31 de julio 2008 - 00:00

Arrancó el cambio dentro del cambio

Pero era otro, el cambio

Afiche de campaña de Cristina del año pasado, donde prometía que comenzaba elcambio dentro del cambio.
Afiche de campaña de Cristina del año pasado, donde prometía que comenzaba el cambio dentro del cambio.
La prisa con la cual Cristina de Kirchner congeló la agenda para recibir a Julio Cobos y los argumentos contra los subsidios al sector energético que empleó Julio De Vido para justificar las suba de tarifas parecen decir que comenzó el cambio dentro del cambio.

Cuando los Kirchner hicieron circular ese lema durante la campaña electoral pensaban seguramente en otros cambios; no que los personeros del gobierno saliesen a saciar, lastimados por la derrota -la del campo- más grande sufrida desde 2003, los reclamos de la oposición. Soñaban en un PJ volcado a la izquierda, en una estatización del comercio exterior y en la reargentinización de más empresas extranjeras. El canto de cisne de ese programa fue el rap del Néstor Kirchner ante los intelectuales en la Biblioteca Nacional, horas antes de la debacle en el Congreso en la batalla de las retenciones móviles. En esas confesiones a puertas cerradas, el ex presidente se mortificó defendiendo el proyecto del tren bala. Atropellando las palabras, se flageló: «A veces compramos el símbolo que nos coloca el enemigo». Con eso acalló los silbidos de los intelectuales.

¿Comenzó el gobierno a comprar los símbolos que le coloca el enemigo? Julio De Vido dijo ayer que el gobierno aumentaba las tarifas porque llegó la hora de bajar los subsidios al sector energía. «El objetivo de esta modificación tarifaria apunta, esencialmente, a evitar la aplicación de nuevos subsidios, mejorar la redistribución del ingreso y al uso racional de la energía eléctrica.» Es la primera vez que un funcionario notable dice algo en público contra los subsidios, ese motor que encontró la economía criolla en 2002 y que se ha convertido en un problema tan grande como el que el país sufrió con la deuda externa.

El último que lo hizo fue Martín Lousteau en el documento que cifró su despido del gobierno, pero lo hizo en secreto en su documento de doce puntos que le envió a Cristina de Kirchner: justificaba el reajuste de tarifas al gas, la electricidad y el transporte en que el modelo subsidiaba a quienes más tenían y castigaban al interior.

  • Bandera

  • El argumento recogido por De Vido lo usaron como bandera los activistas del campo, entre ellos, Alfredo de Angeli, para justificar el paro agrario. Las retenciones altas, decía, sirven para subsidiar servicios a quienes podían pagarlos y castigaban al interior. La mansedumbre de De Vido al anunciar ayer el ocaso de los subsidios parece más que un cambio de estilo, aunque eso bastaría en un gobierno que ha suplido las estrategias y los planes con ademanes estilísticos.

    La cantidad de subsidios que salen del tesoro, lo sabe el gobierno, llegan ya a los $ 40.000 millones de pesos anuales, y que pesa mucho en la mala calificación internacional del país, aislado del crédito por el default de la deuda, los índices-ficción y esa inyección de recursos que busca abaratar algunos costos industriales, pero, más que nada, aplacar la ira de la burguesía ante cualquier agresión del poder. Por ejemplo, la inflación.

    Recibir con prisa de amigos al disidente Cobos, estrella de la oposición y del área de los «normales» del gobierno, la obligó a desairar al intendente de la localidad conurbana de Almirante Brown, Darío Giustozzi (un hombre que, dicho sea de paso, busca repararse de la malandanza del kirchnerismo poniendo en el aire un partido propio, Acción Vecinal, la misma marca de Gustavo Posse en San Isidro), con quien tenía previsto un acto de enunciación de promesas. La Presidente, en cuanto recibió la carta de Cobos interesándola en un encuentro, suspendió por mal tiempo el acto -ni llovía- y mandó a Sergio Massa a anunciar la cita. No se quiso sacar fotos con Cobos, algo que tampoco lograron los opositores Felipe Solá y De Angeli cuando visitaron al vicepresidente en el Senado el lunes a la tarde.

  • Insoportable

    La subida de prestigio del vicepresidente por lo que la propia Cristina de Kirchner definió como «traición» y «derrota» se convirtió en insoportable para la Presidente, astragada por la lectura de encuestas que le señalan que la opinión mayoritaria está del lado del mendocino. Esas mismas encuestas la movieron a apurar la estatización de Aerolíneas -marca amada por el público, según los sondeos- en estado de máxima debilidad. Tanta, que lo que creía podía ser un paseo en el Congreso puede ser otro calvario si no fractura el frente opositor que logró el estado sólido con el rechazo de las retenciones móviles.

    Eso explica el lanzamiento masivo de señales de acuerdo con sectores críticos que salieron de los despachos de Cristina de Kirchner y de Massa. Han desatendido a los peronistas que los acompañaron a la puerta del cementerio, pero la urgencia de proceder al cambio dentro del cambio privilegia más los nombres de Cobos, Mario Das Neves (que congela por ahora su aparición junto a Eduardo Duhalde) y los opositores Hermes Binner y Fabiana Ríos. Por eso también el afán por tener un rato en casa a Mauricio Macri, quien, como los dirigentes del campo, le ha tomado el gusto a gozar la mala hora del kirchnerismo y lo golpea al verlo con el paso cambiado. Pero dentro del cambio.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar