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6 de marzo 2007 - 00:00

Afán por algo que no existe: el voto judío

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A menos dos de los candidatos a jefe de Gobierno porteño parecen lanzados a la captura de algo que no existe: el «voto judío». Tanto Jorge Telerman como Daniel Filmus están desarrollando una fuerte acción en la comunidad judía local, que en el mejor de los casos roza los 200.000 miembros, y de los cuales poco más de la mitad está en condiciones de votar. Ambos han visitado varias veces la AMIA y la DAIA, pero también clubes, colegios y sinagogas.

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Con un padrón cercano a 1,8 millón de electores, los votantes judíos representarían menos de 15%. Y si bien es cierto que esa cantidad sería suficiente para volcar unos comicios tan reñidos como los que se anticipan, también es verdad que pensar en voto judío monolítico es como suponer que todos los gordos, todos los pelirrojos o incluso todos los hinchas de Boca Juniors votarán por el mismo candidato.

Esto deberían saberlo Filmus, Telerman y también Carlos Heller, que se perfila como acompañante en la fórmula del ministro de Educación (ver aparte): todos ellos en sus años de militantes de la Federación Juvenil Comunista seguramente tuvieron que leer las poesías y las novelas de Ilya Ehrenburg, el «judío oficial» y miembro del Sóviet Supremo del régimen de José Stalin. El poeta escribió un artículo en esos mismos términos en ocasión de la visita a la Unión Soviética de Golda Meir, la primera embajadora en Moscú del flamante Estado de Israel, con el que los soviéticos ya no tenían buena relación. «Decir que hay un pueblo judío es como decir que hay un pueblo pelirrojo, o uno al aficionado al fútbol», decía, palabras más o menos. A pesar de este hecho, Telerman eligió el colegio Scholem Aleijem del barrio de Villa Crespo para inauguar ayer el ciclo lectivo 2007 en la Ciudad. Para no ser menos, hoy Filmus concurrirá al centro comunitario Iona (Jonás en hebreo) de la calle Acevedo, para la apertura de las clases de la Red Escolar Judía, acto que organiza la AMIA.

Pocas horas más tarde Telerman concurrirá a la sede de la mutual judía en Pasteur 633 para firmar con Luis Grynwald, titular de la entidad, dos «convenios de complementación»: uno de ellos para apoyar un programa de ayda alimentaria que brinda AMIA a 500 personas de la tercera edad (comen todos los días en su Centro Integral para Adultos Mayores); el otro prevé la apertura de un «Centro de Salud de Atención Primaria especializado en geriatría y rehabilitación» junto con el Ministerio de Salud porteño.

¿Alcanzará tanta seducción para hacer olvidar a la parte más militante de la comunidad que hace pocos días Telerman rubricó un convenio de viviendas con las Madres de Plaza de Mayo, cuya titular Hebe de Bonafini es una de las firmantes de la carta de solidaridad con Irán que llevó el piquetero oficial Luis D'Elía a Teherán? Bonafini, además, encabezó numerosas marchas en contra de Israel en ocasión de la guerra en Líbano.

Sin embargo, es un hecho que Telerman tiene más «feeling» con su judaísmo que Filmus: el jefe de Gobierno es un regular estudioso de la Torá (antiguo testamento) y últimamente ha dado un giro («teshuvá») respecto de la observancia de las reglas alimentarias, las fiestas y el descanso sabático que impone su religión. Todo lo contrario de Filmus (y mucho más de Heller), que no oculta su extrañeza ante los más elementales símbolos de la judeidad.

Está claro, entonces, que ambos candidatos apuntan a judíos diferentes: Telerman a los varios miles que desarrollan algún tipo de actividad comunitaria, sea religiosa, educativa o incluso deportiva. En cambio Filmus (y más si se confirma su sociedad con el titular del Credicoop) buscará el judío «progresista», el que ve a su judaísmo limitado a comer «gefilte fish» para Rosh HaShaná y no tiene ya lazos de ninguna especie con su comunidad y su pasado. ¿Será en vano? Es posible que muchos de ellos, de ambos bandos, voten a Mauricio Macri, simplemente porque no existe el voto judío.

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