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22 de mayo 2003 - 00:00

Alarma en la primera "corporación": la CGT

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Como todos los sectores de la sociedad argentina, también los capitostes del sindicalismo están «midiendo» al nuevo Presidente, Las señales que recibieron desde Río Gallegos son ambiguas. Por ejemplo, les fue concedida la designación de Carlos Tomada al frente del Ministerio de Ginés González García Trabajo. Ellos se lo habían pedido a Kirchner a través de Juan Carlos Mazzón, hace 10 días, cuando comenzaron a trascender versiones sobre el aterrizaje de Aníbal Fernández en la cartera laboral. «No tenemos nada contra Aníbal, pero ¿le van a dar el ministerio a los piqueteros? ¿Tendremos que sacar nosotros la gente a la calle para que nos respeten?» le preguntó Carlos West Ocampo a Mazzón y a José Pampuro en sucesivas reuniones. Obra de la casualidad o de cierta consideración a la «corporación», lo cierto es que en Trabajo terminó instalado un técnico, abogado laboralista y amigo de todos los gremios como Carlos Tomada.

Aun así, los «gordos» y el MOP siguen en «estado de alerta y movilización», por usar el dialecto sindical. Temen, tal vez con razón, que la llegada de Kirchner al poder abra paso a un avance de Víctor De Gennaro, la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) y, lo peor, a una desregulación de las personerías gremiales que les permita a las líneas internas izquierdistas de cada organización formar su propia entidad con personería. Por eso los interlocutores de Mazzón y Pampuro no dieron respuesta todavía a la demanda de esos dos «kirchneristas»: «Queremos que lo controlen a (Hugo) Moyano; no lo pueden dejar suelto». Moyano, su gremio de camioneros y la posibilidad de una huelga que afecte a todo el sistema de Transportes es la pesadilla más temida de Kirchner en el terreno gremial.



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