Alberto Fernández mantuvo ayer reserva absoluta (o como se lo quiera llamar) sobre la negociación de la deuda y su posterior plan para la economía argentina. El mundo económico y financiero que pretendía tener algún indicio sobre los próximos pasos en la oferta a bonistas o datos sobre la marcha de las conversaciones con el FMI deberá esperar otro momento para saberlo. El Gobierno confirmó así que se mantiene firme en el “juego de póker” que describió el propio Presidente y levantó con eso más nerviosismo que el que venía reinando en los mercados. Todos los actores del mercado que escucharon el mensaje ante la Asamblea volvieron a preguntarse qué cartas tendrá el Presidente en sus manos. Como mínimo, muchos quedaron con gusto a poco. No fueron los únicos.
El repaso que hizo ayer Alberto F. sobre la herencia recibida no fue todo lo extenso y quirúrgico que hubiera querido el kircherismo. Entre las bancas hubo alguna queja por considerar que esa posición de mirar prioritariamente hacia delante si revisar puntillosamente el pasado reciente puede transformase en un error casi duranbarbista. Hubo sí, un resumen de la caída monstruosa de la economía argentina, la inflación récord y los montos de deuda que deben afrontarse; pero esa exposición fue medida y no más enérgica que cuando Alberto F. se quejó por la destrucción de los instrumentos de regulación durante la era macrista.
Otra ausencia que todos notaron: no hubo referencias en el mensaje a la crisis por el Coronavirus. No era de esperar que el Presidente abonara el pánico sobre el contagio, habida cuenta que su ministro de Salud, Ginés González García, lleva delante una estrategia transmitir tranquilidad sobre el tema, aunque algunos consideran que demasiada. Pero llamó la atención que Alberto no hablara ni siquiera del impacto económico que puede traer al país esa crisis sanitaria que ya está provocando una caída real del crecimiento en el mundo. Ese efecto, que cayó primero en uno de los principales compradores de la Argentina como es China, ya causó que en ese país la curva de la actividad manufacturera se derrumbara a niveles inferiores a los que registró en la megacrisis financiera del 2008. El efecto frío sobre la economía se extenderá más todavía en el mundo y justo cuando el país lleva adelante una reestructuración de su deuda que necesita al mercado fresco y dispuesto a aceptar propuestas de una nación como Argentina, uno de los peores alumnos siempre entre los emergentes.
Entre las afirmaciones del discurso presidencial de ayer hubo tres que especialmente impactaron en el mundo financiero, habida cuenta que, como se dijo, el Presidente decidió no adelantar movimientos sobre la estrategia con la deuda y el eventual plan económico que debería venir después.
El primero fue el anuncio del envío al Congreso de la Ley de Desarrollo Hidrocarburífero. Ese proyecto está dando vueltas casi desde el inicio del mandato de Alberto F. Está considerado esencialmente en grado extremo para intentar reactivar, como punto central aunque no único, Vaca Muerta, después de la caída de inversiones, producto del congelamiento de combustibles y las restricciones. También para que las empresas operen en una economía normal, que no es precisamente lo que viene sucediendo en Argentina en los últimos años. El anuncio de ese proyecto que tiene mano de Guillermo Nielsen entre otros, pero que es clave también en la interna del Gobierno, no fue una sorpresa en sí mismo por su existencia (que era más que conocida) pero si porque dejó en claro que el Presidente está dispuesto a llevarlo adelante. Las cuatro petroleras operadoras centrales de Vaca Muerta venían esperando con atención ese párrafo del mensaje.
Hay atención también con la reforma a la ley de Economía del Conocimiento, que vendrá con cambios que impactan en las grandes empresas y también por una mención que si causó sorpresa: la existencia de una investigación en el Banco Central sobre el destino que tuvieron los fondos que ingresaron deuda contraída en la era Macri.
“El Banco Central se encuentra analizando de modo pormenorizado la manera en la que nuestro país recibió divisas en concepto de préstamos y el destino que los mismos merecieron. Todos hemos visto impávidos como los dólares que deberían haber financiado el desarrollo productivo, acabaron fugándose del sistema financiero, llevándose los recursos y dejándonos la carga de la deuda”, dijo ayer Alberto F. Está claro que hubo una corriente de dólares que terminaron financiando la salida de capitales. Sucedió en todas las crisis y de hecho hasta el propio FMI se ha replanteado en las últimas semanas cómo manejar esa cara de la debilidad en los emergentes en medio de las crisis, pero fue una novedad que Miguel Pesce estérevisando esos números y hacia dónde fueron los fondos.
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