Casi un homenaje: como nunca a ningún otro, Néstor Kirchner le dedicó ayer un extenso panegírico desde su atril en la Casa Rosada a Manolo Quindimil, multirreelecto intendente de Lanús y con quien el Presidente mantuvo hasta ahora una tensa relación. Tanto elogio al alcalde, que no fue precisamente un adorador de los Kirchner, despertó suspicacias: ¿se convirtió el patagónico en un ferviente quindimilista o sus poemas deben leerse como una especie de despedida?
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Por ahora, es pura especulación: lo cierto es que ayer, durante un acto en el gobierno, el patagónico doró de elogios al veterano dirigente que, a su turno, lo había nombradocomo su «hijo adoptivo». Se refería a la política, claro.
«Entendí qué quiso decir: que me transfería su voluntad de cambio; de ir para adelante», tradujo el patagónico las palabras de Quindimil.
Las alabanzas se cerraron, luego de un paneo de Kirchner por los asuntos que más lo irritan -docentes de Santa Cruz, elección porteña- con un abrazo entre el Presidente y el múltiple jefe comunal.
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