Mina Clavero, Córdoba (especial) - Desconcertados estaban los habitantes del pueblo de Mina Clavero, invadido el fin de semana por tantos radicales, más de 2 mil, todos operadores, punteros y curiosos que fueron a presionar o en todo caso a mirar la convención partidaria a la que concurrió un récord de convencionales, 329 sobre un total de 345 miembros que tiene ese cuerpo. Insólitamente pacífica, seguramente porque los radicales se sienten renacer por la referencia que todos parecen teniendo a Julio Cobos, en estas horas en Miami hablando más de su propio gobierno. No extrañó este gesto de redoblar las críticas el vicepresidente en los Estados Unidos sobre las bêtes noires del gobierno (Claudio Uberti, Julio De Vido): con eso logró taparles la boca a los anticobistas que fueron a Córdoba a frenarle su regreso al partido. Por lo menos logró un récord: que su nombre nunca fuera pronunciado en los discursos. «Si el principal opositor hoy a Kirchner es Cobos, cualquier crítica a Cleto hubiera puesto al sector anticobista del lado del gobierno», interpretó el porteño Rafael Pascual.
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Este ex diputado dio una prueba de vida de toda una generación de radicales que volvieron a la acción en la cumbre de Mina Clavero. Pascual formó bloque junto a Enrique Nosiglia, Leopoldo Moreau, Federico Storani, Pablo Verani y el «Changui» Cáceres en el sector pro Cobos, que polemizó en varias reuniones secretas con la otra vereda, la federal, que representaron Ernesto Sanz, Roberto Iglesias, Gerardo Morales, Angel Rozas y Jorge Aguad. En suma, el país que nunca cambia, de nuevo alfonsinistas contra antialfonsinistas. Estos aportaron a la cumbre la presencia de los socialistas de Giustiniani pidiendo una alianza (está enfrentado con Binner, que manda a pintar Binner-Cobos) y la de los vices de la Mesa de Enlace del campo, con lo cual también contribuyeron a descobizar una convención de la que seguramente se beneficiará Cobos. Empataron los dos sectores en una última cumbre en la parrilla El Mosquito y que se terminó de cerrar en los camarines que están debajo del escenario del teatro municipal cuando hablaba al público Hipólito Solari Yrigoyen. Lo más importante es una reforma a la carta orgánica de la UCR que declara que la banca es del partido y no del candidato que la ganó. Una minucia simbólica que creen frenará tanto borocotismo en el partido pero que, según sus promotores, tiene más importanciade la que se cree: la han pedido a los partidos esa declaración los jueces electorales como condición para que prosperen los recursos de los partidos contra legisladores que usan la estructura para llegar a un cargo y después dejan el partido. Esos jueces han convencido a estos radicales que si en la carta orgánica del partido figura esa declaración, bastará en el futuro con el partido comunique a la Justicia quién es el suplente de borocotó de turno para sacarle la banca a éste por traidor. Tan fácil no será. También la constatación de un ocaso: no fue a Córdoba Jesús Rodríguez ni estuvo presente ningún resto del terragnismo, ni el propio Rodolfo Terragno que el jueves participó de un ciclo de conferencias con funcionarios del gobierno.
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Entre los radicales que se apoderaron de hoteles, albergues, pensiones, hosteles y demás alojamientos en Mina Clavero, fue unánime la chanza sobre el monumento que se dice en la Casa de Gobierno que representa a San Martín. No sólo enojó a los radicales que en el Congreso lo insultase Agustín Rossi al ex presidente el día del homenaje, sino que se haya elegido una figura irreconocible para recordarlo. Al punto de que hay algunos legisladores que piensan presentar un proyecto de ley para llamar a concurso de nuevo para hacer otra escultura. Los críticos recordaban que, por ejemplo, Alfonsín nunca fue calvo, como lo representa el busto que inauguró Cristina de Kirchner con gesto más propio de un Saddam Hussein que del patriarca del democratismo argentino. Un correntino, con gracia, contó que hace años en la localidad de Monte Caseros, la misma en donde se refugió Aldo Rico al frente de los carapintadas alzados contra Alfonsín, una comisión de homenaje a San Martín negoció el monumento que hoy está en la plaza de esa ciudad. No juntaron el dinero necesario para mandar a hacer un busto a medida y se apersonaron con lo habían alcanzado a recaudar al taller de un famoso escultor de entonces. Con ese dinero, les respondió, no tengo para hacer algo nuevo, pero miren que hay en el depósito y elijan lo que más les guste. La comisión vio los bronces vacantes y eligieron a uno que representaba a Cristóbal Colón, con sombrero español de conquistador. Es Colón, pero lo adaptamos, dijo el escultor, que hizo los recortes necesarios. Así, una imagen de Colón recuerda, sin que nadie lo sepa, a San Martín en Monte Caseros.
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Algunos de los radicales venían ya enfiestados. Habían estado en el casamiento de la hija del ex administrador de la Corte Suprema de Justicia, el otrora gravitante Nicolás Reyes, que armó una fiesta grande en el predio de las afueras de la capital de Córdoba llamado La Angelina. Hubo rarezas para la clerical Córdoba, ya que la boda se hizo según el ritual evangélico. Reyes, aunque se hizo célebre con la Corte menemista que presidía Julio Nazareno, viene del cuño radical. Por eso se mezclaron en esa fiesta notable de ese partido como Eduardo Angeloz, Carlos Becerra, Oscar Aguad y algún peronista como Eduardo Camaño (enlace del kirchnerismo con el bloque del Senado, función que cumple Juan Carlos Correa entre los diputados del oficialismo), algunos miembros de la Corte como Ricardo Lorenzetti y Juan Carlos Maqueda, además de un lote importante de abogados y jueces de la provincia y otros llegados de Buenos Aires.
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