Al frente de 60 gremios, los históricos «Luisitos», Barrionuevo lanzará mañana la Mesa Sindical Peronista, desde la que hará trinchera contra el camionero. «Moyano se terminó», arenga frente a sus seguidores para incentivarlos con su llamado a batallar.
Cargará sobre un punto sensible para los gremialistas: la nimia cosecha de cargos legislativos que en octubre tuvo la CGT en octubre pasado. Sólo Octavio Argüello, ladero del camionero, logró infiltrarse en la boleta de diputados nacionales del kirchnerismo.
Blandiendo ese «fracaso» del moyanismo, Barrionuevo promete, a lo Kirchner, salir a recorrer el país para juntar voluntades que, en bloque, colaboren para clausurar el intento de Hugo Moyano de ser reelecto al frente de la CGT en junio del año próximo.
Ese es, claro, el objetivo final: el gastronómico quiere conformar un espacio que aborte la continuidad de Moyano y para eso comenzó, sigilosamente, a dialogar con dirigentes enfrentados con el camionero. Claro: ve a los «gordos» como sus aliados naturales.
El sector que ordenan Armando-Cavalieri (Comercio) y Carlos West Ocampo ( Sanidad) es el que más expresa ha hecho su intención de correr a Moyano de la CGT. Sin embargo, acaso apaciguados desde la Casa Rosada, se han movido con cautela y sin estallidos.
Un dato más: a pesar de los «intereses concurrentes» con el barrionuevismo, entre los «gordos» y el gastronómico hay una vieja rivalidad que tuvo su punto máximo cuando Barrionuevo rehusó «vaciar» la CGT cuando Moyano disolvió el triunvirato y quedó como jefe único de la central.
Los 60
Quizá por eso, mañana Barrionuevo estará sólo con el grupo que hace tiempo lo secunda: Horacio Valdez ( Vidrio), Vicente Mastrocola (Plásticos), Fabián Hermoso (Químicos), Luis Cejas ( Viajantes), Angel García ( Seguridad) y Carlos Acuña ( Estaciones de Servicio), entre otros. El grupo de «Los 60», según el número que difunde el barrionuevismo, tuvo gestos de antimoyanismo en los últimosmeses y llegó, incluso, a firmar un documento que, por un rato, planteó la renuncia del camionero. Al final fue tibio, casi radical (por UCR).
Una porción de ese grupo tiene, en común, la condición de «víctima» ante el avance del gremio de Camioneros sobre otros sindicatos. Ese fue, de hecho, uno de los factores que amplió la alianza del barrionuevismo.
Se llegó, incluso, a sospechar que existía algún tipo de sintonía secreta entre Barrionuevo y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, como parte de un interés por debilitar a Moyano. Una cumbre entre los «luisitos» y Héctor Capaccioli animó esas presunciones.
Fernández no sólo negó un pacto, sino que le pegó duro al gastronómico. Es más: llegó, incluso, a hablar maravillas de Moyano.
Barrionuevo, en tanto, se guardó estas semanas para volver, en diciembre, a embestir contra el camionero. Afirma, en las sobremesas, que la permanencia de Moyano en la CGT está en tiempo de descuento y dice que la sumatoria de sus rivales lo desplazará.
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