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En efecto, fue Atanasof quien presentó ayer el proyecto legislativo, que expresa a una alianza de bonaerenses, cordobeses, santafesinos y porteños. Kirchner ya tiene a esa alianza en sus oraciones desde que vio a sus jefes, sugestivamente acompañados por el vicepresidente Daniel Scioli, subidos a un vagón de tren en San Vicente y saludándolo a él desde una foto: claro, ese día partía hacia los Estados Unidos.
El sistema que auspicia Duhalde a través de esta iniciativa legislativa consiste en que los partidos mantengan el monopoliode la postulación de candidatos pero que sean los electores quienes ordenen su orden de entrada en el Congreso. El voto sería, en adelante, uninominal. Ya no se votarían listas sino candidatos individuales, seleccionados dentro de la lista que proponen los partidos. Como suele suceder con los sistemas electorales, muchas claves de su significado político se esconden en los detalles:
• El primero que llama la atención, al que el proyecto le dedica especial esmero, es la manera en que debe realizarse el escrutinio electoral. En Brasil, éste se produce sin considerar la pertenencia partidaria de cada candidato: se ordenan según los votos obtenidos, en orden descendente, todos los candidatos participantes en los comicios. Ingresan al Parlamento tantos como bancas se pusieron en consideración. Así es posible saber, por ejemplo, cuál es el candidato más votado en términos absolutos.
La ley que promueve el «grupo vagón» prevé dos escrutinios. Uno, inicial, por partidos: se suman los votos según las boletas en las que están incluidos los candidatos para determinar cuál es la fuerza más votada. Una vez finalizado ese recuento se realizaría otro, para establecer cuál fue el más votado de cada lista. De este modo, se evita que quede en primer plano la identidad del candidato más votado de toda la oferta de un distrito. Se trata de un ardid muy comprensible en hombres que pertenecen a un partido como el PJ bonaerense que, posiblemente, cuente con la estructura más poderosa de un territorio pero no con las figuras más atractivas o queridas. ¿Obtendría, por ejemplo, Duhalde, más votos individuales que un Mauricio Macri, Ricardo López Murphy o, por ir a un extremo odioso, Cristina Kirchner? «Mejor que se diga quién fue el más votado del partido más votado y que no se ingrese en comparaciones menosconvenientes», habrán pensado quienes imaginaron el proyecto.
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