Cierta vergüenza cívica se vivió ayer en el Congreso, con la jura de los nuevos senadores. Y otra vez los protagonistas fueron hombres del peronismo. Ni la urbanidad cultural pudo con esa tradición que impuso Juan Perón con aquello de que «al enemigo, ni justicia». Y fue lo que practicó Néstor Kirchner en el Senado, cuando juró Carlos Menem en la Cámara alta (foto). Evitó saludarlo con premeditación -las malas lenguas juran que, además, tocaba madera mientras le sonreía a su esposa-, casi como si no lo conociera cuando han sido públicos en el pasado los discursos lisonjeros a favor del riojano. Es cierto que luego ingresaron por senderos diferentes, siempre bajo el mismo techo justicialista, pero esa distancia no inhabilitaba para el desprecio. Al menos, para quien dispone de la magistratura presidencial y con el otro son parte del negocio de la política. Tampoco se vio el intento de Menem por un intrascendente apretón, luego de saludar a Gioja y a Acevedo; tal vez merezca que se recuerde que él tampoco estuvo gentil cuando perdió con Kirchner la puja por la presidencia y ni siquiera lo llamó por teléfono para felicitarlo.
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La sesión especial para recibir la jura de los senadores de siete provincias -los bonaerenses quedaron afuera por no haberse terminado aún el recuento de votos en esa provincia, complicado por los cargos locales- comenzó en realidad con una reunión que Informate más
De allí pasaron todos al recinto de sesiones, donde esperaban los nuevos legisladores y algunos de los que continúan mandato.
Por eso la limitación a poco número de familiares por senador y las restricciones al acceso a los palcos de prensa, reservados estrictamente para periodistas acreditados. No hubo barras ni espacio para las manifestaciones dentro del edificio.
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