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Sobre Escrivá y el Opus Dei, la congregación que él fundó el 2 de octubre de 1928, se han publicado bibliotecas enteras. Desde la apología hasta la detracción, la evaluación sobre su figura y el estilo de su grupo religioso no reconoce matices. Basta con algunos títulos clásicos: «La prodigiosa aventura del Opus Dei. Génesis y desarrollo de la Santa Mafia» de Jesús Ynfante hasta «El fundador del Opus Dei. Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975) de Andrés Vázquez de Prada, la figura del santo inminente y su obra ha sido vapuleada y exaltada sin términos medios. Se le dedicó hasta una novela, «Carajicomedia», novela de Juan Goytisolo en la que se lee en clave sexual la vida del beato.
En los días recientes, a un paso de su canonización, esta contienda se hizo más tumultuosa. En el último mes vieron la luz dos trabajos muy documentados. Crítico y ácido, el periodista e historiador argentino Emilio J. Corbiére publicó «Opus Dei. El totalitarismo católico» (Buenos Aires: Sudamericana, 2002; 352 p.), donde con gran erudición condena al Opus y a su fundador, desde una óptica anticlerical y de izquierda, como una de las manifestaciones más reaccionarias y elitistas de la vida religiosa católica de las últimas décadas. La otra campana sonó con el libro de Vittorio Messori, «Opus Dei. Una investigación» (Buenos Aires: Sudamericana, 2002; 296 p.). Messori es un periodista italiano, experto en la cobertura de la vida eclesiástica, admirador de Balaguer y famoso por haber realizado en 1994 un largo reportaje a Juan Pablo II.
En la misma línea de este trabajo Giuseppe Romano publicó «Opus Dei. El mensaje, las obras, las personas», que fue presentado en Roma nada menos que por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio), cardenal Joseph Ratzkinger, pilar del conservadorismo doctrinario del actual pontificado.
Escrivá lanzó su congregación, el Opus Dei en el clima de lo que fue la dictadura clerical de Miguel Primo de Rivera (padre de José Antonio, el creador de la Falange), que gobernó entre 1923 y 1929. Durante la Guerra Civil española sirvió de sostén religioso al bando nacionalista, a tal punto que hay quienes creen ver ese embanderamiento en algunos de los aforismos del libro «Camino», un manual de espiritualidad escrito por aquellos años dramáticos por el propio Escrivá: «¿Adocenarte? ¿Tú... del montón? ¡Si has nacido para caudillo!» (sentencia 833 de ese libro).
Una curiosidad poco divulgada es que en la fundación de esta institución religiosa intervino también un argentino, compañero de estudios del cura en su juventud: se trata de Isidoro Zorzano Ledesma, quien habiendo nacido en Buenos Aires en 1902 estudió con Escrivá en 1928 y murió en Madrid en 1943.
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