promotor del proyecto Argentina Esperanza Azul.