• Kirchner usará el acuerdo para relanzar campaña. • Cree que ya tiene acuerdos con todo el peronismo para 2009. • Insiste en que el adversario es Macri, no Cobos ni Carrió. • Piensa en serio la posibilidad de un cargo regional. • Eso explica euforia en Nueva York: que el giro no se vea como una capitulación.
Néstor Kirchner montó oficina política ayer en Nueva York para celebrar los efectos del acuerdo
por la deuda en la campaña para 2009. En la foto, junto a los empresarios Ernesto Gutiérrez
y Gerardo Werthein, en un aparte en el hotel Four Seasons.
Con la eufórica jactancia de un representante artístico, Néstor Kirchner recorrió ayer todos los pasillos del hotel neoyorquino en donde pasa estas horas de «primer caballero» a la voz de «Así es Cristina». «Es una máquina de trabajar», «Esto es gestión», repetía como ensayando la música de cada expresión para repetirla. Junto con Carlos Zannini y un puñado de funcionarios en Buenos Aires compartió la primicia del anuncio de la reapertura del canje del resto de la deuda defaulteada en 2002 desde el viernes. Ese día recibieron en Casa de Gobierno, con fecha de ayer, la proposición de un arreglo de los bancos representantes de los « holdouts». En la tarde el sábado, en Olivos, redondearon que la oportunidad del anuncio, podía ser -como fue- ayer en el Council of Foreign Relations, u hoy, en el Council of the Americas. La severidad republicana del CFR pareció más conveniente: se sientan allí los «principals» del establishment de los Estados Unidos, entre ellos David Rockefeller, quien pidió estar cerca de la Presidente en el almuerzo en donde se hizo el anuncio. Deslenguado, sólo Zannini abrió el pico; mientras ingresaban en la sede del Council, atracaba a cada acompañante de la Presidente con un susurro: «Escuchá bien lo que va a anunciar Cristina».
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De regreso en el hotel, Kirchner se entusiasmó ante los pocos integrantes de la delegación que pueden acceder a la suite que ocupan los presidentes en el Four Seasons: «¡Con esto queda arreglado el financiamiento de 2009 y 2010!, «¡Va a venir una catarata de inversiones al país!», «¡No ponemos nada, encima entra algo de plata!», seguía ensayando lemas. No se podía pedir otra cosa, blindado como está el gobierno en el relato de este acuerdo que borra todos los agravios que les dedicó a los buitres financieros durante cuatro años. Convenció al Congreso de que aceptara el primer canje agregando una cláusula que prohibía su reapertura. «¿Están locos?», se enojó cuando le advirtieron que será necesario convencer a los legisladores de voltear esa cláusula que ellos mismos votaron a pedido de Olivos. «¿Quién se va a oponer a aceptar este canje si lo piden los bancos, entra plata y mantenemos la posición de que no fuimos a buscarlos, sino que vinieron ellos?».
Marido al fin, tamaño contento tiene otra explicación: nadie podrá reprocharle jamás que él cedió ante los buitres. Tendrá Cristina sus razones para haberlo hecho, argumentarácuando el péndulo convierta esta comedia en una tragedia.
Para Kirchner es imperativo sostener el tono alto de voz al decir esto porque, con el correr de los días, los opositores que hoy tienen que callar porque el gobierno está haciendo lo que ellos le pedían, van a contraatacar con el argumento de que este giro ha sido una capitulación dialéctica. No ignora esto Kirchner y por eso busca el rédito del anuncio de ayer en sus aliados dentro del peronismo. «Con esto mejoramos mucho la elección del año que viene», batió el ex presidente ayer por teléfono hacia Buenos Aires. Y completó: «Cobos no levanta, Carrió tampoco; el único que levanta es Macri».
Furioso por la visita ayer del gobernante porteño al vicepresidente, festejó que la noticia de Nueva York tapaba cualquier efecto de ese gesto de la oposición. Igual les recordó a todos sus acompañantes en Nueva York -que son pocos, pero que le ayudan a pasar el tiempo- que para la elección del año que viene ya ha cerrado acuerdos con todos los dirigentes importantes del peronismo: Carlos Reutemann, Juan Schiaretti, Jorge Busti, hasta Mario Das Neves. ¿Quién queda afuera? Juan Carlos Romero, en quien confía por el acuerdo de paz que firmó en Salta con Juan Manuel Urtubey. ¿De la Sota? Necesita que Schiaretti termine bien su gobierno y por eso lo deja en paz en la legislativa del año que viene. De los sindicalistas sólo manifiesta recelo hacia Luis Barrionuevo. Los emisarios que le mandó para negociar volvieron con demandas tan caras -en lo político, claro- que le hacen decir a Kirchner: «Luisito está loco».
Nada place más en Olivos que estas oportunidades que tiene el gobierno de olvidar, por un instante, que es un gobiernode minoría -aunque administre con aspavientos de mayoría-. Eso explica que esta decisión que, juraron, nunca se iba a tomar sirva para relanzar políticamente a un kirchnerismo que gane algún aroma de triunfo. El lema es: «No hay enemigos a la derecha» y para ellos también van otras decisiones, quizás cosméticas, del ex presidente.
Señales
Una la revela el hecho de que Kirchner empezó a tomar en serio la posibilidad de asumir en octubre próximo como secretario ejecutivo de UNASUR, la unión de países sudamericanos que imaginó Lula da Silva (y Eduardo Duhalde) para sacarle la gerencia de los asuntos regionales a la OEA, que tiene sede en Washington, cuna de consensos antipáticos para la América morena. Desde Nueva York vienen señales renovadas de que «Lupo» acaricia el cargo como una manera formal de salir de la escena doméstica, justificar ausencias y dejar en el escenario a la esposa.
El gobierno presume que si el ex presidente reclama esa función nadie se la podrá negar; sólo tiene un competidor: el boliviano Pablo Solón ( integra el gabinete de Evo Morales), que viene con demasiados conflictos en la mochila como para convertirse en gerente regional.
La decisión se tomará en la cumbre de UNASUR que se hará en la tercera semana de octubre, pero puede haber algún adelanto mañana en Nueva York en la reunión que hará esa liga de países para efectuar un repaso de urgencia la situación en Bolivia. La oportunidad es ideal para Kirchner porque todavía los países que adhieren a ese grupo no han aprobado en sus legislaturas el tratado que lo formaliza. En ese tratado se prevé que la sede de UNASUR sea en Quito, Ecuador, ciudad que el santacruceño -hombre alérgico al pasaporte- ni piensa pisar ni menos aún radicarse en ella.
Mientras el tratado se apruebe, la secretaría podrá establecerse en cualquier otro lugar, por ejemplo la localidad de Olivos, provincia de Buenos Aires o, si es necesario un aura de exotismo, en El Calafate. Según el acuerdo de los mandatarios que crearon ese sello, la sede de Quito se construirá según un diseño que donará el arquitecto más famoso del mundo, Oscar Niemeyer. Este genio del diseño (Brasilia es una de sus obras más conocidas) parece eterno -tiene 101 años y se acaba de casar- y no ha entregado aún los bocetos, otra justificación para que un Kirchner secretario de UNASUR pida que, durante su mandato de dos años, las oficinas se instalen provisoriamente en Buenos Aires.
Interpretar un rol internacional les sirve, además, a los Kirchner para disputar algún espacio al Brasil en la regencia de la región. Lula da Silva tiene un libreto heredado que le dicta los pasos en materia internacional para que su país logre convertirse en vocero de la región ante el resto del mundo. La diplomacia de los países vecinos ha trabajo por décadas para escapar de ese proyecto y se ha dedicado, cuando ha podido, a competir con Brasil en ese rol o, por lo menos, impedir que se consolide.
Aunque no dedicase su tarea en UNASUR a pelearse con Lula, Kirchner tendrá atribuciones envidiables para un político en retiro efectivo. Según la carta del organismo, el secretario general «tendrá derecho a voz en las reuniones de todos los órganos de la UNASUR; también tendrá como misión proponer iniciativas, hacer seguimiento a las decisiones y elaborar el presupuesto».
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