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Si fuera por los dichos del Presidente esa noche, el adversario del gobierno no es Carlos Menem, sino María Servini de Cubría, a quien se descalificó en Olivos por el pronunciamiento en el que se suspendía el congreso «extraordinario» convocado por el duhaldismo. «Tenés que tener cuidado en todo lo que hagas en adelante, hay que ser puntilloso porque si no, pasamos un papelón tras otro», le indicó Duhalde a su ministro.
Nadie llevó a la mesa de los gobernadores la inquietud principal del duhaldismo ultra, expresada el jueves pasado por el filósofo Luis Barrionuevo con precisión técnica: «Lo que tenemos que planificar no es cómo nos vamos, sino cómo nos quedamos». Como todo lo que sucede alrededor de Duhalde, también en estas manipulaciones internas las excusas son siempre altruistas: «Hay que pensar en los compañeros que deben inscribir sus candidaturas y requieren más tiempo, por eso se tiene que postergar la interna», dijo Duhalde, con aire distraído. Después, ante exigencias de más precisión, sobreargumentó: «Además, el que gane la interna es el presidente, y yo me tengo que ir al día siguiente».
Se aceptó el razonamiento y se evaluaron varias fechas. Alguien recordó que Carlos Reutemann, en la reunión de Somisa de la semana anterior, había fijado como criterio no pasar al año próximo con el calendario. Pero Reutemann no estaba y se retiró del juego durante el fin de semana. Por eso Matzkin sugirió el 19 de enero, la fecha que había convenido con Duhalde. También allí se coincidió en que se armara una Junta Electoral con 8 congresales y 6 designados por los candidatos, lo que le da al duhaldismo la posibilidad de tener representantes sin necesidad de inscribir una candidatura propia. El corolario más irritante para el menemismo de esa comida del lunes quedó para los postres: armar una comisión de acción política que, de hecho, pretende reemplazar al Consejo Nacional que presiden Menem y Rubén Marín. También este gol pudo hacer Duhalde esa noche.
Dos de los comensales debieron madrugar al día siguiente (no lo sabía Matzkin, aunque le llamaba la atención la frecuencia con que miraban la hora). Eran Miranda e Insfrán. Por la mañana temprano, ayer, visitaron a Eduardo Bauzá para explicarle los límites que tienen como gobernadores para desprenderse de la estrategia duhaldista. «Vos sabés, Flaco, cómo son las cosas; dependemos de estar bien con el gobierno, no podemos aguantar sin guita. Si tenemos que pelearnos con Duhalde, lo podremos hacer recién en febrero, no ahora. ¿O creés que a Marín o a Juan Carlos, al que yo postulé como vice de Reutemann, no les puede traer problemas toda esta guerra?», se confesó el tucumano Miranda.
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