La mirada al pasado le ha impedido al país modernizar muchas actividades, entre ellas la militar, empastada desde hace veinte años en un debate que amaga por momentos dar una salida y en otros parece una condena a vivir en el túnel del tiempo. Se postergaron, por caso, recetas ya usuales en el resto del mundo, como unificar los altos mandos en uno solo (Estado Mayor Conjunto), compras de armas o sistemas de salud de todas las fuerzas. Esto está contenido en un decreto que firma hoy Néstor Kirchner para reglamentar la Ley de Defensa, pero que contiene cláusulas llamadas a irritar al sector, como eliminar las escuelas de guerra o las agregadurías en embajadas por cada fuerza. Habrá «agregados de Defensa» y hasta podrán ser civiles.
Néstor Kirchner firmará hoy, junto con Nilda Garré, el decreto que reglamentará la nueva ley de Defensa. La normativa apunta a centralizar la coordinación de las Fuerzas Armadas a través del Estado Mayor Conjunto y a potenciar el control de los funcionarios civiles sobre los uniformados.
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La reforma militar había comenzado informalmente cuando Garré decidió suprimir los enlaces legislativos de cada una de las tres fuerzas con el Congreso de la Nación. Esta medida y la nueva reglamentación que se decretará hoy responden a la voluntad de Kirchner de excluir por completo cualquier iniciativa y participación de los uniformados en la política de defensa.
Busca así el kirchnerismo maniatar a los militares díscolos disconformes con el revisionismo histórico setentista que Kirchner y sus alfiles buscan imprimirles a todos los actos castrenses, donde el jefe de Estado rezonga incesantemente, desacredita y desmotiva a la nueva oficialidad joven, totalmente desvinculada de los abusos cometidos por los uniformados durante la última dictadura. Esta tendencia se repitió este fin de semana, cuando el jefe del Ejército, teniente general Roberto Bendini, reiteró que «nunca más» esa fuerza empuñará las armas contra ciudadanos argentinos, al rendir homenaje el sábado en Campo de Mayo a los militares peronistas fusilados en 1956 por la llamada Revolución Libertadora. Bendini instó, además, a apelar «a la verdad, a la justicia y a la reparación histórica» para «resolver el legado de un pasado que no nos representa».
Más poder
La denominada «conjuntez», núcleo central de la nueva reglamentación, le dará más poder y potestades al Estado Mayor Conjunto (EMC) a cargo de Jorge Chevalier. Será entonces este brigadier quien unificará todos los procesos de compras de Gendarmería, la Armada y la Fuerza Aérea.
Hasta ahora, cada fuerza manejaba su propio presupuesto y logística. Pero con esta reglamentación se buscará centralizar -como ocurre en los países modernos- en el EMC, los aspectos estratégicos y operativos de las Fuerzas Armadas en su conjunto.
También se le dará un nuevo carácter a los agregados militares, que con la nueva reglamentación serán reemplazados por los «agregados de Defensa», propuestos por el Estado Mayor Conjunto al Ministerio de Defensa, que los designará. Además un civil podría ser el encargado de ocupar estos puestos, que en el pasado siempre estuvieron cubiertos por uniformados. Esto significa también que cada una de las fuerzas perderá la potestad de sugerirle el nombre del agregado unilateralmente a Garré.
Habrá también una unificación del sistema de salud castrense que implicará la eliminaciónde los hospitales pertenecientes a cada una de las Fuerzas Armadas. Desde el Ministerio de Defensa razonan acertadamente que ya no tiene sentido dividir los establecimientos sanitarios según pertenezcan a la Gendarmería, la Fuerza Aérea o la Armada ya que no existen en la realidad patologías que discriminen según el uniforme. Por eso se mantendrán los establecimientos con rango militar, pero organizados según las especialidades médicas de su cuerpo de galenos para brindar una atención más eficiente al personal.
En el plano académico, además de seguir sometiendo a los soldados a cursos de derechos humanos y a seminarios teóricos de capacitación profesional permanente, desaparecerán las escuelas de guerra de cada una de las fuerzas.
Serán reemplazadas por una Escuela Superior Conjunta, una especie de ciclo básico donde los inscriptos podrán hacer carrera para ascender hasta coroneles. Pero para alcanzar el «huevo frito» -nombre con el que se conoce en los círculos castrenses a la medalla que lucen los aspirantes a generales- deberán aprobar las asignaturas contenidas en el curso del Estado Mayor Conjunto. Y si bien los liceos militares no serán clausurados, como temían las madres de los cadetes que increparon a Kirchner en el acto de El Palomar, sí no se cierra la posibilidad de estudiar sus traslados a las provincias, aunque mantengan alguna relación con las fuerzas de las cuales hoy dependen.
Luego de que un grupo de militares en actividad y retirados realizaron en plaza San Martín un acto donde, según el oficialismo, reivindicaron el terrorismo de Estado, y tras el duro discurso de Kirchner en el Día del Ejército, el santacruceño firmará la reglamentación de la Ley 23.554 de Defensa, que se encuentra vigente -y fue promulgada el 26 de abril de 1988 durante el gobierno del ex presidente Raúl Alfonsín-.
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