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Duhalde debe haber sentido el golpe. No sólo porque Giacomino fue su jefe de Policía. Antes había sido su jefe de custodia, cuando el hombre de Lomas ocupaba la Vicepresidencia de la Nación (1989-1991). Lo heredó Carlos Ruckauf cuando ocupó el mismo cargo (1995-1999). «Rucucu» siempre prefirió a la Federal antes que a la Bonaerense, tanto que su custodia como gobernador estaba formada por «azules».
Cuando se hizo cargo del gobierno Adolfo Rodríguez Saá, Ruckauf pidió expresamente la designación de Giacomino al frente de la Federal. Le fue concedida, a pesar de las objeciones que interpuso el entonces ministro de Justicia, Antonio Zuppi, quien -según dijo por entonces-había recibido un informe con contraindicaciones del Centro de Estudios Legales y Sociales, Cels, que conduce el periodista Horacio Verbitsky (seguramente, esa entidad habrá insistido con la contraindicación, con poco éxito, delante de Kirchner).
Béliz se encargó de enfatizar, ayer, que las contrataciones de Giacomino se produjeron en los días en que el duhaldismo abandonaba el poder. Y ventiló que asesores de Juan José Alvarez, el ministro de Justicia y Seguridad de Duhalde, desaconsejaron esas contrataciones. En efecto, Alvarez se habría negado a autorizar la operación. Hoy este ex ministro es el encargado de la seguridad del gobierno de Felipe Solá, ubicado allí por Duhalde. Si no autorizó la compra de esos equipos informáticos el ministro, ¿lo hizo algún otro integrante del alto poder político? ¿Puede el jefe de una fuerza de seguridad en apuros financieros disponer una compra de esa dimensión sin consultar a sus superiores? ¿O fueron opera-ciones habituales durante su jefatura, que se extienden incluso a otras compras, como las de motocicletas para patrullar la Ciudad?
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