25 de agosto 2003 - 00:00

Avatares de los candidatos

Casi no probó bocado durante todo el domingo. Siempre frugal, Mauricio Macri potenció ayer esa tendencia por los nervios de su primer ensayo político de peso, sin computar su desembarco en Boca Juniors.

Temprano, antes de ir a votar en una escuela técnica del barrio de Palermo, apenas desayunó. Luego regresó a su casa y sobre el mediodía, ya instalado en el comando de campaña de la calle Chacabuco, ignoró, sistemático, el catering.

Ni siquiera los números dulces que sus laderos comenzaron a susurrarle al oído a media mañana -que por entonces le auguraban una victoria auspiciosa para el segundo round previsto el 14 de setiembre-lograron quebrar esa resistencia casi infantil a comer.

• La tarde del día previo la dedicó a un paseo cultural con su esposa, Isabel Menditeguy, con quien visitó al Centro Borges, donde se expone una muestra fotográfica del escritor; y a estar con su familia.


• El sábado terminó tarde. Hasta pasada la medianoche, estuvo reunido en las oficinas de Chacabuco con un grupo de colaboradores, repasando la logística de la votación, y luego se dirigió a su quinta en San Miguel, donde pasó la noche.


Por la mañana, pasó a saludar a sus hijos y luego enfiló hacia la ENET N° 2, sobre avenida Santa Fe; estacionó su auto particular a media cuadra del colegio y se acercó caminando con su sobrino de 9 años, un primo y algunos asesores. Hasta que lo rodeó un enjambre de periodistas.


Por ese tumulto tuvo que esperar más de la cuenta: debía votar en un segundo piso, pero por la falta de espacio, y para no molestar a los demás votantes, le bajaron la urna. Al fin, sufragó a las 9.22 en un cuarto oscuro «muletto».


• Eligió saco negro y camisa celeste para su primer y escueto contacto con la prensa. Remiso, ante cada pregunta Macri pidió que no lo empujen a romper la veda electoral, detalle que estalló en las horas previas como corolario de una campaña marcada por la aspereza.

«Estoy feliz»,
comentó para insatisfacción de los movileros que tenían que adornar el sopor de la mañana radial. «Es un lindo día», dijo meteorólogo y pidió que, sin importar a quien, los porteños concurran a votar. «Es importante», cerró.

• Durante el domingo, salvo una breve siesta, Macri se permitió pocos momentos de distensión. Uno de ellos fue jugar al metegol. Primero, junto a su vocero, Iván Pavlovski; el apoderado de Compromiso para el Cambio, José Torello; y Jorge Macri, su primo, hijo de Antonino, hermano de Franco.


Perdió con un dueto de implacables jóvenes macristas. Unas horas después, insistió con un resultado más grato.


Durante la tarde se sucedieron las visitas al edificio de Chacabuco. Fotos y abrazos con el fiscal Carlos Stornelli, que pasó a saludarlo como «amigo», a quien Macri tentó en su momento para que se suba a su lista.


Lo mismo con Margarita Barrientos, la mujer que coordina el comedor Los Piletones.


A media tarde, se recluyó en su oficina del segundo piso. El jefe de la campaña macrista, Juan Pablo Schiavi, el primo Jorge, sus hijos, su vocero y el candidato a diputado nacional, el duhaldista Jorge Argüello, entre otros, lo escoltaron en ese retiro.

Miró TV y abundó del zap-ping. Paseó por los canales, rotando entre el fútbol -miró el partido entre Independiente y River-y los avances de la cobertura electoral, mientras repasaba los resultados de los boca de urna que llegaban, por fax o por teléfono.

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