10 de diciembre 2019 - 13:55

¿Cuáles fueron las palabras más utilizadas por Alberto Fernández en su discurso?

El presidente de la nación utilizó "Argentina" en 48 oportunidades. Mirá el Top 10.

Argentina, país y todo. Las tres palabras más mencionadas por Alberto Fernández en su primer discurso como presidente.

Argentina, país y todo. Las tres palabras más mencionadas por Alberto Fernández en su primer discurso como presidente.

Para su discurso de asunción, el presidente Alberto Fernández utilizó 7.220 palabras. Entre las más relevantes, la más empleada fue “Argentina”, a la cual recurrió en 48 oportunidades.

Segunda en el ranking de las palabras relevantes más utilizadas aparece “todos”, empleada en 31 oportunidades. Cierra el podio “país” que aparece 29 veces en el discurso de Alberto.

Las 10 palabras más utilizadas por Alberto Fernández en su discurso de asunción

  1. Argentina: 48
  2. Todos: 31
  3. País: 29
  4. Estado: 29
  5. Social: 18
  6. Democracia: 16
  7. Nacional: 16
  8. Sociedad: 15
  9. Política: 15
  10. Justicia: 15

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Nube de palabras destacadas.

Nube de palabras destacadas.

El discurso completo de Alberto Fernández

"Pueblo Argentino, un contundente Nunca Más.

Nunca Más a una justicia contaminada por servicios de inteligencia, “operadores judiciales”, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos.

Nunca más a una justicia que decide y persigue según los vientos políticos del poder de turno.

Nunca más a una justicia que es utilizada para saldar discusiones políticas, ni a una política que judicializa los disensos para eliminar al adversario de turno.

Lo digo con la firmeza de una decisión profunda: Nunca más es nunca más.

Porque una justicia demorada y manipulada significa una democracia acosada y denegada.

Queremos una Argentina donde se respeten a rajatabla la Constitución y las leyes. Queremos que no haya impunidad, ni para un funcionario corrupto, ni para quien lo corrompe, ni para cualquiera que viola las leyes. Ningún ciudadano por más poderoso que sea está exento de la igualdad ante la ley. Y ningún ciudadano, por más poderoso que sea, puede establecer que otro es culpable si no existe debido proceso y condena judicial firme.

Cuando se presupone la culpabilidad de una persona sin condena judicial se está violentando no sólo la Constitución, sino los principios más elementales del Estado de Derecho.

Para superar este muro que lo único que ha garantizado en la Argentina es la impunidad estructural, en los próximos días vamos a enviar al Parlamento un conjunto de leyes que consagren una integral reforma del sistema federal de justicia.

Al mismo tiempo, estaremos reorganizando y concentrando los esfuerzos de la justicia de modo que se pueda enfatizar con eficacia y transparencia la investigación del crimen organizado, el crimen complejo y el narcotráfico y la droga, que son flagelos que debemos abordar con un carácter sistémico.

Se trata de aprovechar valiosos y mayoritarios recursos que hoy existen en nuestro sistema de Justicia, de modo de terminar con la mancha ominosa que un sector minoritario le provoca a la credibilidad de las instituciones.

En el mismo sentido de transformación profunda, he decidido que sea intervenida la Agencia Federal de Inteligencia, para impulsar así una reestructuración de todo el sistema de inteligencia e información estratégica del Estado.

Como paso inmediato, dispondré la derogación del decreto 656 del 2016, que fue una de las primeras y penosas medidas que la anterior administración promovió y que significó consagrar el secreto para el empleo de los fondos reservados por parte de los agentes de inteligencia del Estado.

En el marco de la derogación de dicha medida, que significó un lamentable retroceso institucional, también he tomado otra decisión: dichos fondos reservados, no sólo dejarán de ser secretos, sino que serán reasignados para financiar el presupuesto del Plan contra el Hambre en la Argentina.

Lo mismo haremos con el resto de los fondos reservados que el actual presupuesto nacional hoy prevé para las otras fuerzas armadas y de seguridad, que serán mantenidos como tales en la medida indispensable, sólo cuando necesidades estrictísimas de defensa y seguridad lo exijan, y siempre con un máximo nivel de control parlamentario.

Lo digo y reitero con la firmeza de una convicción profunda.

Nunca más al Estado secreto.

Nunca más a la oscuridad que quiebra la confianza.

Nunca más a los sótanos de la democracia.

Nunca más es nunca más.

En este contexto, les anuncio también que en las próximas semanas estaremos enviando al Parlamento y sometiendo al debate informado de la sociedad civil y los expertos de todo el país, una propuesta de transformación y coordinación estructural de toda la política de seguridad ciudadana y prevención de la violencia.

Aspiramos a que sea no sólo una política de Estado sino también una política de la sociedad. Concertada, plural, integral y co-gestionada, más allá del plazo de nuestro mandato, entre todos los actores del sistema político. Para evitar los péndulos peligrosos que no hacen más que poner en cuestión la credibilidad de las instituciones.

Queremos poner a la Argentina de pie. Y en ese objetivo también tienen que estar incluidas nuestras fuerzas armadas.

Para eso tienen que estar capacitadas y equipadas, alistadas y adiestradas, para el cumplimiento de la misión principal y las misiones secundarias.

Queremos una política de Defensa autónoma, defensiva y cooperativa, articulando principalmente con los países de la región, con quienes ya no tenemos hipótesis de conflicto.

Estamos convencidos de que la ciencia, la tecnología, la producción para la Defensa y la ciberdefensa pueden constituirse en vectores fundamentales del desarrollo nacional.

Queremos que el Sistema de Defensa continúe apoyando la política antártica nacional, siendo nuestro país el que mayor presencia ininterrumpida tiene en el continente blanco y el que más bases posee. Allí, el aporte logístico de las fuerzas armadas hace posible que centenas de científicos e investigadores puedan realizar su tarea, aún en situaciones extremas.

Continuaremos con las misiones de mantenimiento de la paz en el marco de nuestra pertenencia a la Organización de las Naciones Unidas.

Como Comandante en Jefe quiero decirles con claridad a nuestras fuerzas armadas: tenemos una enorme oportunidad para mirar al futuro y hacer de la política de Defensa una verdadera política de Estado, con un consenso amplio de las fuerzas políticas y un fuerte compromiso con nuestra Constitución Nacional.

Ciudadanizar la democracia también es respetar la libertad de expresión y todas las opiniones emitidas a través de los medios masivos de comunicación.

En tiempos de operaciones de intoxicación con noticias falsas a través de las redes sociales, necesitamos más que nunca de medios vibrantes, comprometidos con la información de calidad.

Los medios están hoy inmersos en un cambio tecnológico exponencial que, al interpelarlos, también interpela a nuestra democracia. Nuestro Gobierno asume el compromiso de acompañarlos con independencia en esta transición. Y de consolidarlos como una gran industria del conocimiento.

En esta dimensión de pleno respeto, vamos a hacer una convocatoria a una mejor calidad institucional en nuestra relación con los medios periodísticos, a través de la reformulación en lo que ha sido hasta hoy el manejo de la pauta de publicidad del Estado.

La administración que hoy terminó, gastó un monto total de 9.000 millones de pesos en propaganda oficial.

Un despropósito de propaganda estatal, en un país con hambre de pan y hambre de conocimientos.

Queremos una prensa independiente del poder e independiente de los recursos que la atan al poder.

Por eso, vamos a reorientar el presupuesto de publicidad del Estado bajo otros criterios.

Queremos que dejen de servir a la propaganda del Estado para que pasen a servir al mejoramiento de la calidad educativa.

No vamos a recortar esta cifra inmensa en su totalidad, porque afectaría el movimiento empresarial de nuestros medios periodísticos. Pero sí vamos a reorientarla.

Queremos que los avisos que pague nuestro gobierno, en lugar de hacer propaganda, contribuyan a mejorar el proceso de aprendizaje de nuestros jóvenes.

Para que la matemática, la historia, la literatura, la física y las ciencias de nuestras currículas escolares, puedan ser enseñadas de modo más eficaz y creativo, a través de contenidos que sean desarrollados y diseminados por la pauta publicitaria que se pone en marcha con los recursos del Estado.

No queremos avisos pagos con dinero de todos para que elogien las bondades del gobierno de turno.

Vamos a invertir el presupuesto de la publicidad oficial para publicar avisos en los medios que serán herramientas pedagógicas, que nos ayuden a mejorar el rendimiento educativo de nuestros jóvenes en todo el país. Tenemos que poner estos recursos al servicio del dictado de contenidos más accesibles y más adaptados a las demandas modernas.

En las próximas semanas estaremos convocando a las instituciones periodísticas de todo el país, para que se sumen con su talento a esta propuesta y se comprometan junto a docentes, científicos, pedagogos y expertos en educación, bajo la consigna de mejorar la calidad educativa.

El sistema de medios del Estado –radio, televisión, agencias de noticias, espacios culturales- también va a contribuir a este propósito prioritario. Más y mejor educación para todas y todos.

Y también vamos a promover que todas las jurisdicciones y los otros Poderes del Estado del país, con un criterio federal, se sumen a este propósito.

No habrá pauta del Estado para financiar programas individuales de periodistas. Sólo se destinará a instituciones periodísticas. En la relación con los periodistas, más que nunca tiene sentido aquella frase de que “las cuentas claras conservan la amistad y el respeto”.

En el mismo contexto de innovación, vamos a proponer una Gran Escuela de Gobierno, con altísima excelencia académica, como eje de un proceso de profesionalización, mérito y carrera administrativa en el marco del Estado Nacional.

Impulsamos todas estas decisiones porque entendemos que un Nuevo Contrato de Ciudadanía Social implica poner en marcha una gesta educativa, científica y tecnológica. Como alguna vez dijera Arturo Frondizi, debemos lanzarnos “con decisión y coraje a la conquista del futuro”.

Pondremos todos los esfuerzos necesarios para universalizar la educación de la primera infancia, para que todas nuestras niñas y niños, desde los 45 días hasta los 5 años aprendan, jueguen y convivan en ese espacio fundamental para su futuro como personas y para nuestro futuro como nación que es la escuela.

No descansaremos hasta que un niño en una zona rural tenga el mismo acceso a una educación transformadora que una niña de un centro urbano, viva en el punto del país que viva. Hoy existen regiones en donde 3 de cada 10 chicos no comienzan su escolaridad antes de los 5 años y otras donde la mitad no lo hace antes de los 4.

Asimismo, vamos a tener como prioridad avanzar en la extensión de la jornada escolar, una iniciativa fundamental para romper las desigualdades de origen. Empezaremos por las escuelas a las que asisten niñas, niños y jóvenes de sectores que más necesitan del Estado, que ya no pueden esperar más.

Nada de esto será posible si no valorizamos a lo más importante de este sueño que tenemos entre manos: queremos que cada maestro y cada maestra deseen ser los educadores del futuro, el motor de cambio y transformación de nuestra sociedad. Mejorar las condiciones de trabajo y asegurar una formación inicial y permanente debe ser una prioridad.

Durante mi gobierno estableceremos las bases de un gran Pacto Educativo Nacional, con todos los actores de la comunidad educativa y de la sociedad.

Y esto no es letra muerta de un discurso.

La Argentina se hizo valiosa cuando Alberdi y Sarmiento trabajaron para que la educación sea pública. Se hizo rica con la Reforma Universitaria. Se hizo más potente cuando el justicialismo declaró la gratuidad de la enseñanza universitaria.

Reivindicamos a la investigación científica y tecnológica porque ningún país podrá desarrollarse sin generar conocimientos y sin facilitar el acceso de toda la sociedad al conocimiento. He decidido que en nuestro Gobierno el área respectiva recupere su jerarquía Ministerial que nunca debió perder.

Junto al movimiento obrero organizado, columna vertebral del acuerdo social, también vamos a impulsar un esencial fortalecimiento de la formación permanente para los trabajos del presente y del futuro. Queremos que el cambio tecnológico tenga alma, que esté al servicio de vivir bien, que multiplique productividad, inclusión y equidad.

No quiero finalizar sin mencionar enfáticamente que en estos próximos cuatro años haré todos los esfuerzos necesarios para que estén en un primer plano los derechos de las mujeres. Buscaremos reducir, a través de diversos instrumentos, las desigualdades de género, económicas, políticas y culturales. Pondremos especial énfasis en todas las cuestiones vinculadas al cuidado, fuente de muchas desigualdades, ya que la mayor parte del trabajo doméstico recae sobre las mujeres en Argentina al igual que otros países.

Ni una Menos debe ser una bandera de toda la sociedad y de todos los poderes de la república. El Estado debe reducir drásticamente la violencia contra las mujeres hasta su total erradicación.

También en nuestra Argentina hay mucho sufrimiento por los estereotipos, los estigmas, por la forma de vestirse, por el color de piel, por el origen étnico, el género o la orientación sexual. Abrazaremos a todos quienes sean discriminados. Porque cualquier ser humano, cualquiera de nosotros, puede ser discriminado por lo que es, por lo que hace, por lo que piensa. Y esa discriminación debe volverse imperdonable.

Nuestra ética política reivindica los valores de la solidaridad y la justicia. A todos los argentinos nos afecta la crisis. Quiero dirigirme un momento también a quienes están en una mejor situación económica. A los argentinos que por su esfuerzo o por el motivo que fuera tienen una situación más placentera.

En un contexto de gravedad extrema, de emergencia, debemos comprender que no existe la posibilidad de pedirle sacrificios a quien tiene hambre, no se le puede pedir sacrificios a quien no puede llegar a fin de mes. Debemos salir de esta situación con solidaridad, para que cuando se encienda la economía todos los sectores, sin excepción, puedan verse beneficiados. Pero hasta eliminar el hambre le pediremos mayor esfuerzo solidario a quien tenga más capacidad de darlo.

Comenzar por los últimos, para llegar a todos.

Y así, proponemos una Argentina donde el abrazo crezca, se multiplique, porque necesitamos unirnos. Si logramos detener el odio, podremos detener la caída de la Argentina.

La primera y principal liberación como país es lograr que el odio no tenga poder sobre nuestros espíritus. Que el odio no nos colonice. Que el odio no signifique un derroche de nuestras personas viviendo en comunidad.

Quiero terminar agradeciendo profundamente la generosidad y destacar la visión estratégica que nuestra vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, ha expresado en este tiempo de la Argentina.

Permítanme también recodar en esta hora a tres personas que me signaron en la vida.

Quiero recordar a mi madre que me marcó con su ejemplo.

Quiero recordar a Esteban Righi quien me inculcó como nadie los mejorrs valores del Estado de Derecho.

Y quiero recordar a Néstor Kirchner, quien en el año 2003 me permitió participar de la maravillosa aventura de sacar a la Argentina de la postración.

Quiero agradecer también a todas mis compañeras y compañeros del espacio político que nos ha llevado a la victoria, por la permanente dedicación y militancia.

Muchas veces me he preguntado en estos días por qué motivos quisiera que nuestro Gobierno sea recordado en el futuro.

Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de ayudar a volver a unir a la mesa familiar. Que las lógicas y saludables diferencias políticas que pueden existir en una familia puedan dialogarse en paz y en respeto, sin divisiones o peleas.

Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de superar la herida del hambre en la Argentina, que es un insulto a nuestro proyecto colectivo de vida en común.

Quisiera que seamos recordados por haber sido capaces de superar la lógica perversa de una economía que gira alrededor de la desorganización productiva, la codicia, la especulación y la infertilidad para las mayorías.

Quisiera que dejemos como huella haber reconstruido la casa común con un gran proyecto nacional, un Acuerdo Estratégico para el Desarrollo, del cual nos sintamos orgullosos.

Por eso, deseo que las palabras finales de mi primer mensaje como Presidente de toda la Argentina, no constituyan una respuesta sino una pregunta.

Las respuestas sin preguntas son como árboles sin raíces. Y sólo en el encuentro entre las preguntas y las respuestas nuestras palabras adquieren vida real.

¿Seremos capaces, como Argentina Unida, de atrevernos a construir esta serena y posible utopía a la cual nos llama hoy la historia?

¿Seremos capaces como sociedad?

¿Seremos capaces como dirigentes?

Yo quiero ser el Presidente de la escucha, del diálogo, del acuerdo para construir el país de todos.

Días atrás un amigo me señalaba la importancia de todo ello en el futuro que se avecina. Tenía razón al decir que tenemos que aprender a escucharnos aun sabiendo que no pensamos los mismo. Demasiado tiempo probamos el método del enojo y del rencor. Todas y todos debemos despojarnos del rencor que cargamos. Volvamos a ganarnos la confianza del otro. Volvamos a confiarnos entre nosotros.

Nos ha llegado la hora. Por eso estoy aquí.

Cuando mi mandato concluya, la democracia argentina estará cumpliendo 40 años de vigencia ininterrumpida.

Ese día quisiera poder demostrar que Raúl Alfonsín tenía razón.

Espero que entre todos podamos demostrar que con la democracia se cura, se educa y se come.

Pongámonos de pie y empecemos nuevamente nuestra marcha.

Muchas gracias."

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