5 de febrero 2008 - 00:00

Una más de las tantas falacias

Una más de las tantas falacias
«La Argentina, al igual que el resto del mundo, padeció durante 2007 un aumento de la tasa de inflación debido al boom de los precios de los alimentos.» «Los cálculos del INDEC sobre la evolución de los precios al consumidor son correctos.» Estas dos afirmaciones, surgidas habitualmente del discurso oficial, conforman un «oxímoron». Es decir, una contradicción en los términos. Dicho de otra manera, es imposible hacer convivir ambas afirmaciones y asumir que las dos son verdaderas. Por un lado, es cierto que debido al violento cambio de los precios relativos de la energía y los alimentos, el mundo en general y Latinoamérica en particular han sufrido un incremento de la tasa de inflación.

Lamentablemente, para los Estados Unidos este aumento de la tasa de inflación, que exigiría una política fiscal y monetaria más «conservadora», se verifica en un momento en que la crisis financiera, ya largamente comentada, ha obligado a su Banco Central a dejar de lado sus «metas de inflación» y concentrarse en una política monetaria expansiva tratando de evitar la temida recesión. Mientras el ahora transitorio «amigo» Bush se dedica a reducir impuestos aflojando también la política fiscal.

Latinoamérica, en cambio, en medio de una expansión importante, en parte gracias al referido aumento de los precios de alimentos y energía, ha tratado, en general, de amortiguar los incrementos de estos precios con una política monetaria contractiva y una política fiscal relativamente conservadora.

  • Borgeano

  • Antes de avanzar sería bueno incluir una tercera afirmación de nuestro gobierno: «los precios altos de los alimentos están para quedarse un largo rato». Este argumento completa el «oxímoron» hasta llevarlo a dimensiones cuasi borgeanas. Veamos. Si efectivamente la Argentina ha tenido, como el resto de Latinoamérica « inflación de alimentos» en este año, la tasa de inflación de 2007 debería ser superior a la registrada en 2006. Sin embargo, como se aprecia en el cuadro que acompaña estas líneas, mientras que en todo el resto de Latinoamérica, efectivamente, la tasa de inflación medida en los precios al consumidor aumentó o permaneció constante, en la Argentina ¡la inflación bajó! De manera que, si efectivamente el INDEC mide bien, la Argentina no tuvo inflación de alimentos en el año que pasó. Podrá argumentarseque la «contención» de la inflación obedece a una política monetaria y fiscal contractiva y no a fallas en la medición del Indice. Como también muestra el cuadro, eso fue lo que hizo la mayoría de los países de la región, con excepción de Venezuela. Todos revaluaron sus monedas respecto del devaluado dólar de manera de amortiguar la inflación « importada» por esa debilidad de la moneda norteamericana. Todos excepto la Argentina y Venezuela que, además, acompañaron su política monetaria expansiva, con récords de crecimiento de su gasto fiscal y con menor superávit en nuestro caso. (Dicho sea de paso, hay que reconocerle a Chávez, su «honestidad» en no mentir en el Indice de Inflación. Se ve que controla la opinión pública de otra forma).

    Hasta aquí entonces, si el INDEC midió bien, tuvimos una baja de la inflación el año que pasó y no una suba. Y si midió mal, la «verdadera» inflación se podría haber amortiguado, no sólo con impuestos a la exportación, sino también con otra política de gasto fiscal y monetaria. Y eso me lleva a la tercera afirmación: la permanencia o no de los precios altos de alimentos y energía. Lo recomendable es que «shocks» transitorios sean amortiguados evitando que los agentes económicos y el Estado tomen decisiones de inversión, ahorro y gasto, en función de señales consideradas transitorias.

  • Razonable

    Si una parte del boom de los alimentos es estructural (China, India, biocombustibles, etc.), y una parte es coyuntural (ajuste norteamericano con devaluación del dólar, fondos especulativos desplazados hacia commodities y problemas de sequía y stocks), lo más razonable es que los gobiernos dejen reflejar en los precios internos el componente « estructural» y «ahorren» el componente meramente coyuntural. En otras palabras, las señales para la inversión, el consumo y el ahorro que surgen del sistema de precios, impuestos y gasto, deberían explicitar la « convicción» del gobierno respecto de la evolución futura de los precios para no inducir a error ni a los ciudadanos -con menor información-ni a sus propias políticas públicas. Así parece haber actuado el resto de los países de la región (insisto, con excepción de Venezuela). La revaluación de las monedas latinoamericanas tiende, entonces, a «limpiar» de los precios internos el componente coyuntural y dejar el permanente.

  • Contradicción

    Lo mismo ha sucedido con la creación de verdaderos fondos anticíclicos o con el uso de los recursos extraordinarios para cancelar deuda pública. El gobierno argentino, en cambio, considera que «los precios están para quedarse» ¡pero actúa como si el boom fuera transitorio! Es decir, altera los precios internos vía retenciones a la exportación, cupos, prohibiciones o subsidios, enviando las señales equivocadas a la toma de decisiones. Y amplifica el problema de la debilidad del dólar, devaluando el peso. Eso sí: «gasta» como si estos precios fueran permanentes y apela a la «racionalidad» en el consumo de energía, mientras sigue distorsionando y subsidiando precios a los sectores de mayores ingresos.

    En síntesis, si hubo inflación de alimentos, el INDEC midió mal. Y si estos precios están para quedarse, la política fiscal, monetaria y de precios actúan en contrario. Obviamente, se trata de una contradicción más. Como la de denostar y acusar de «noventistas» a quienes argumentan «que un aumento salarial desproporcionado produce inflación» y, simultáneamente, negociar con la CGT aumentos «prudentes».
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