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El apartamiento discriminatorio de gobernadores peronistas en la ceremonia no era sólo una paradoja, ya que muchos de ellos sufrieron prisión, tortura o persecución en marzo del '76, como José Manuel de la Sota, Jorge Busti o Jorge Obeid, por mencionar algunos. Esa exclusión obedece a intereses políticos, a recluirlos en otro sector (contaminado, obvio), del mismo modo que nadie en el recuerdo menciona a la presidenta volteada entonces (María Estela Martínez de Perón) o, si se atrevía a participar, el casi seguro bombardeo a Carlos Menem aunque éste hubiera pasado 5 años presos bajo los militares en condiciones nada agradables. Hay, entonces, una intencionalidad por crear un espacio propio -a caballo de estos episodios- más asentado en la declaración de guerra a ciertos dirigentes que en una propuesta de gobierno. Algo parecido a los enfrentamientos de los '70.
Kirchner casi mimetizó en un mismo infierno, ayer, a los '70 de los militares con los años '90 en general, casi un plagio de la fusión torpemente declarada también en la víspera por el socialista Luis Zamora: «Yo no sé cómo anda suelto Pagani, de Arcor, que en los '70 apoyaba al gobierno». Sin prejuicios confunde al padre (ya muerto) con uno de los hijos del empresario.
Como si fuera adrede, igual que el Ejecutivo, quien por otra parte nunca menciona a Domingo Cavallo -amigo y consejero financiero del santacruceño-, quien sí tiene la peculiaridad de enancarse en los dos procesos hoy anatematizados por la administración. El olvido selectivo, como el recuerdo, también es parte del haber presidencial.
Con la excusa de la deuda moral, se propone al estilo de Mao una gigantesca autocrítica, algo parecido a lo de Kirchner, quien en menos de 4 días dijo que «había sido cobarde», que «pedía perdón», tal vez porque no disparó un tiro ni fue detenido, tampoco pudo defender ningún preso político ni participó en la Asamblea Permanente y apenas si conoció en el último año a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo cuando ya estaba en el poder o en sus inmediaciones. Afortunados los hombres que cambian para bien, diría un salmo. Tal vez con ese tipo de confesiones se alcance el Nuevo Cielo.
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